Regeneración 32. 31 marzo 1900

EXASPERANTE OPRESIÓN EN PUEBLA

No solamente en los Distritos del Estado de Puebla, torpemente gobernado por Jefes Políticos voluntariosos y déspotas (casi todos) se siente la asfixia que producen la presión oficial, cuando esa presión traspasa los límites de la arbitrariedad y el abuso, para arrebatar hasta el último guiñapo de libertad a que en los regímenes despóticos pueden aspirar los ciudadanos. En la misma capital de ese Estado se hace sentir el abuso, y la arbitrariedad ha salido de su escondite para escupir cínicamente el rostro de la dignidad humana.

Véase lo siguiente:

Es bien sabido que los mecánicos de los talleres ferrocarrileros de la República tienen formada una liga para hacer efectivo el valor de su trabajo frente al capital extranjero.

Los mecánicos del ferrocarril Interoceánico que forman parte importante de dicha liga, acordaron exigir de la Empresa la nivelación de sus sueldos con los que se pagan por las Empresas del Central y otros ferrocarriles, y así lo hicieron saber al Superintendente en Puebla, a quien fijaron un plazo para que les resolviera, manifestando su decisión de abandonar el taller al término de dicho plazo si no se les resolvía favorablemente.

El Superintendente, creyendo que los mecánicos no llevarían  adelante su propósito, los invitó a que se separasen desde luego, y así lo hicieron los trabajadores dando por resultado que el 19 del corriente le quedara vacío el departamento de Mecánica.

Hay que hacer constar, que todos los obreros se separaron voluntariamente, obedeciendo al espíritu de solidaridad en su agrupación. Pero mohíno el Superintendente por el chasco que se llevó por su poco tacto para atender sus justas exigencias de los trabajadores, se asoció a la autoridad para tratar de obligar a los mecánicos a trabajar por la mezquina y ruin retribución que la avara Superintendencia ha fijado, y en la noche del día 20, el Sr. Don Tomás Regalado, que es uno de los mecánicos más  prominentes, y según sabemos es el vicepresidente de la Sociedad de Mecánicos de Puebla, fue sorprendido en su casa habitación  cuando su familia y él estaban entregados al descanso, por una compañía de individuos de la policía secreta, enviada por no se sabe aún que despótica y arbitraria autoridad de Puebla para aprehenderlo, como lo hicieron con lujo de fuerza, de grosería y de escándalo, intimándolo a rendirse con burdas amenazas y soeces palabras. Indignada la esposa del Sr. Regalado, increpó enérgicamente a los esbirros echándoles en cara toda la cobardía y toda la vileza de que hacían alarde para ultrajar a su esposo. La presencia de ánimo del obrero lo salvó, y previa promesa de su parte de ir al siguiente día a entenderse con la autoridad, se le permitió dormir en su casa.

Sabemos, que con frecuencia cualquier tiranuelo de taller o de fábrica apela a este recurso de amedrentar con la complicidad de una autoridad complaciente y despótica, a los obreros que asumen la actitud digna de los hombres que conocen sus derechos, y saben que los patricios de 1857 ampararon al hombre contra la tiranía del dinero y del Poder, con el art. 5º de la Constitución.

A Don Marcos Silva, por el mismo motivo que al Sr. Regalado, se le vejó en su domicilio la misma noche.

Estos hechos, por sí solos, bastan para poner en caricatura a la administración pública de Puebla. Por ellos se ve que los ciudadanos no tienen garantías en ese Estado, que camina derecho a la ruina por la ineptitud del gobernante que en mala hora se le impuso. No basta que el pueblo sufra con la mezquindad de los jornales, no basta que el pueblo sude y que se agote labrando los campos, trabajando en las minas o en los talleres de extranjeros sin conciencia a cambio de una miserable retribución, sino que se necesita, además, que la autoridad subraye brutalmente tan inicua explotación de las energías individuales, con medidas arbitrarias que son un ultraje a la dignidad humana y una afrenta para la civilización.