Regeneración, N° 41. 7 junio 1901

LA TIRANÍA EN CAMPECHE

A despecho de las afirmaciones que la prensa gobiernista hace acerca del estado en que se encuentra la República, y que esta prensa corrompida se esfuerza en demostrar que es uno de los más bonancibles periodos de la vida nacional, vamos a manifestar el malestar que por todas partes se hace patente.

Campeche, como los demás Estados de nuestra infortunada Patria sufre las consecuencias del más agobiador de los nepotismos.

La tiranía se ha acentuado en ese Estado de un modo alarmante, tanto, que el Partido de Carmen pretende separarse del Estado para quedar reducido a Territorio Federal, prefiriendo la abrumadora tiranía del Centro, a la escandalosa opresión de los caciquillos de provincia.

Campeche está arruinado. Por el último censo se ve que su población ha disminuido. En cinco años se nota una diferencia de tres mil quinientos ochenta y cuatro habitantes.

La ciudad del Carmen que por su comercio era de mayor importancia que la de Campeche, está muerta y sus habitantes huyen de ella como de un lugar apestado.

Todas las desgracias de Campeche, se deben a la perniciosa influencia que ejerce el ex ministro Baranda y toda la camarilla de su pariente Mac Gregor que ha pesado sobre el Estado como una plaga.

Contentísimos estaban los sufridos campechanos con la caída política de D. Joaquín Baranda, creyendo que con este motivo caería también la tiranía de Gutiérrez Mac Gregor, que se ha hecho odiosa. Pero con gran disgusto de los buenos ciudadanos, se supuso que el cacique había obtenido el consentimiento de la Dictadura para continuar haciendo la desgracia de Campeche.

Los Campechanos están hastiados de tanta tiranía. Las persecuciones injustas se suceden con escandalosa frecuencia, y el desbarajuste administrativo no tiene trazas de concluir.

Sin embargo de tanta opresión y a pasar de tan bochornosa tiranía, los aduladores seguirán entonando alabanzas al cesarismo.

Con estos datos, todavía tendrán los aduladores el descaro de declarar que tenemos un régimen paternal y que sólo los turbulentos nos atrevemos a atacar una administración, como la del Gral. Díaz, para la que la historia nomás tendrá frases de justo reproche.

Desearíamos saber si esta conducta del cesarismo es uno de los méritos para levantarle estatuas.

Campeche se arruina y la culpa la tiene el Presidente por su afán de impedir que el pueblo ejercite sus derechos. Estos serán los méritos que invocará para pretender reelegirse dentro de tres años, pero el civismo comenzara a dar señales de vida y no permitirá que se entronice más en el poder, nombrando, en cambio, a un ciudadano que respete la ley y que no será, por cierto el ex Gobernador de Nuevo León, Bernardo Reyes.

Basta de ya de hablar. La Nación necesita hombres de seso, considerando anacrónica la imposición de los hombres de machete.