Regeneración N° 30. 15 marzo 1901

DURANGO ES UNA CAFRERÍA

Tenemos a la vista una hoja que lleva por título "Lo que pasa en Mapimí." En esa hoja vibra la indignación de un ciudadano, el Lic. Juan N. Luna, inicuamente perseguido por dos caciques, Pedro y Francisco Moreno, que desempeñan la Jefatura Municipal de Mapimí. Dgo., respectivamente, uno como propietario y suplente del otro. El Sr. Lic. Luna está preso por orden de esos déspotas.

 Según la hoja a la que nos referimos, estos caciques están en connivencia con la "Compañía Minera de Mapimí y Peñoles,” para obligar a los ciudadanos a prestar sus servicios personales en la gran fundición que la Compañía ha instalado en las goteras de la población.

Hay que decir antes, que la fundición se resiente de falta de operarios, por los males que ocasiona en su salud el humo envenenado que despiden las chimeneas, el cual contiene arsénico.

Como faltan brazos para esta negociación, sus directores en complicidad con la primera autoridad política, operan el odioso sistema de la leva, empleando para ello la fuerza bruta, identificada en la policía de Mapimí.

Esta policía, instrumento ciego de los caciquillos de Mapimí, se difunde por las calles armada de pistola y a cuanto ciudadano encuentra a su paso con tal de que sea pobre e ignorante, circunstancias indispensables para que no pueda protestar ni defender sus derechos, por medio de la fuerza es conducido a la fundición para que se utilicen sus trabajos en ella.

Las remesas, según la hija, se componen, desde diez hasta ochenta y más hombres, con gran escándalo de la sociedad, que tiene que presenciar el disolvente e inmoral espectáculo de los derechos del hombre ultrajados por la autoridad, que hace mofa de las garantías individuales, burla de la dignidad humana, arrebatando la libertad a los ciudadanos, sólo porque en mala hora y con deplorable tino se impuso tan corrupta autoridad al partido de Mapimí, para mengua de nuestro mentido progreso y vergüenza de la civilización.

Pero hay más; los tiranuelos de Mapimí, envían a trabajar a la fundición de los presos que pugnan condenas correccionales, cuando, además de ser ilegal la disposición, porque está prohibido terminantemente que las empresas particulares lucren con el trabajo de los presos, ese trabajo podría aprovecharse en la pavimentación de las calles y en tantas otras obras de utilidad pública que a gritos reclama la población.

Aparte de los medios de que se valen los autócratas de Mapimí para enviar trabajadores a la fundición, y para hacerse más odiosos y preñar más de rencores la densa atmósfera que se ha formado, a toda hora libran a sus esbirros órdenes verbales de prisión contra los ciudadanos, se les aprehende arbitrariamente y se les encarcela, consignándolos al juzgado  de Letras a cargo del Sr. Lic. José María Morales. Pero este letrado, no queriendo ser cómplice de las arbitrariedades de los Moreno, devuelve las consignaciones a la jefatura, por improcedentes, o dicta auto de libertad por no haber delito que perseguir.

El terror ha hecho huir de Mapimí infinidad de ciudadanos, que buscan, como es natural, un lugar en que haya autoridades propiamente dichas y no cacicazgos sin conciencia, voluntariosos y déspotas.

Mapimí, por algún tiempo floreciente, es ahora una población triste y miserable, no hay transacciones mercantiles y parece que la ciudad ha muerto. Y todo eso es obra de los Moreno, porque tales individuos han esparciendo el pánico entre las clases jornaleras, al grado de que ya nadie va a hacer sus compras a la ciudad por temor de ser víctimas de la arbitrariedad de esos hombres, que obligan a prestar trabajos forzados en la fundición de la "Compañía Minera de Mapimí y Peñoles.”

Dos años hace que mandatarios tan funestos pesan sobre el desdichado partido del Estado de Durango, y en ese espacio de tiempo, los hombres de verdadero mérito han tenido que emigrar de allí, en virtud de la manifiesta hostilidad que para ellos ha habido de parte de la autoridad política, como pasó con el Dr. Martínez y el Sr. D. Joaquín González, Presidente Municipal, que nunca pudo aceptar las prácticas y convencionalismos absurdos de los Moreno.

También refiere la hoja, que un individuo llamado Dolores Contreras funge como Juez 1º Municipal, y que en sus manos la justicia es más dúctil que una miga de pan.

Uno de los Moreno, mandó llamar a un digno y honrado comerciante, D. Jesús Delgado, para la práctica de una diligencia administrativa. No hubo tal diligencia. El propósito de sátrapa fue humillar al comerciante haciéndolo barrer las calles de la población. La disposición fue arbitraria porque en nada se fundó.

Los graves atentados que señalamos, horripilan. Horripila también que el Gobernador de Durango Lic. Juan Santa María permanezca sordo al clamor que levanta el oprimido pueblo de Mapimí, porque no se nos puede negar que los hechos que apuntamos ya los conocía, como conocía que su Estado es un monasterio en que medra el fraile con burla de nuestras leyes y escándalo de los hombres honrados.

Sobre que no sólo Veracruz sufre bajo prisión de Dehesa, Sinaloa bajo la de Cañedo Sonora bajo la de Izábal, etc. etc., sino que también Durango había de estar al unísono de desbarajustes administrativos que se extienden de Norte a Sur y de Oriente a Poniente de nuestra amada República, condenada a soportar amos, hasta que el pueblo siervo haga ver que es libre, rompa sus cadenas y convierta a la patria esclavizada en Nación próspera y feliz por medio de la libertad.

Ya es hora de que así sea.