Regeneración, N° 38. 16 mayo 1901

Club Liberal "Ponciano Arriaga", Centro Director de la Confederación de Clubes Liberales

"En el número 26 del periódico anticlerical El Gorro Frigio se inserta un párrafo llamando la atención sobre lo que en él se dice y en que se asegura dogmáticamente que este centro director ha falseado el fin principal que tuvieron los clubes liberales establecidos en la República. Se añade además que el Club Ponciano Arriaga, al expedir su célebre manifiesto, no ha contado con la aprobación de los demás clubes del país.

Lo anterior amerita una declaración, pues ese periódico puede sorprender la buena fe de los liberales mexicanos o puede, él mismo, haber sido engañando por algún liberal conciliador o por algún malqueriente nuestro.

El Gorro Frigio, al asentar tamaños desatinos, o lo hizo a las volandas, o fue sorprendido como un niño, lo que de todas maneras deploramos, pues en estos tiempos en que la prensa semioficial, inmunda en todas sus manifestaciones; la clerical, dispuesta siempre a hacer el papel de corchete del arzobispado, y la otra prensa, la chantajista, la que ha convertido el periodismo nacional en una madriguera de bandidos, la que esgrime la difamación y la calumnia cotidianamente; en estos momentos en que todos esos periódicos nauseabundos y fétidos azuzan al poder en contra de los liberales de Lampazos perseguidos brutal y tiránicamente, y en contra de todos los clubes liberales, que no han cometido más delito que trabajar en pro de unas instituciones que juzgamos en vigor, es indigno, decimos, actualmente un periódico que se precia de liberal arroje al público versiones, no sólo estúpidas, sino falsas como a continuación lo probamos:

Las resoluciones tomadas por el primer Congreso Liberal contienen, en el número 7, la siguiente: Las conclusiones adoptadas para los temas del primer Congreso Liberal tendrán fuerza de ley, etc., etc. Por lo mismo, cuando este Centro Director, siguiendo al pie de la letra dichas resoluciones, ha tomado determinados acuerdos, ningún club podrá tachar éstos de contrarios a las tendencias que la confederación liberal propone. Vamos a ver ahora si el manifiesto, que tanto ha asustado a El Gorro Frigio, está o no conforme con dichas conclusiones.

La resolución 2, a la letra dice: Igualmente declara (el Congreso Liberal) que carece de tendencias políticas de carácter local o personal y que sus miras principales son:

I. El respeto y exacta observancia de las leyes.
III. El restablecimiento de la honradez política los funcionarios públicos.
IV. La abolición de toda tendencia personalista de los gobiernos que pueda juzgarse preferente a la Constitución de 1857 y Leyes de Reforma.

La resolución 38 dice: Todos los clubes constituidos en el país y los que en lo sucesivo se formen, deben vigilar los actos de los funcionarios públicos, como mera y principal obligación, y ejercitar con civismo la acción popular, acusando a los transgresores de la ley, sean de la categoría que fueren…

La número 39 está concebida en los siguientes términos: Los clubes alentarán el valor civil e inculcarán los principios cívicos en el pueblo, por medio de la tribuna, de las sesiones públicas y, muy especialmente, por medio de la prensa, etc., etc.

La resolución cuadragésima se expresa así: Los órganos que en la prensa tengan dichos clubes deben iniciar una vigorosa campaña contra la arbitrariedad y el despotismo, publicando, ya de las corporaciones de que son el portavoz, ya de las demás corporaciones liberales de la República, las denuncias fundadas contra los funcionarios culpables.

La 44, que por cierto es muy importante, dice a la letra: Los miembros de los clubes y los liberales de la República concurrirán a los comicios electorales, insinuando a los demás ciudadanos, para que los secunden, la imperiosa necesidad de ejercitar ese derecho.

Como se ve, por lo arriba expuesto, hemos obrado dentro del limite que a nuestra tarea de liberales honrados se señaló en el Congreso Liberal, reunión en la que, con seso y serenidad, se abordaron los problemas de la malhadada política de conciliación, resueltos en su mayoría por unanimidad de los representantes de las agrupaciones liberales hasta entonces fundadas en la República.

Ahora bien, el manifiesto que este Centro Directivo lanzó a la nación contenía la reseña de los trabajos concluidos por el Congreso Liberal y la línea de conducta que los clubes deberían seguir para librar al país de la ominosa tiranía que lo subyuga. En él aconsejamos a los liberales que se aprestaran a la elección presidencial, para que fuera elevado a la Presidencia de la República un patriota.

Tal cosa era nuestro deber, pues además de que en aquellos momentos la vida del general Díaz estaba en peligro, nosotros comprendemos, como todo el mundo lo comprende, que la causa de todos los males que nos afligen es la continuidad en el poder de la actual administración, que ha hecho de los puestos de gobierno una cosa de la única y exclusiva propiedad del que, en épocas no lejanas, pero por desgracia ya pasadas, fue el victorioso soldado de la República, el paladín de la democracia y de la no reelección.

Poco nos importaría la opinión de El Gorro Frigio sobre nuestro proceder, si ello no acarreara cierta desmoralización entre los timoratos y los pusilánimes. A estos, pues, nos dirigimos, y si, infelizmente, algún club participa de tales ideas, es decir, está descontento de los trabajos del Club Ponciano Arriaga, que nos lo diga, y si la mayoría de las agrupaciones nos censura, desde luego cederemos nuestro puesto a alguno de los tres centros directivos suplentes para que nos venzan en acierto, ya que no en patriotismo, pues ese amor sacrosanto de la patria es y ha sido el móvil de todos nuestros actos.

Nosotros, que venimos luchando por la libre censura del pueblo sobre las autoridades, por la alternabilidad en el poder, o su renuncia si para tales puestos no se tienen dotes, no podemos aferrarnos, como lo hacen los actuales mandatarios del pueblo, a un empleo que no sabríamos desempeñar con inteligencia y cordura. Creemos sinceramente que todos los clubes están conformes con nuestro modo de obrar; pero si así no es, que den muestras de valor civil y nos lo comuniquen con valentía y lealtad.

Bien se ve que en lo que dice El Gorro Frigio hay el despecho de algún sans-culotte agarrado a la nómina, que cree dar prueba de ridículo liberalismo atacando al cura idiota de algún poblacho o al chantre lascivo de alguna catedral. Nosotros nos hemos impuesto una tarea bien distinta. Traemos el fin político de combatir al clero, como facción política, y por ende, de poner en claro la conciliación del gobierno del general Díaz, esa conciliación turbia y bochornosa; tenemos la imprescindible obligación de infiltrar el valor civil en las masas y denunciar todos los abusos que cometan los empleados públicos, sean quienes fueren, y de acusar a aquellos que violen la Constitución y las Leyes de Reforma.

Por la prensa debemos ilustrar al pueblo para que no crea en ridículas paradojas, en imbecilidades infames, para que no se deje explotar por esa industria repugnante que se hace en la tierra de las gracias y privilegios de la otra vida.

Esa es nuestra labor; tal es nuestra tarea: desfanatizar al pueblo, hacerlo grande y dueño de sus libertades como lo es de su conciencia.

No queremos que el clero, ya bastante desacreditado en este siglo, que el clero que se arruina, se agarre a la protectora mano de un gobierno complaciente, ni que ambos se asocien para aherrojar el libre pensamiento y los derechos del hombre. Ya el clericalismo no es el monstruo que vio Gambetta ya está caduco y derrotado por los esplendores de la ciencia; ¡pero que no lo salve en su despeñadero el potente dique del despotismo que nos gobierna!

Reforma, Unión y Libertad. San Luis Potosí, a 9 de mayo de 1901.—Camilo Arriaga. José M. Facha, primer secretario.
A los Sres. Lic. Jesús Flores Magón y Ricardo Flores Magón, directores de Regeneración.—México, D. F."

Con gusto publicamos la anterior comunicación que se ha servido dirigirnos el sensato, enérgico y valiente Club Liberal Ponciano Arriaga, de San Luis Potosí Centro Director de la Confederación de Clubes Liberales

Los actos de dicho club no necesitan defensa alguna porque se justifican por sí mismos. No obstante, como el párrafo que publicó nuestro colega El Gorro Frigio encierra una afirmación que constituye un ataque, solapado, es cierto, pero no por eso menos
peligroso para la solidaridad y buena armonía que debe existir entre todos los clubes de la confederación liberal; en vista de ese peligro, y en atención, también, a ese riesgo, estamos dispuestos a tratar de persuadir a nuestro colega sobre lo inconveniente de su conducta en estos momentos en que más se debe procurar la unión y firme alianza de los dispersos restos del Partido Liberal que provocar, por medio de enojosas e impropias discusiones, la disolución del naciente partido por la segregación de muchos de sus elementos.

Mal camino toma el colega; desairado papel hace encendiendo la discordia entre las nacientes agrupaciones liberales, cuando su obligación consiste, si ciertamente es liberal, en procurar la unión, en hacer efectiva la fraternidad.

El Club Liberal Ponciano Arriaga estuvo consecuente con las resoluciones tomadas por el primer Congreso Liberal al expedir su manifiesto, como lo demuestran las razones expuestas en la comunicación que nos ocupa, motivada por la lamentable actitud de nuestro colega El Gorro Frigio.

La alarma del colega tiene por origen ese reprochable sentimiento que ha debilitado las energías de los hombres de acción, que han consentido, sintiéndose impotentes, la implantación de la tiranía; ese sentimiento se llama cobardía política.

En efecto, por todas partes se hace un escandaloso alarde de liberalismo porque se odia una secta: la católica. Antes nos parece oportuno declarar que nosotros no pertenecemos a ninguna secta religiosa, somos librepensadores y no comulgamos con ninguna de ellas. Esta explicación la hacemos porque no han de faltar maliciosos que supongan que somos adeptos a tal o cual religión; pero sépanlo los maliciosos y los suspicaces, ya sean católicos, protestantes, judíos, mahometanos, etc., etc., que creemos comprender el sentido de la palabra "liberal" y, por lo tanto, no preferimos una religión a cualquiera otra, siendo nuestra cualidad de libres pensadores la mejor garantía de nuestra imparcialidad en lo que a dogmas religiosos se refiere.

Por todas partes se hace alarde de liberalismo por los que odian la religión católica y creen que el credo liberal obliga a ese odio. Nada más inexacto.

El credo liberal tiene tal nombre porque precisamente ampara la libertad de conciencia, de modo que los que ejercitan su odio contra el catolicismo, o contra cualquiera otra religión, lo ejercitan contra la libertad de conciencia y por lo tanto, son antiliberales.

El verdadero liberal no debe ensañarse contra los dogmas religiosos sino que debe procurar que los ministros de las diversas religiones no tengan ingerencia alguna en los asuntos políticos; el verdadero liberal esta obligado a destruir las ambiciones de los sacerdotes corrompidos, ya sean católicos, protestantes, etc., etc.; el verdadero liberal tiene la obligación de impedir al clero el embrutecimiento y la esclavitud de los hombres; debe impedir al clero que se mancomune con los tiranos para hacer más eficaz ese embrutecimiento y esa esclavitud; el verdadero liberal, por lo mismo que odia la esclavitud del hombre por la Iglesia, odia la esclavitud del hombre por el César, odia cualquiera maquinación que tienda a embrutecer al hombre, a envilecerlo, a arrancarle su libertad, ya provenga esa maquinación del clero católico, del ministro de cualquier otro culto o del tirano entronizado. El liberal quiere la libertad y lucha por ella contra cualquiera que pretenda detentarla, sea sacerdote, emperador, rey, presidente, etcétera.

Ese es el verdadero liberal; ese es el que ama la libertad y odia la opresión, odia el envilecimiento del hombre.

Pero entre nosotros está pasando algo que avergüenza, que mortifica sobremanera. Nosotros estamos respirando con dificultad una atmósfera viciada por la más absoluta de las opresiones, por el más disolvente de los personalismos; nos asfixiamos en un medio de corrupción política.

Nosotros no sólo somos víctimas de la tiranía del fraile; no sólo somos víctimas de la absurda e inmoral opresión de la sotana; no sólo nos domina el bonete sino que, para agravar nuestra mísera condición, tenemos la desgracia de estar pisoteados por el militarismo, tenemos la vergüenza de presenciar el suplicio de nuestras instituciones y soportamos el bochorno de ser esclavos de la Dictadura militar del Presidente Díaz.

Y esta opresión ejercida por dos elementos igualmente agobiadores; esta tiranía compleja no es observada por esa clase de individuos que, llamándose liberales, hacen alarde de valor atacando ruda y furiosamente al fraile corruptor y no tienen una palabra de reproche para el funesto despotismo; hacen alarde de valor atacando al fraile, porque saben muy bien que el cura estafador, ladrón, embaucador y libidinoso no los ha de perseguir, no los ha de encarcelar; porque ladrones, prostituidos o lo que se quiera, los frailes tienen la obligación, según su dogma, de hacer hipócrita alarde de mansedumbre evangélica. Y si algún día, que creemos que no llegara, pero si llegará día en que el clero tuviera la misma fuerza y poder que en la Edad Media, e implantase de nuevo su criminal sistema de la Inquisición sería de ver a los que hoy sólo se dedican a atacarlo sin atacar a los déspotas del poder desistir de todo ataque, deponer todo su odio para acatar sumisos las necias y ridículas fórmulas de los ensotanados.

Hay que ser valerosos y nobles en la cruzada que tenemos emprendida contra el oscurantismo y el cesarismo. Hay que trinar contra la corrupción clerical, pero hay que atacar igualmente a la tiranía del sable. De ese modo seremos dignos y honrados y cumpliremos con nuestro deber. Del otro modo pasaremos por declamadores tan vulgares como cobardes.
¡EI Club Liberal Ponciano Arriaga ha estado noble, levantado y valiente!