Regeneración, N° 38. 16 mayo 1901

Un cisma en la Dictadura

El Imparcial y El Popular, que en estos momentos se disputan el campeonato de la bajeza y de la ignominia, hacen alarde de adhesión a la autocracia, sin pensar que el Presidente por más envanecido que esté con los halagos de los serviles, ha de tener instantes de lucidez en que comprenda que no es liberal, ni republicano, ni demócrata; que la República no es tal sino una monarquía absoluta, y que no hay más ley que su autocrática voluntad.

Estos dos papeles se enronquecen gritando, alabando y aplaudiendo la heroica toma de Chan Santa Cruz1. Los dos exhiben su histerismo y muy ufanados dicen que se trata de “la primera campaña científica” que se lleva a cabo en nuestro país, y que, el éxito de “la campaña contra los mayas ha venido (expresamente) a dar la razón al General Díaz y de rechazo (sic) a sus humildes (dirán serviles) comentadores.”

Según esta clase de comentadores serviles, el General Díaz ha dicho que la guerra actual debe ser “científica” y que no tiene razón de ser “el golpe de mano impetuoso e impremeditado,” ni el derramamiento de sangre. Sin embargo, en la dictatorial administración, no todos opinan del mismo modo. El General Reyes, según puede verse en el telegrama que dirigió al General en Jefe de la 12ª Zona, con motivo de la heroica ocupación de Chan Santa Cruz se lamenta y se duele de que no haya habido combate, y en consecuencia, que no haya habido “golpes de fortuna y rasgos de audacia que hayan dado triunfos y glorias” ni se hayan hecho tangibles “el valor puro y simple, el heroísmo llevado hasta la temeridad, el sacrificio de la vida, la prodigalidad de la sangre generosa, eternamente admirables.” No, el General Reyes no piensa del mismo modo que los serviles comentadores de la Dictadura, pues cree que “es sensible que el enemigo no haya hecho defensa y haya fraccionádose al huir” sin que hubiera habido siquiera una docena de bizarros muertos.

Se ve pues, que existe un cisma en las altas esferas de la autocrática política, y así, mientras el Presidente Díaz quiere que el triunfo lo pidamos “al cálculo exacto, a la ciencia precisa (!), a la disciplina inflexible,” para “merecer la aprobación del Estado Mayor Alemán,” que ya es mucho merecer, el Ministro Reyes quiere por el contrario “conmover e impresionar al Cid y a Ricardo Corazón de León.” Uno, quiere “ciencia y disciplina,” y el otro, sueña con “el valor desarmado, el heroísmo hambriento y el ímpetu solo, pobre y desnudo.”

No se sabe a dónde nos conducirá esa divergencia de opiniones, sólo sabemos que los serviles papeles El Imparcial y El Popular, para defender a sus amos se desatarán contra nosotros en injurias, hasta acalambrarse.

No sabemos si para someter a los revolucionarios surianos,2 se pondrá también en práctica aquello de “el cálculo exacto, la ciencia precisa y la disciplina inflexible;” según se nos informa, esa campaña no “merecerá la aprobación del Estado Mayor Alemán,” pero sí “conmoverá e impresionará al Cid y a Ricardo Corazón de León.”

Sabemos que se ha fusilado a no pocos surianos, y como rasgo de notoria y ejemplar bizarría militar, no pudiendo aprehender al Sr. Anselmo Bello, se aprehendió a su esposa, a la que, no se sabe quién, por vía de represalias ordenó se le cortase a rape el cabello.

Lo que choca en todo esto, es el servilismo de las hojas gobiernistas que no desperdician ocasión, por banal que sea, para hacer alarde de bajeza.

La toma de Chan Santa Cruz no tiene significación militar alguna, y mucho menos social. La campaña en Yucatán ha costado mucho dinero a la Nación y no se ha conseguido más que la toma de Chan Santa Cruz. Se nos dirá que con la ocupación de la ciudad rebelde, se ha dado el golpe de gracia a la rebeldía, y no es cierto; Chan Santa Cruz ha sido abandonada por los rebeldes, y lo que han hecho los bizarros militares ha sido apresar un cascarón, conquistar un despojo, un harapo, una insignificante y miserable piltrafa a costa del dinero de los contribuyentes, a costa del sacrificado pueblo, que apenas puede soportar tanta gabela con que se le extorsiona para mantener el enorme ejército, que consume y no produce y sólo sirve para recoger como botín de guerra, el esqueleto de una ciudad rebelde.

Es fácil inferir lo que seguirá costando esa campaña contra los mayas, quienes retirados a los bosques, continuarán su hostilidad, quién sabe hasta cuando.

1 Toma de Chan Santa Cruz  (hoy Carrillo Puerto, Q. R.) por las tropas del general Ignacio A. Bravo el 4 de mayo de 1901. Marcó el fin de la Guerra de Castas iniciada en 1847.

2 Véanse, supra, arts. 471 y 504.