Regeneración, N° 35. 23 abril 1901

LOS ESBIRROS DE MARTÍN GONZÁLEZ

El Jefe Político de Cuicatlán, Oax., es malo entre los malos. Persigue a todo el que no le sonríe.

 Ni con mucho se parece al Sr. D. Javier Córdoba, que fue el Jefe Político por el año de 1888, pues que éste fue un funcionario trabajador y progresista, aunque el nuevo Jefe de quien hablamos, José Altamirano, reniegue de la memoria de aquel ciudadano pobre, sobre todo cuando se acuerda del campo «La Sabana,» cuyo solo nombre lo pone malhumorado y violento.

Si algún Jefe Político es arbitrario, Altamirano puede superarle. Alguna vez citó a los miembros del Ayuntamiento para tratar de la apertura de una zanja para evitar que se inundasen sus terrenos. Uno de los concejales se opuso a que se llevara a cabo la obra que pretendía el Jefe, alegando con justicia que no se trataba de una obra de utilidad pública sino particular de Altamirano, y además, porque el mismo Concejal, Sr. Hilario Escalante, se perjudicaba con la referida obra en virtud de tener que practicarse en su terreno. La dignidad del Sr. Escalante molestó al sultanillo, quien en unión del servil Presidente Municipal, Andrés Rubiños, convinieron en acusar al justamente renuente por irrespetuoso e injurias a la primera autoridad.

 El Sr. Escalante sufrió dos meses de prisión, hasta que el Juez falló declarando inocente al dicho señor, víctima de las asechanzas de Altamirano y el servil Rubiños.

Entre el Jefe y su hijo Gregorio, que es secretario de la jefatura, Tesorero Municipal y funge a la vez de abogado, aunque su ilustración esté a la altura de la del Gobernador Martín González, hace muy buenos negocios, tantos que ya escandalizan a los habitantes de Cuicatlán. La capitación la aumentó a su antojo, y pasa, por ejemplo el pueblo de Dominguillo que tiene que pagar determinada cantidad conforme al último censo, y sin embargo, el Jefe cobra mensualmente nueve pesos y centavos de más.

Él y el cura esquilman al pueblo y viven en constantes relaciones para infringir las Leyes de Reforma.

Con los ladrones muestra una punible complacencia. Se le avisó que un mozo había sido víctima de un robo, despojándolo los ladrones de trescientos pesos; el Jefe se mostró enfadado y después, como concediendo un gran favor, se dignó a dar aviso al Juez, que tampoco hizo nada de provecho, pues no se persiguió a los ladrones y el dinero se perdió.

Pero si es apático para cumplir con sus obligaciones, se vuelve activo cuando trata de ejercitar una venganza. Hace como un mes llegó del pueblo de Chapulapa el Sr. Lauro Mendoza; se encontró a manos un ejemplar de un periódico en que se trataba del Jefe Político de conservador e inepto, y cuando regresó a su pueblo refirió lo que decía el periódico. Enterado de ello el Jefe, que para perseguir ladrones es tan perezoso, ordenó la aprehensión del Sr. Mendoza, tal fue la actividad que desplegó, que casi inmediatamente le presentaron al reo, a quien contra todo derecho, violando la Constitución y valiéndose de su puesto para cometer la infamia, lo tuvo preso once días, y para agravar la situación del Sr. Mendoza le impuso una multa de $12.50 cvs. haciendo de Juez y parte el despótico funcionario.

Pero así como se muestra tiránico y brutal con el débil, agota su servilismo para con el poderoso, el 11 del corriente dio un banquete en Tomellín al inepto Martín González. El Jefe nada puso para el banquete, sino que obligó a los empleados y a los Munícipes a que contribuyeran para dar la comida al Gobernador.

Con tal hecho se ha granjeado la buena voluntad de Martín González, que está dispuesto a dejar al Estado de Oaxaca en manos de insufribles caciques