Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

LA MAGISTRATURA CLERICAL

Cuando criticamos1 la elección de Magistrados que hizo el Gobernador Escontría, no faltó quien dijera que hablábamos por el solo deseo de hablar. Ahora vamos a demostrar, que no nos guió pasión alguna al reprochar al clerical gobernante su imprudente elección.

Tenemos en cartera varios datos que no los daremos a conocer de una vez por no fatigar a nuestros lectores, sino que los iremos dando a conocer en distintos números.

Recordarán nuestros lectores el sensacional asunto Aguirre-Amézcua, y por tal motivo no entramos en detalles, sólo diremos que, el Magistrado Arnulfo Pedroza hace cinco meses que conoce de la causa que se sigue contra D. Ramón Garibay. Durante todo ese tiempo ha asistido a las audiencias firmando autos, y, en suma, ha fungido de Ministro.

Hace dos meses que se le pasó el proceso en instrucción, para que lo estudiara escrupulosamente y formulase el fallo.

Antes diremos, que el Magistrado Pedroza está legalmente impedido para conocer de ese negocio. No obstante esta circunstancia el Magistrado no tuvo embarazo en conocer de él, y sólo últimamente ha caído en la cuenta de que no era decoroso seguir fungiendo de Ministro en el asunto, y se ha excusado.

Esto es reprochable, y sobre todo, da origen a una infinidad de interpretaciones más o menos desfavorables a la integridad del inepto funcionario, porque hace suponer que su deseo fue el de entorpecer con dilaciones la marcha del asunto, usando el trillado y vulgar procedimiento que ha dado triste fama a varios de nuestros inútiles jueces menores, si es que no a todos ellos.

El acusado, entretanto, ha sufrido todas las torturas de la incertidumbre, y tal vez hasta una prolongación indebida de su condena, porque con el fallo que él espera y que debió pronunciarse en término de ocho días, quizá ya hubiera sido puesto en libertad, en lugar de tener que esperar a que el Magistrado que sustituyó al Lic.

Pedroza, se tarde tanto o más que éste para pronunciar el fallo, o que, como el mismo Pedroza, después de dilatar la resolución, se excuse de conocer en el negocio.

No nos imaginamos por qué el Magistrado Pedroza, de quien se dice que tiene limpios y honrosos antecedentes, ha alegado tan fuera de tiempo y tan inoportunamente un impedimento que él conocía perfectamente de antemano, y que tiene su origen en hechos, que aunque es cierto que ocurrieron hace varios años, fueron de tal naturaleza que no es posible que se hubieran borrado de su memoria.

El Magistrado Pedroza debió haberse excusado desde un principio y no haber preferido prolongar la incertidumbre y las angustias de un hombre que espera el resultado de un proceso, y que, inocente o culpable, es de todos modos digno de compasión y misericordia. ¿Por qué llevó su ligereza hasta aceptar en instrucción un proceso cuyo conocimiento le estaba vedado? No se sabe si encontraría a última hora algún otro impedimento serio para fallar en determinado sentido.

La conducta oficial de este funcionario, sirve para irse formando una idea de que hemos dicho la verdad, cuando afirmamos que la justicia ha huido de San Luis Potosí como de un lugar apestado.

En San Luis Potosí, la suerte de los procesados depende de los individuos, todos, o los más, ineptos, que integran la judicatura, en lugar de depender de la ley.

También la administración potosina se desmorona de puro corrompida.

1 Véase supra,art. núm. 383.