Regeneración, N° 39. 23 mayo 1901

UN ESCÁNDALO EN TAMPICO

Por recargo de material nos habíamos visto impedidos dar a conocer a nuestros lectores, el atropello incalificable, de que fue autor en Tampico, el presidente Municipal Vicente Fusco siendo la víctima el Sr. D. Miguel Delgado.

Aunque sentimos no haber podido dar a conocer oportunamente, la noticia, no estamos descontentos de hacerlo hoy, en virtud de que hemos tenido oportunidad de ilustrar nuestro criterio acerca de tan escandaloso asunto.

El Sr. D. Eliezer F. Medellín, comerciante de Tampico, nos dirigió una carta que en extracto dice lo siguiente:

Como a las cuatro de la tarde del  día 4 del corriente, recibió el Sr. Medellín una orden de Agustín Violante, celador del Mercado para que retirara diez sacos de maíz que tenía en el exterior del Mercado, y frente al puesto que ocupa dicho señor. El señor Medellín contestó que no los podía retirar en el acto, por la circunstancia de tener en estos momentos ocupados los depósitos, pero que al día siguiente por la mañana  lo haría.

Parecía que Violante no había de insistir más en su pretensión y que se había conformado con la cuerda y sensata razón del Sr. Medellín, pues que el celador permite que algunas personas tengan fuera de sus puestos mayor número de cargas, sin que ose molestarlas. Pero no sucedió así, sino que Violante, por mala voluntad que tiene, para con el Sr. Medellín o por cualquiera otra causa, dio aviso de lo ocurrido al Presidente Municipal, Vicente Fusco. Este funcionario, que, según se nos informa, es aficionado a satisfacer su capricho sobre toda razón y que está acostumbrado a hacer su voluntad sobre todo derecho, ocurrió acompañado del gendarme número 38 al puesto del Sr. Medellín. Este señor había salido y se encontraba sólo su dependiente D. Miguel Delgado, a quien reconvino Fusco por no haber retirado los sacos de maíz, instándolo a que lo hiciera, a lo que el empleado replicó dando la misma razón que su principal, y al mismo tiempo indicó la conveniencia de esperar a que llegara éste, para que con él se arreglara el asunto. 

Tan justa indicación montó en coraje a Fusco, quien con voces destempladas y violentos ademanes, ordenó al gendarme que sacara del puesto al Sr. Delgado para golpearlo y conducirlo a la cárcel.

Tanto y de tan cruel modo golpeó el gendarme al Sr. Delgado, que lo cubrió de sangre, resultando la víctima con varias heridas de gravedad. Fusco, sin inmutarse presenció tranquilo el suplicio. Violante, aseguró los pies a Delgado para que fuera golpeado con más eficacia.

Fusco, sabiendo que los puesteros del bajo Mercado, se proponían acusarlo por sus crueldades y vejaciones, amenazó hostigarlos con multas cada veinticuatro horas.

            EL Sr. Medellín pidió amparo ante el Sr. Juez de Distrito, Lic. D. Rodrigo Gutiérrez Azcúe, y este señor lo concedió.

            Los hechos, a nuestro juicio, han pasado tal como se los pinta el Sr. Medellín y cuyo relato es el anterior. Sin embargo, nuestro colega El Cronista, de Tampico, quizá sorprendido de su buena fe, habla del asunto de diversa manera. Sentimos no estar de acuerdo con nuestro colega, y no lo estamos, porque sabemos que un Regidor reelecto tres veces sin la voluntad del pueblo, es el autor de la defensa que se hace de Vicente Fusco.

            Tenemos sobra de datos que nos inducen a creer lo que refiere el Sr. Medellín, y como arriba dijimos, no estamos descontentos de dar a conocer hasta hoy el escándalo de Tampico, en virtud de haber tenido oportunidad de ilustrar nuestro criterio acerca de tan importante asunto.

Lo llamamos importante, porque este asunto ha venido a aclarar el carácter de las relaciones que hay entre los asociados y las autoridades. En efecto, la situación esta despejada; las autoridades creen que son amos y señores del pueblo trabajador, y se equivocan. Creen las autoridades que les es lícito ejercer una forma de dominio absoluto sobre las personas, y de allí viene que se den espectáculos disolventes por medio de azotes infringidos a los mandantes. Este hecho es escandaloso y pone de manifiesto nuestra mísera condición social, porque no basta que el pueblo este dominado en todos los sentidos; no basta que el pueblo trabaje para pagar enormes impuestos y se le agobie con fuertes contribuciones y se le sangre con mil clases de gabelas; no basta que se haya conseguido la idiotización del pueblo, dejándolo ignorante, para que no comprenda sus derechos; no basta la explotación de que es víctima, ni las vejaciones y las atribuciones de que es objeto; no basta que a ciencia y paciencia de las autoridades se les explote por negreros desalmados, que los llevan a lugares en que a cambio de un miserable jornal, trabajen para enriquecer a negociantes rapaces; y por último, no basta que el militarismo paseé su pujanza por todos los pueblos de la República, arrancando del trabajo y de las ocupaciones útiles y de los hogares honrados a tantas energías, para amodorrarlas, prostituirlas y embotarlas en la promiscuidad repugnante de los cuarteles, sino que es necesario, se hacía indispensable coronar la obra desquiciadora con penas infamantes, como la de los azotes que públicamente fueron aplicados a D. Miguel Delgado por orden del Presidente Municipal de Tampico, Vicente Fusco.

            Como ya dijimos, el Sr. Medellín ocurrió al Juez de Distrito Sr. Lic. D. Rodrigo Gutiérrez Azcúe en demanda de amparo, y con gusto lo comunicamos, este funcionario, con la conciencia de su elevado encargado, concedió el amparo a despecho de la autoridad violadora y de los amigos de ésta, que pusieron cuanto estuvo de su parte para que el amparo no prosperase. Este hecho honra al Sr. Lic. Gutiérrez Azcúe y nos congratulamos en hacerlo público, porque era necesario que en el pestilente medio de corrupción política en que se encuentran los habitantes de la república, hubiera un funcionario que cumpla con su deber.

            Pero la correcta conducta del Juez de Distrito le ha concitado la enemistad de las autoridades voluntariosas, y de algunos individuos que medran a la sombra del despilfarro oficial, pues según sabemos, estas autoridades, y tales individuos se proponen acusar al Sr. Gutiérrez Azcúe, por el escandaloso delito de haberse portado con honradez, porque en las administraciones inmorales, la honradez deja de ser virtud y se la considera como vicio, como crimen. De todos modos la acusación no prosperará, y sí, en cambio, se castigará a Fusco así como a sus esbirros Violante y el gendarme verdugo, como merecen el castigo, duro y severo. Alguna vez debe confirmarse la hueca frase: «hay que tener fe en la justicia.»

Urge que se castigue sin demora a esas autoridades. De lo que ocurra daremos cuenta a nuestros ilustrados lectores.