Regeneración, N° 36. 30 abril 1901

LA SOTANA SOBRE LOS PRINCIPIOS

En Morelia, capital del Estado de Michoacán de Ocampo, no se respetan las leyes, y por lo tanto, es lícito infringirlas.

El pasado viernes de Dolores se puso la primera piedra de una capilla que se va a edificar en el Hospital Civil de aquella ciudad. El Arzobispo Atenógenes Silva, fue el encargado de poner esa piedra. Así lo hizo, vistiendo sus ornamentos con gran escándalo de los ciudadanos honrados.

Al Arzobispo lo recibieron el Director de la Escuela Médica, Dr. Aureliano Pérez, el Oficial Mayor de la Secretaría de Gobierno y otras varias personas, que han protestado guardar y hacer guardar nuestras leyes, pero que no tuvieron escrúpulos en quebrantar la protesta.

La ceremonia religiosa de que hablamos, fue pública y pomposa, constituyendo un reto injurioso a nuestros principios liberales.

Aparte de las graves infracciones cometidas con motivo de esa ceremonia religiosa, creemos nosotros que no se debe permitir, que en un establecimiento público se erija una capilla, porque ese hecho quiere decir que el Gobierno tiene una religión, cuando nuestras leyes liberales han prescrito la independencia de la Iglesia y el
Estado. Esto es muy grave y de fatales consecuencias.

Como si no bastara lo anteriormente relatado para justificar nuestra tesis de que en Morelia es lícito infringir las leyes, sepan nuestros lectores que el jueves y viernes de la semana Mayor se infringieron con descaro. El viernes santo, se izó a media hasta el pabellón nacional en la Catedral, en señal de duelo por la muerte de Jesús.

Nosotros, en nuestra calidad de librepensadores, no hacemos burla de ninguna religión y respetamos sinceramente todas las creencias, como queremos que se respete nuestro libre modo de pensar. De modo, que no criticamos el hecho de que los creyentes católicos de buena fe sientan pena por los lutos de la Iglesia, sino el modo de manifestar esa pena, burlando las leyes que todos los habitantes de la República tienen la obligación de acatar.

En dichos días, jueves y viernes de la semana Mayor, el Arzobispo Silva hizo un alarde de desprecio a las leyes, y con inaudito cinismo se paseó por las calles de la ciudad vistiendo sotana morada, insignia de su jerarquía eclesiástica, sin que la autoridad le impusiese el castigo al que se hizo acreedor por su actitud insolente y su punible desacato.

Ya es tiempo de que se repriman esos alardes des vergüenza, que desacreditan a nuestras instituciones a ciencia y paciencia de los gobernantes conciliadores, y a pesar de las leyes que siguen siendo las mismas, como cínicamente dijo en París el Obispo Montes de Oca.