Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

¡LA DEMOCRACIA HA MUERTO!

La presión oficial ha llegado al colmo en el Estado de Guerrero. A pesar de las vergonzantes afirmaciones de El Imparcial, que dice que en la República se acatan las leyes, y a pesar, también, de los serviles asertos de El Popular, que sin pudor y sin honradez se atreve a llamar paternal a la Dictadura, en Guerrero, como se temían los dignos surianos, se ha ejercido la más escandalosa, la más inmoral y la más ignominiosa de las presiones sobre el pueblo, para que no eligiera Gobernador del Estado al patriota ciudadano Sr. Lic. D. Rafael del Castillo Calderón.

De antemano, el elemento oficial anduvo propalando que el Sr. Lic. Castillo Calderón estaba fuera de la ley, en virtud de haberse levantado en armas, y esa noticia la llevaron a las ciudades, haciendas, caseríos, aldehuelas, y poblachos, los agentes especiales de dicho elemento, para que el pueblo suriano desconfiara de un hombre que sólo ha procurado su felicidad y su provecho.

Bien enterados, sabemos que el Sr. Lic. Rafael del Castillo Calderón, no ha tomado las armas ni se ha levantado desconociendo la Dictadura, sino que todos esos embustes han sido fraguados maquiavélicamente, más bien dicho, cínicamente por el elemento oficial, para desprestigiar a un ciudadano honrado, popular y patriota, para que de ese modo el pueblo desconfiara de él.

También sabemos que, para dar mayores visos de verdad al embuste oficial, se hizo  salir violentamente de Chilpancingo al Sr. Castillo Calderón y hasta se pagó, no se sabe por quién, a algunos rufianes para que dispararan balazos y lanzaran piedras sobre el domicilio del candidato del pueblo.

Después de tan grotescos procedimientos, se ordenó a todos los Jefes Políticos, Presidentes Municipales y a algunas autoridades depravadas, que forzaran al pueblo para que Agustín Mora saliera electo Gobernador.

Llegó el 21 del pasado Abril, fecha señalada para las elecciones, y el elemento oficial, con más ardor que antes, pero también más arbitraria, más despótica y brutalmente comenzó su labor de alterar las elecciones. Entonces, con el mayor descaro se previno a los ciudadanos que si votaban a favor del Lic. Rafael del Castillo
Calderón, serían reducidos a prisión, y amén de otros varios atropellos y de otras inicuas vejaciones,, se les condenaría en definitiva como perturbadores del orden público.

Hubo ciudadanos dignísimos y de indiscutible valor que sostuvieron la candidatura del pueblo, y no faltaron las autoridades criminales que los redujeran a prisión con lujo de crueldad y con alarde de bestial poder.

Concretando, diremos que en Acapulco funge de prefecto un tal Manuel García, funcionario servil que levantó Mercenario para que lo sostuviera y ahora sostiene a
Agustín Mora. Este García amedrentó al pueblo para que no eligiera al Sr. castillo Calderón, sino a Mora.

Entre García y el Comandante Militar trabajaron desesperadamente porque saliera electo Mora. Al efecto, sabedores de que los Sres. Teniente Coronel D. Matías
Flores Y Mayor Dr. D. Rafael Domínguez y Pastor, son personas de prestigio entre el pueblo, , y además, el Sr. Flores es muy popular en Acapulco y el Distrito de
Galeana, no titubearon en detener a dichos caballeros en el castillo de San Diego, porque no hay mayor delito para los déspotas que la popularidad de los ciudadanos honrados.

El Comandante Militar, que lo es un tal Alejandro Cerisola, armó a los bogas para que lo protegieran, y a su antojo dispuso arbitrariamente que la policía Municipal también lo cuidase.

Sin embargo de la  presión oficial, así en Acapulco como en los demás Distritos del Estado de Guerrero, fueron a favor del Sr. Lic. D. Rafael del Castillo Calderón, pero las boletas del pueblo fueron hechas pedazos por los esbirros del poder.

Al Sr. profesor Antonio Martínez, lo encarcelaron en Acapulco, porque este señor, con raro y plausible valor civil, emitió su voto a favor del candidato del pueblo y se declaró su partidario.

En Teloloapam, también se ejerció presión sobre el pueblo, y al efecto, se reconcentraron en la población una fuerza de caballería y los rurales, que gustan más de andar en las poblaciones, que de cuidar los caminos para impedir los asaltos, los robos y asesinatos.

A un empleado del juzgado Menor de esta población, lo aprehendieron porque también tuvo el suficiente valor de declararse partidario del Lic. Castillo. A este empleado, se le quería enviar de soldado.

No entendemos por qué se persigue a las personas que se dicen partidarias del Lic. Castillo Calderón, cuando perfectamente se sabe que dicho señor no ha tomado las armas contra la Dictadura.

A varios ciudadanos de las rancherías próximas se les trató como a esclavos.

Esto que apuntamos de dos puntos solamente de Guerrero, se repitió con detalles más o menos escandalosos en todo el Estado, por lo que se ve, que en la República no hay garantías; que se veja a los ciudadanos; que se lastiman los derechos más caros del pueblo, y que, en resumen, se confirma la tesis que venimos sosteniendo con nuestro periódico: nuestra infortunada patria soporta la más abrumadora de las opresiones.

Ya no se toma el cuidado de guardar las formas democráticas; ya no preocupa que los desmanes se encubran siquiera con sofismas, sino que descaradamente y del modo más grosero se conculcan los principios y se atropellan los derechos.

¿Qué se pretende con tanta iniquidad? ¿Qué fin se persigue con tan monstruosos atentados?

Esas iniquidades, esos atropellos, esos atentados, ¿son indispensables para el progreso y bienestar del país? No, esos desmanes sólo sirven para la satisfacción de  fines personales; esos desmanes sólo sirven para la consolidación de la Dictadura.

¡La Democracia ha muerto!