Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

JUSTA SOLICITUD

Sabemos que un numeroso grupo de alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria, tienen proyectado elevar a la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública, un ocurso pidiendo que se revoque la disposición que les impide sustentar examen cuando tienen determinado número de faltas de asistencia. La solicitud se fundará en lo inconveniente de esa disposición.

Tienen razón los alumnos mencionados. Muchos y muy variados motivos, que sería largo enumerar, pueden oponerse a que alumnos concurra a la hora de clase.
Cualquier impedimento de esos que surgen fortuitamente, y que, por su insignificancia o probanza difícil no son tomados en consideración para evitar que el maestro
señale una falta de asistencia, pueden originar la pérdida del derecho a ser examinados, lo que implica la pérdida de un semestre, y por ende, la distracción de un lapso de tiempo que pudiera aprovecharse en lo futuro en la lucha diaria de la actividad social. Esta injusticia se acentúa más, si se tiene en cuenta que en algunas asignaturas del reglamento de estudios, basta que alumno falte cuatro veces en el semestre para que se pierda el derecho al examen. Y debe tenerse en consideración que la mayor parte de esas asignaturas son inútiles, y algunas de ellas totalmente ridículas.

Por otra parte, era natural que aquella disposición subsistiese durante la época del pasado Ministro, época en que se improvisó como director de la Escuela
Preparatoria al Coronel Castañeda y Nájera, hombre sin antecedentes científicos y sin aptitudes para el magisterio; pero en la actualidad, parece que la situación ha cambiado, pues no creemos que el nuevo Ministro de Instrucción Pública permita que continúe desempeñando la Dirección de la Escuela esa personalidad funesta, ni creemos que continúen subsistiendo reglamentos de galeotes, ni disposiciones absurdas.

Parece, pues, que prosperará la solicitud de los alumnos referidos. Para ello, a más de las consideraciones anteriores, debe tomarse en cuenta que muchos alumnos tienen ocupaciones que atender, para que sus necesidades diarias se satisfagan, que no tienen más elementos de subsistencia que su trabajo, por lo que muchas veces se verán impedidos a concurrir a clases, pudiendo, sin embargo, presentar lucidos exámenes. Y más todavía: muchos de esos alumnos obtendrán un provecho más efectivo, que aquellos que concurran a escuchar las fútiles y tontas enseñanzas de tantos profesores ineptos, que se han improvisado para esa Escuela.

Esperamos que el Sr. Ministro de Justicia patrocinará la razonable solicitud de los alumnos.