Regeneración, N° 42. 15 junio 1901

Al Partido Liberal

El espíritu menos observador puede notar en las columnas de los periódicos asalariados un afán, un deseo vergonzante de torpe engaño, pretendiendo hacer creer al pueblo que la situación política y económica de nación es halagüeña y el porvenir espléndido.

            Se nos pretende hacer creer que las libertades son respetadas y que solamente una docena de inquietos no estamos conformes con la marcha de la administración actual.

            En medio de todas esas noticias, de todas esas apreciaciones favorables al Gobierno opresor que nos está preparando la ruina, al tiránico Gobierno que nos ha arrebatado nuestras libertades, se ve correr solapadamente, con discretas ondulaciones de culebra, un repugnante deseo egoísta.

            Ese deseo egoísta es el alma de todas las informaciones de los periódicos gobiernistas, que queriendo parecer honrados, ocultan, como el ladrón oculta su delito, el deseo que tienen de que el general Díaz continúe en la Presidencia aun después que concluya el periodo actual.

            Y ese deseo se agazapa en todos los artículos sin atreverse a salir francamente. Esa pasión servil anima los editoriales y se asoma en las gacetillas y corre de un lugar a otro del periódico venal siempre precavido siempre vergonzante, siempre oculto como el delito de ladrón.

            Y es natural. La pretensión servil, que consiste en el deseo que el general Díaz continúe por más tiempo ocupando la Presidencia, como hasta aquí, contra la voluntad de los hombres honrados, no puede mostrarse con franqueza porque esa pretensión está desprestigiada; la idea no prosperará más.

            El pueblo está harto de opresión. Sus hombros no son ya aquellos robustos hombros que gracias a las pasivas voluntades de los oprimidos podían soportar la rudeza supina del látigo del encomendero. El pueblo está harto de opresión, ya no soporta la tiranía. El pueblo quiere libertad, y dentro de la ley se apresta a trabajar por ella; dentro del orden quiere ejercitar sus derechos. Pero tan noble deseo no es comprendido; a la labor honrada se la considera labor revolucionaria, labor anarquista, disolvente e inmoral.

            Y para combatir tan noble trabajo se le calumnia y se deja entrever, se deja sentir ese deseo egoísta que corre vergonzante de uno a otro lado del periódico, agazapándose en todos los artículos y asomándose en todas las gacetillas, el deseo que consiste en que el Gral. Díaz continúe por más tiempo, aun después de este período, ocupando la Presidencia de la República para hacer la desgracia de la Nación; pero, como decimos, el repugnante deseo vive solapado, oculto, como el delito del ladrón.

            Y en verdad que el solo deseo es un crimen. La pretensión, por sí sola, es un atentado, una injuria a la libertad, porque se pretende hacer interminable la etapa más obscura más opresora y tiránica de nuestra vida nacional. Se quiere extender, hacer más grande el opresor período, aunque con tanta tiranía acaben de afeminarse los caracteres y no haya una sola voluntad que se alce airada en contra del Poder.

            En eso consiste el deseo, y por tal motivo no se atreve a declararse con franqueza, y, como los reptiles, procura deslizarse prudentemente por temor a que hagan ruido sus escamas. Vive de engaños porque la idea esta desprestigiada y es vista con desprecio.

            Por fortuna, el espíritu político comienza a despertar y cuando el caso así lo requiera hará sentirse la voluntad nacional. El espíritu público se encuentra en estos momentos como el organismo que sale de un largo descanso. Necesita orientarse, y a tal fin debemos emplear todas nuestras energías, para que dentro de tres años, cuando se trate de burlar el voto de la nación los ciudadanos no se dejen sorprender y den su voto por un hombre honrado, liberal y patriota, que tenga firmes convicciones liberales y no sea afecto a tiranizar como el ministro Reyes, ni aristócrata y de nacionalidad dudosa como su colega Limantour.

            Nosotros, a fin de no dejar que se sorprenda a los ciudadanos, damos a conocer la criminal intención de los periódicos gobiernistas. No podemos permanecer in diferentes a la idea de que el general Díaz pudiera reelegirse otra vez, pues creemos que basta con la burla que se ha hecho a la democracia reeligiéndose hasta que ha querido.

            La nación ha soportado tanta opresión, creyendo, equivocadamente, que ella sería benéfica al país y hasta se tuvo como verdad la absurda teoría de las autocracias necesarias; llegó a darse la razón a la imposible y desquiciadora doctrina de los hombres necesarios.

            Desgraciadamente nuestra obcecación tuvo la necesidad de comprobar el absurdo de un modo que nos ha arruinado. Se creyó que era necesaria la tiranía y estamos palpando que, en efecto, ha sido necesaria para embrutecer al pueblo, para agotar voluntades, único fin a que aspiran las tiranías para ejercitar sin riesgo su imprudente opresión. Muerto el espíritu público, la imposición de cualquiera autocracia es cosa fácil.

            Y ahora, cuando se han despejado las inteligencias y se ha hecho la luz en la obscura idea, en la negra obsesión de la necesidad de la tiranía, nos encontramos con la amarga visión de un pueblo degradado, hecho para la pasividad y reacio a todo lo activo, a todo lo que sea movimiento, y que en medio de su atrofia cerebral conserva aun algo de dignidad que es necesario estimular, que es forzoso robustecer si no queremos vernos absorbidos por la implacable sed de absorción de nuestros audaces vecinos.

            Necesitamos trabajar para que despierte el pueblo, y para ello necesitamos también de la ayuda de las autoridades, la ayuda del Gobierno, pero no esperamos tal ayuda del actual Gobierno, sino del que sea emanado del pueblo. El Gobierno del general Díaz, hermanado con el clericalismo vicioso y la soldadesca ensoberbecida, este Gobierno, que es el representante genuino del partido de las sombras, nunca educará al pueblo. Por eso los hombres de buena voluntad debemos trabajar porque el actual Presidente no se reelija dentro de tres años, sino que salga y con él caiga también el necio partido conservador para no volverse a levantar jamás.

            Trabajemos porque ya no haya reelección, que no se haga más burla de la democracia y pongamos en la Presidencia a un ciudadano que sea liberal, honrado, patriota y progresista, sin dar oídos a los consejos de los serviles, que no se han conformado con medrar a la sombra de un Gobierno opresor, sino que tienen el antipatriótico proyecto de derrumbar nuestra nacionalidad, que no a otra cosa nos arrastrará una autocracia barnizada de legalidad, como la que tenemos el infortunio de soportar.

            Trabajemos los hombres de buena voluntad sin temor a que la soldadesca atropelle. Podremos ser perseguidos y befados, pero nuestros ideales no perecerán por el contrario, acrecerán en vigor y serán potentes e irresistibles a la hora de las represalias.