Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

EL CULTO EXTERNO EN MONTERREY

En Monterrey, a la sombra del complaciente Gobierno, hechura del Ministro Reyes, se permite que se pisoteen las instituciones y que se haga burla a los principios liberales.

El 24 del mes pasado, una turba de beatos y de beatas llevaron a esa ciudad un santo que los naturales del pueblo de Guadalupe, N. L., llaman Señor del Pueblo. Las gentes sencillas, creen que dicho santo es muy dado a los milagros y que le bastan unas cuantas rogaciones para que las lluvias fecundicen los campos.

Los sacerdotes explotadores han tenido el buen cuidado de procurar que tan risible superchería, arraigue en las obscuras conciencias de los ignorantes, para exigir de ellos limosnas y otros muchos donativos que dejan pobre al pueblo y repletan los arcones de los frailes codiciosos.

Con el santo, se infringió la ley por permitir que el séquito de fanáticos fuera custodiándolo con ostentación de su fanatismo. Por en medio de las calles de Monterrey, escandalizando con su aparatosa devoción a las personas honradas.

Ningún castigo, que se sepa, se impuso a los transgresores de la ley, porque en Nuevo León se persigue a los ciudadanos liberales y hasta se les acusa de perturbadores del orden, pero se consienten manifestaciones de culto externo por más que hagan sonrojar a la justicia.