Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

Los Papeles Vergonzantes

Bilioso se muestra El Imparcial contra nuestro periódico, porque hemos dado a conocer muchas verdades, amargas como todas las verdades que ponen a descubierto los malos manejos de los funcionarios públicos.

Este papel, El País, El Tiempo, El Popular y algunos otros más de esta capital, entre los que se encuentran uno a quien sostenía el ex-Ministro Baranda, y que no queremos mencionar porque asfixia su peste,1 todos estos papeles vergonzantes y embaucadores nos atacan furiosamente, por la sencilla razón de que no somos serviles como ellos.

Todos nos hacen víctimas de sus injurias dirigidas a nuestras personas, porque saben perfectamente que no los hemos de llevar ante los tribunales, en virtud de que sabemos que en México no hay justicia, y fiados en su impunidad, hacen alarde de felonía y de impudencia.

Pero ninguno de esos repugnantes papeles se ha atrevido atacar nuestras afirmaciones; ninguno de ellos nos ha desmentido cuando hemos dicho que el Gobierno del General Díaz es una Dictadura militar de las más absorbentes; nadie nos ha desmentido cuando hemos dicho, que el General Díaz dispone Gobernadores en los Estados; que él mismo se reelige; que a su arbitrio nombra diputados, senadores, jueces, magistrados y municipios; que él hace todo en este remedo de República, y que todos los que los rodean son individuos sin carácter, sin iniciativa, sin voluntad, etc.

Nada de esto ha sido desmentido por esa hojas, y su silencio es la mejor prueba de que hemos dicho la verdad.

Por otra parte, se necesita talento para negar la verdad, y el talento hace falta en esos papeles que son el sonrojo de la Nación.

Que nos digan esos sucios papeles, en qué lugar de la República se acatan los principios liberales; que nos digan, también, si nuestras instituciones legitiman la autocracia que pesa sobre la República.

Mientras esos papeles no demuestren que estamos regidos por instituciones republicanas y democráticas, no cesaremos de creer que vivimos bajo el peso de la más absoluta de las monarquías.

El Imparcial, ha dicho infinidad de veces, con ese suficientismo propio de los cretinos, que en la República no existen partidos políticos. Sin embargo, para no desacreditar su fama de cretino, dice en uno de sus números que el gran Partido Liberal reconoce como jefe genuino al presidente Díaz…..

Este rasgo, si no es de candor, sí es de cinismo. Ningún liberal puede considerar al Presidente Díaz como jefe genuino del partido; ninguno considerará como liberal al funcionario que no ha tenido empacho en poner en los puestos públicos a los conservadores y a una infinidad de traidores, al funcionario que ha acallado las protestas de los ciudadanos dignos, con la cárcel, y que a muchos mercachifles de la política, que le hacían oposición, les ha dado empleos y les ha impuesto el silencio a fuerza de canongías, ganadas por esos mercachifles a trueque de indignidades y de bajezas.

El Partido Liberal no puede considerar como jefe al Presidente Díaz, porque no puede ser liberal el que mata la libertad; no pude ser liberal el que mata la democracia.

Nosotros no podemos considerar como liberal a la Dictadura, esa aberración sólo se le ocurre a uno que otro desequilibrado, que ha leído a Spencer, y como sucede a los individuos de estómago débil que se enferman cuando toman un alimento fuerte, a esos desequilibrados les acontece otro tanto cuando a sus débiles cerebros dan un trabajo superior a sus fuerzas: no pueden digerir a Spencer.

El Imparcial no ha destruido uno solo de los razonamientos que hemos aducido para llamarlo papel vergonzante, sino que con el descaro que le es característico, dice tres o cuatro necedades que dejan satisfecha su nulidad intelectual, y unas cuantas injurias que son de muy mal tono en un periódico que se dice pulcro, y sobre todo, en un periódico que el Gobierno protege para que lo acabe de desprestigiar.

Tampoco nos ha dado su opinión esa hoja, acerca de lo extravagante que a Juárez le haya parecido el plan de la Noria y a Lerdo el de Tuxtepec. Esperamos oír sus denuestos.

Esperamos que la Dictadura se muestre cuerda alguna vez y reprenda a sus siervos, porque como ya lo hemos dicho, no está bien que los que tienen el placer de ser esclavos, se atrevan a hablar en nombre de la libertad.

Hay que atar corto a los serviles.

1 Véase, supra, n. 359.