Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

LAMPAZOS ES UN PANTEÓN

Con motivo de las persecuciones de que han sido víctimas los ciudadanos honrados de Lampazos, N. L., la ciudad tiene el aspecto de un cementerio.

Nadie quiere salir de casa por temor a un atropello, y se nota en la ciudad esa tristeza propia de las poblaciones sobre las que pesa y hace estragos una enfermedad contagiosa.

Como en los cementerios, en donde el silencio sepulcral sólo es turbado por los graznidos de las lechuzas, en Lampazos sólo se oyen las recias pisadas de los reclutas, el ingrato chasquido de los marrazos, los sables y las bayonetas, y las agrias ordenes del capitán Aurelio Díaz que marcha y triunfante por las desiertas callejas de la contristada población.

Los ciudadanos se han puesto a salvo huyendo de la conquistada ciudad, a fin de evitar que se les ultraje.

Los bizarros militares, saben perfectamente que todos los hombres han salido de Lampazos, y que sólo las señoras, los ancianos y los niños han quedado ………

Esto no obstante, todas las noches se ven vagar las marciales sombras de los reclutas perturbando la calma de aquella muerta ciudad, con gran escándalo de los canes callejeros y los noctámbulos gatos.

Creemos que esos soldados hacen más falta en las serranías de Guerrero, y aconsejamos que allá se les lleve, para que al filo de los machetes surianos libren de la herrumbre sus ociosas armas.

Siquiera se conquistaran una muerte gloriosa