Regeneración, N° 41. 7 junio 1901

Al Diario “Oficial”

Hemos llegado al extremo de la más apremiante tiranía. Creíamos que la Dictadura había de tener el pudor, ya que está vieja y caduca, de permitir a los ciudadanos la libre manifestación de sus ideales; creíamos que el tiempo de las inicuas persecuciones había concluido y que la justicia ampararía ampliamente a los hombres honrados. Pero nuestra creencia se ha desvanecido y el estupor ha ocupado el lugar de la confianza, al ver que la Dictadura se ha quitado la careta y que la Justicia ha trocado su espada por el asesino alfanje del sarraceno.

            La Dictadura se ha quitado la careta y encuentra cierta voluptuosidad morbosa mostrando su deformidad.

            Durante más de veinte años, esa deformidad, esa lamentable fealdad, se nos presentó con el dorado barniz de las democracias. Los más atroces atentados a las garantías individuales, se nos explicaban de un modo tal que los idiotas no titubeaban en dar la razón a los más absurdos desmanes del Poder.

            Pero la parte sana del País comenzó a hacer ostensible su disgusto, ya los hombres de seso no podían soportar por mayor tiempo tan burda mistificación, y con el valor que se comunican los grandes ideales un grupo de dignos ciudadanos dio en San Luis Potosí la voz de alarma y convocó a los hombres de buena voluntad a congregarse a fin de evitar los avances del clericalismo que desafortunadamente ha tenido como decidido aliado al actual Presidente de este remedo de República, porque el clericalismo y la milicia siempre se han ayuntado para oprimir a los pueblos. La tiranía no es otra cosa que la amalgama del bonete y del sable.

            Para impedir los desastrosos efectos de esa tenebrosa alianza, para destruir el embrión maldito que el monstruoso contubernio produjera y para evitar que un pueblo libre como el nuestro cayera en la abyección de una vergonzosa servidumbre, los ciudadanos honrados de San Luis Potosí se agruparon, formaron un Club liberal, el enérgico y viril Club “Ponciano Arriaga,” y hablaron a los hombres de buena voluntad para que unidos, trabajando conjuntamente por las mismas ideas democráticas, se tratara de ilustrar al pueblo en sus derechos para impedir los abusos del Poder, excitando a las autoridades a cumplir con las disposiciones legales.

            La voz de los potosinos fue escuchada y los clubs se multiplicaron en la vasta extensión del territorio nacional, y siguen multiplicándose actualmente.

            El avance de las doctrinas democráticas chocó al Ministro Reyes y al conservador Presidente de nuestra oprimida República. Las liberales ideas de los hombres honrados no pueden conciliarse con la personalista conducta de la Dictadura, y ésta azuzó a sus papeles para que vomitando injurias hicieran desistir de su empresa a las nacientes agrupaciones patrióticas.

            Antes, como arriba decimos, la tiranía oropelada sus maquinaciones y hacía creer a los cándidos que la libertad era un hecho. Ahora ante el formidable progreso de las ideas liberales, la opresión ha temblado, porque ha comprendido que el pueblo no se dejará engañar más y se arma de la ley para exigir sus derechos. Viendo que es imposible el engaño, la tiranía comienza a blandir sus gastadas armas sintetizadas por el terror. Los papeles semioficiales han declarado que la tiranía es necesaria y que la labor de los clubs liberales es desquiciadora. A ese resultado hemos llegado. Ya no se ocultan las tendencias monárquicas, sino que, por el contrario, se hace la apología de ellas.

            Los liberales, ya que nos preciamos de serlo, debemos exigir al Gobierno, que sea franco. Las hojas pagadas por el Tesorero de la Nación, han dicho que existe una Dictadura y como ella es contraria a nuestras instituciones y demás, la declaración es semioficial, inferimos lógicamente que el actual Gobierno ha insinuado tal declaración, pues sabemos que las hojas semioficiales no obran sin indicación del Poder.

            El Imparcial en su número de 27 del pasado de Mayo da a comprender que la tiranía es necesaria. Basta leer el editorial titulado: “Los Clubs y la Democracia.—Los principios y los intereses,” para cerciorarse de que la Dictadura se ha quitado la careta.

            Pero los ciudadanos necesitamos que la misma Dictadura obre con franqueza, y si está dispuesto el Presidente Díaz a continuar impidiendo a los ciudadanos que ejerciten sus derechos, que así lo declare por medio del Diario Oficial y nosotros, con la entereza con que acostumbramos abordar los más espinosos asuntos de su autocrática política, enérgicamente exigimos que manifieste sin reticencias ni rodeos si está conforme con lo asentado por El Imparcial, pues, repetimos, ese periódico no obra conforme a su conciencia, porque no la tiene, sino que recibe las inspiraciones del Poder, da a conocer los propósitos del Gobierno.

            Ya es necesario que no vivamos engañados y por tal motivo formalmente interpelamos al Diario Oficial, para que nos diga si considera buena la actual tiranía; si considera maléfica la propaganda democrática, entiéndase bien, democrática; si la situación de los clubs es peligrosa para el país y si estamos condenados a soportar indefinidamente la Dictadura.

            Hable con franqueza el Diario Oficial para saber a qué atenernos y sépase de una vez, que por más que se diga que es necesaria la tiranía, no estamos dispuestos a soportarla porque es indigno de hombres acatar imposiciones que rebajen la dignidad.