Regeneración, N° 38. 16 mayo 1901

DÓMINES Y POLIZONTES

La administración de Dehesa se parece a esos leprosos que por cualquier parte que se les descubra están plagados de úlceras.

La administración veracruzana, en pequeño, no es más que un reflejo de la administración del centro, porque a los Gobernantes de los Estados no les está permitido hacer otra cosa que lo que el General Díaz dispone, contrario todo a los principios democráticos.

Resulta, que los gobiernos de los Estados, copian servilmente la pésima administración central, hasta en los detalles.

Como la de aquí, la Escuela Preparatoria de Orizaba sirve para embrutecer a los alumnos. Allí se expulsa a los estudiantes por motivos fútiles.

Un alumno mostraba a otro una composición poética que publicó un periódico liberal, y por esa razón el despótico Director acordó expulsar al joven estudiante.

En esa escuela hay un profesor que da lecciones de religión católica y con aire de pedante vomita las más crueles injurias contra las demás religiones.

A los alumnos se les prohíbe asistir a la biblioteca del establecimiento y se les trata como a presidiarios, haciendo el papel de esbirro un prefecto altanero y soez.

Se ejercita un despotismo atroz contra los estudiantes liberales. Entre los liberales hubo uno que es protestante, y por ese solo hecho se le molestó a tal grado, que el joven tuvo que separarse del plantel, prefiriendo cortar su carrera a soportar la desesperante tiranía del Director y los fanáticos profesores, que tienen por sabio a Asención Reyes, individuo bastante conocido por sus tontos escritos.

Se obliga a los alumnos a contribuir para los gastos de la iglesia y sólo uno de los profesores es liberal, los demás son fanáticos recalcitrantes.

Así se instruye al pueblo de Orizaba y se le protege por un policía que se hace llamar Carlos Arrillaga. Este individuo parece que oculta su nombre, pues varias personas saben que es un tal Trinidad Elizalde, bastante conocido en Huatusco y Córdoba, donde con horror se acuerdan de él. Es arbitrario y brutal; aprehende a todo el que se le ocurre; persigue con furor a los vendedores ambulantes y les destroza sus humildes mercancías, sin hacer aprecio del permiso que por escrito les da a los comerciantes pobres el Regidor de policía, porque el polizonte rompe el papel y golpea cruelmente a los vendedores. En la comandancia de policía y en la Jefatura Política llueven las quejas contra tal policía y no se le corrige. Un duro reproche merecen ese Comandante y ese Jefe complacientes y debe sustituírseles por vía de castigo, así como a su favorito Arrillaga o Elizalde.

Este individuo hace alarde de su impunidad, jactándose de contar con la protección de un encumbrado personaje de la pestilente política veracruzana.

¡No hay que tener fe en la justicia!