Regeneración N° 30. 15 marzo 1901

SÁTIRO ENSOTANADO

En Jizamar, pueblo de San Juan Evangelista, que pertenece al Cantón de Acayucan, Ver., acaba de producirse un terrible escándalo originado por el Presbítero Cristóbal Montejano.
            Sucedió, que este individuo, que tiene la sangre más ardiente que la de un turco en canícula, so pretexto de dar sanos consejos a una hermosa joven que acaba de celebrar matrimonio eclesiástico con un hombre trabajador y honrado, la introdujo a un cuarto del curato en donde la derribó brutalmente, consumando en su persona un acto violento y asqueroso.
            Voló la víctima de la lasciva del fraile a unirse a su marido, tratando de ocultarle la desgracia de que había sido objeto; pero el hombre, tal vez porque comprendió que su joven compañera había entregado sus primicias a otro o bien porque alguien le indicase lo que había sucedido, maltrató a su mujer, por cuyo delito fue llevado ante la autoridad de Jizamar, la que lo remitió a la autoridad correspondiente de San Juan Evangelista.
            Allí declaró la ofendida, que el causante de la desavenencia con su esposo, era el Presbítero Montejano, a quien acuso formalmente. El Juez de 1ª Instancia de Acayucan, ordenó que se remitieran las primeras diligencias, así como el cura violador, pero el Juez 1º de Paz de San Juan Evangelista, retrógrado recalcitrante y amigo de Montejano, embrolló el asunto, tratando de persuadir a la víctima de que, si insistía en su acusación, ella, la víctima, sería la perjudicada.
            Esto es inmoral. La autoridad debe hacer respetar la ley en todo caso, para no dar el disolvente ejemplo de dejar impunes los delitos, sólo por servir a la amistad o al partido, porque debe comprender, que al mismo tiempo que ella se desprestigia, se desprestigia también el partido o facción a que prestan un servicio ilegal y grosero.
            Vea el Gobernador Dehesa cómo anda su administración de Justicia y convénzase, de que ya que se considera débil y complaciente, debe dimitir, para que ocupe su puesto un hombre de energía y de valor en lo que toca a actos oficiales.
            Por otra parte, la hazaña de ese fraile pone a descubierto toda la maldad, toda la perversión que esconde la hipocresía clerical y toda la concupiscencia que alborota y ruge bajo la repugnante sotana del clérigo.