Regeneración, N° 38. 16 mayo 1901

MALA FE JUDICIAL

El detalle siguiente puede ratificar en el ánimo de nuestros lectores, la idea que sin duda tendrán sobre que los funcionarios judiciales de Sonora, no obran de buena fe, sino que recurren a subterfugios e indignas supercherías para desvirtuar los actos de severa justicia que, emanados de la Suprema Corte Federal, llegan a esa lejana frontera para destruir las maquinaciones de un Gobierno inmoral y repudiado.

Con motivo del alcance que publicó nuestro valiente colega El Combate, de Hermosillo, en el Asunto Uruchurtu-Pesqueira, fueron reducidos a prisión, a más del director del periódico, D. Belisario Valencia, y Administrador de la imprenta, D. Rafael J. Castro, los Sres. Gregorio Rodríguez y Antonio Hermosillo, cajistas que con su trabajo obtienen los medios de subsistencia, con más honradez que muchos empleados de la Administración sonorense.

Los referidos cajistas solicitaron el amparo federal y la suspensión del acto reclamado, contra el auto de formal prisión dictado por el Juez de 1ª Instancia. El Juez de
Distrito negó la suspensión; pero la Suprema Corte revocó ese auto, ordenando por la vía telegráfica que se pusiera en libertad a los quejosos.

El Juez de 1ª Instancia  recibió la orden de libertad e hizo poner fuera de la cárcel, por una simple orden comunicada al Alcaide de la prisión, a los referidos Srs.
Rodríguez y Hermosillo; pero sin indicarles que la Suprema Corte había suspendido el acto reclamado, sino antes bien, dando a entender que era un acto benévolo de su parte, en vista de que se habían desvanecido los datos que sirvieron de fundamento al auto de formal prisión.

Este procedimiento indecoroso, es el que acostumbran todos aquellos que, no teniendo el suficiente valor y la probidad necesaria para confesar sus yerros, sus preocupaciones o sus actos indignos, procuran ocultar la verdad con el ropaje de una mentira o con un silencio bochornoso. El procedimiento de la autoridad responsable, no puede tener una explicación satisfactoria que satisfaga a los espíritus rectos. Ese procedimiento, nacido de la torpeza y sugerido por una situación anómala, se encaminó a despistar al público sonorense que está pendiente de tanta tropelía oficial; pero ya nos encargamos de desenmascarar la situación, para presentar, con su desnudez repugnante, el acto oficial arbitrario que se ha pretendido ocultar a las miradas públicas, con el manto de una mentira bordada sin talento y sin pudor.