Regeneración, N° 41. 7 junio 1901

La Hierba Maldita

Es frecuente encontrar en los terrenos mejor cultivados o en las sementeras más meticulosamente trabajadas, algunos hierbajos que roban a la gleba, sus mejores jugos con detrimento de las plantas útiles.

            En los pueblos pasa idéntica cosa con las personas. Los pueblos que por su ilustración, por su patriotismo y sus laudables ideales progresistas creeríase que eran incapaces de producir elementos disolventes, elementos contrarios a las aspiraciones liberales, y por lo mismo contrarios al orden y amigos de la anarquía; en esos pueblos, preparados para dar los mejores frutos, se encuentran como en gleba fecunda los hierbajos malditos, individuos que sin producir viven como parásitos agarrados febrilmente a la masa productora para crecer sin esfuerzo y para medrar sin trabajo.

            En Monterrey, la Capital del Estado de Nuevo León, ciudad progresista y de indiscutible prestigio liberal, que cuenta con un pueblo trabajador patriota, valiente y digno, en esa ciudad en donde el cosmopolitismo ha disipado las preocupaciones añejas y las oscurantistas doctrinas, para dar lugar a las amplias ideas de progreso y de libertad, en esa ciudad y en medio del torbellino de un pueblo trabajador y activo, ha vivido su vida de reptil una asociación tenebrosa, que agazapada en la sombra para disimular su fealdad y su vergüenza, esperaba el momento oportuno de salir a luz y enloquecer con su peste a los hombres honrados.

            Nos referimos a la vergonzante asociación que como un ultraje, como un grosero y soez sarcasmo a la honradez y a la virtud, lleva por mote “Unión y Progreso.”

            Como por virtud de un conjuro, ese monstruo aguzó su lanceta, distendió sus anillos y preparó su veneno. Y el reptil salió a la luz, paseó por calles y plazas y exhibió su inmundicia.

            Este monstruo, no podía, no puede tener bellos ideales; por esa razón deificó al absolutismo, hizo la apología de los tiranos.

            Nosotros hemos dicho y sostenemos nuestro aserto: el Gral. Díaz no es liberal. Nuestra afirmación es fundada. El hombre que como el Presidente Díaz, hace a un lado la ley para ejecutar sus actos a su voluntad; que como el mismo Presidente, se impone y a su guisa aplica la ley, nunca puede ser liberal. Habrá sido liberal alguna vez, pero ha dejado de serlo desde el momento en que ha hecho trizas la Constitución para poder implantar la Dictadura; desde el momento en que mató el sufragio para poder reelegirse y elegir y reelegir a su antojo a todos, absolutamente a todos los funcionarios que debieran ocupar sus puestos por el voto popular y desde que mató las libertades amordazando a la prensa y persiguiendo tenazmente a los ciudadanos por el risible delito de ejercitar sus derechos. Ha usado, pues, la violencia, y ésta sólo es usada por las tiranías ¿y una tiranía puede ser liberal? No pude concebirse el maridaje de la virtud y el vicio.

            Hemos estado en lo justo al declarar que el Presidente Díaz es conservador y que lo que llamamos República, no es más que una monarquía absoluta. Nuestro sistema de gobierno es una Dictadura militar de las más opresoras, y los ciudadanos son esclavos, son siervos.

            El Ministro Reyes, por su parte tampoco es liberal. No puede ser liberal, y para cerciorarse de esta afirmación basta saber que fue un pequeño rey de las fronteras Norte de la República. Si el Presidente Díaz ha mantenido a la prensa independiente el Gral. Reyes la ha maniatado también y ha perseguido a los ciudadanos honrados reos del delito de conocer y ejercitar sus derechos.

            Para destruir lo que está en la conciencia pública, no basta el vil cacareo de un círculo sin pudor, de un círculo como el de Monterrey que asombra por su bajeza.

            Se concibe que el individuo que ha obtenido beneficios de cualquier tiranía, una vez que ha perdido toda noción de dignidad, porque es requisito indispensable en los regímenes despóticos que para obtener una gracia hay que hacer a un lado la honradez; se concibe, decimos, que el beneficiado pueda mostrar gratitud, pero por más que torturamos nuestro cerebro, no podemos comprender que el tiranizado, el befado, el escarnecido, el ultrajado o el escupido, pueda hacer alarde de reconocimiento por el ultraje de que ha sido víctima o por el escarnio de que ha sido objeto. Eso es imposible, y por lo mismo que es imposible, mueven a risa los esfuerzos que el vergonzante Círculo Unión y Progreso, hace para que se crea que la administración del Gral. Reyes fue una bendición, cuando todos los habitantes honrados de Nuevo León recuerdan con espanto tan desastrosa tiranía.

            Durante esa espeluznante tiranía, todos medraron, menos los hijos del Estado; para todos hubo franquicias, y las             extorsiones quedaron para los neoleoneses. El terror selló todos los labios y el militarismo implantó su rudo sistema; el de la fuerza bruta; y los caminos no produjeron trigo, sembrados como estaban de bayonetas.

            El militarismo por el solo hecho de representar la fuerza material, inconsciente e irracional, es la representación de la tiranía, la síntesis de la violencia, y sabemos, además que las tiranías no son liberales.

            Nunca pudo haber sido liberal el Ministro Reyes ni pudo haber libertad en la frontera Norte cuando los Pedro Hernández se multiplicaban en ambas márgenes del río Bravo…..

            Con tales antecedentes administrativos, se comprenderá que es nula la simpatía que los neoleneses puedan sentir por el Ministro Reyes y los dignos fronterizos se malhumoran al recordar tan funesta administración.

            El pueblo de Nuevo León, y en general toda la frontera Norte del país, se encuentra indignado por el ridículo en que ha pretendido ponerlo el Círculo Unión y Progreso de Monterrey, tomando su nombre para hacer pública y repugnante ostentación de impudicia. Ese pueblo reprueba los actos de servilismo efectuados por ese Círculo del Gral. Reyes, que ahora adula a este personaje y lo aclama para abandonarlo mañana, cuando el Partido Liberal triunfe.

            Asquea la bajeza de ese desprestigiado Círculo que quiere el encumbramiento político para salir de su despreciable insignificancia, aunque para conseguir su objeto haya necesidad de escupir la dignidad y encubrir su crimen con un barniz de vergonzante honradez.

            Triste es el papel de ese Círculo que tiene la canina resignación de lamer las plantas del amo que lo azota, y triste es también la situación del pueblo fronterizo que tiene la desgracia de perder su vigor y su fuerza para nutrir a esa hierba Maldita.