Regeneración, N° 40. 31 mayo 1901

EL JUEGO

Esta es una de las llagas sociales que por prescripción ha adquirido en nuestro modo de ser, carta de nacionalidad; es ya punto averiguado y que nadie discute, que se debe jugar ostensible y descaradamente, que la ley en ese respecto debe ser considerada como no existente y que el dinero que esa tolerancia punible produce debe continuar con un ignorado destino dentro de cuya ignorancia caben todas las suposiciones, desde creer que ese Pactolo corre hacia las oficinas y allí se invierte en Penitenciarías y obras públicas hasta suponer que esa fuerte contribución de la manos izquierda contribuye a acrecentar fortunas privadas ya ahítas por otros diversos conceptos.

Pero lo que resulta inconcebible es, cómo empleados públicos, de los que debieran ser modelo de honorabilidad concurren a las casas de juego, y cómo van a allí aun los que manejan fondos públicos; pero es aún más inconcebible cómo se consiente que empleados públicos dediquen las horas que sus oficinas les dejan libres en asistir a esos garitos, los unos como víctimas, como dependientes asalariados los otros. Podríamos enumerar quiénes son los empleados a los cuales nos referimos, pero si alguno de nuestros altos funcionarios duda de nuestro aserto, que establezca una mediana vigilancia y verá cómo ese ejército de empleados que llena las bartolinas y ocupa con causas de peculado las atenciones de los Jueces de Distrito, ha asistido a las casas de juego algunos meses antes de que sus desfalcos fuesen descubiertos.

La compañía americana de fianzas, que se cuida de sus intereses, vigila a ese respecto, y en más de un caso ha retirado su garantía al empleado de quien su policía le informa que es súbdito de Martel.