Regeneración, N° 37. 7 mayo 1901

MÁS SOBRE BIZARRÍA MILITAR

Dícese que el militar debe ser, entre otras muchas cosas, pundonoroso, recto, justo, valeroso, cumplido, etc., etc., etc.

Además debe ser caballeroso  y respetuoso para con las damas. Uno de estos caballerosos, pundonorosos, etc., olvidó aquello de “mi dios, mi dama y mi rey,” según se verá por lo que en seguida decimos.

Hastiado de la ociosa e inútil vida de cuartel, en donde se agotan miserablemente las energías y se embota la voluntad, ya que no el intelecto, porque pocos soldados lo tienen, un subteniente de Artillería decidió demostrar su bizarría, y en lugar de marchar rumbo a Sonora a pelear contra los yaquis o rumbo a Yucatán a batir a los mayas rebeldes, o bien rumbo a Guerrero a medir sus armas con las de los surianos, marchó a la casa de su esposa, y desenvainando la espada, golpeó con ella a la pobre señora hasta que el escándalo armado por el bizarro militar llamó la atención de los vecinos y de la policía, que tuvo a bien conducir al revoltoso ante la autoridad, a pesar del continente enérgico y bélico ademán del hijo de Marte.

Por lo asentado, se viene en conocimiento que ese oficial no desdeña medir sus fuerzas con las de una mujer, y hace uso de su espada, esa virgen espada de los militares de banqueta, que sirve para cintarear faldas femeninas en lugar de brillar en los campos de batalla defendiendo a la Patria.

Degeneramos; ya el soldado no es el sostén de las instituciones (nunca ha sido tal en nuestro país), ni es la esperanza de la Patria (¡pobre Patria si en él cifrara sus esperanzas!) ni da prestigio y lustre a la Nación, sino que se ha convertido, más bien dicho, siempre ha sido una carga pesada e inútil, que absorbe las rentas públicas en perjuicio de la instrucción pública, y que, además, para sostenerlo, se aumentan los impuestos, se implantan gabelas y se extorsiona al contribuyente con detrimento de la agricultura que muere de inanición.