Regeneración, N° 43. 23 junio 1901

EL ASUNTO DE “LA NACIÓN ESPAÑOLA”1

También nos hacen compañía en la prisión los Sres. Telésforo Gómez San Pedro, Antonio P. González e Isidro de la Maza, procesados por un artículo que se publicó en La Nación Española, referente al Marqués de Corbera, ex -Ministro Plenipotenciario de España en esta República.

Dichos señores fueron aprehendidos el 15 del pasado Abril, por orden del Juez 1º de Distrito Juan Pérez de León, que conoce de este asunto, y el  19 del mismo se les declaró formalmente presos, auto del que apelaron, sin que hasta la fecha se haya señalado día para la vista.

Como es natural, la intervención del Lic. Pérez de León en ese asunto, es una garantía para que los procesados no tengan garantías constitucionales. Bastante conocido es ese funcionario, a quien desean ofuscar en su no envidiable gloria, su hijo Emilio, revelador de un atavismo que desconsuela, y Wistano Velázquez, Juez que comienza a ostentar ventajosamente sus cualidades tiránicas. Juan Pérez de León, fue un funcionario judicial que, despreciando la ley y pisoteando la justicia, inició las persecuciones a la prensa. No es envidiable el lugar que ocupa en la historia.

En este proceso el Juez no dio a conocer los procesados quien era su acusador, a pesar del precepto Constitucional que eleva a la categoría de derechos del hombre ese conocimiento; los procesados han solicitado varias audiencias para promover diligencias que les favorezcan, y no se les han concebido.

El Sr. Gómez San Pedro, Director de la publicación, nombró a un Defensor de oficio, y a pesar de haber transcurrido más de un mes desde la fecha de este nombramiento, no se sabe si ese Defensor ha aceptado o no el cargo. Muchas otras irregularidades hay en ese proceso.

Pero hay algo más serio en él y es la incompetencia de Juez de Distrito para instruirlo. Cuando en La Nación Española se publicó el párrafo que tanto hirió al Marqués de Corbera  o al Gobierno Español, ese señor no era ya representante de España en México. Hacía más de un mes que había renunciado el puesto y se hallaba en Nueva York, disponiendo su viaje a Madrid. No tenía ya carácter oficial alguno. Era un simple particular, y por lo mismo, la querella debía haberla presentado personalmente y ante un Juez Correccional, Wistano Velázquez, por ejemplo, pues ningún otro le hubiera dado curso por infundada. Pero el Juez Pérez de León no se detiene en consideraciones de ningún género, y más aún cuando como se ha rumorado, el presidente  de la República efectuó la consignación del párrafo que se dice delictuoso. Sobre ese particular tomaremos datos para averiguar si fue fundada la denuncia del Presidente o la motivó el deseo de halagar al Gobierno Español, como se rumora en público.

Inútil parece deducir que los procesados promovieron oportunamente su libertad bajo caución y que se le negó ese beneficio, por tener el Juez temor de que se fugaran, porque son extranjeros. A falta de un argumento sólido, se recurre a una puerilidad asombrosa.

En fin; en ese asunto, en que la justicia está toda de parte de los procesados, se descubre solamente la inquina contra las personas que tuvieron el valor civil suficiente de llamar a cuentas a los que colectaron los fondos que produjo la subscripción patriótica, abierta con motivo de la última guerra colonial.

No nos parece correcto del procedimiento empleado. Si el Marqués de Corbera no merecía los reproches, debió haber presentado sus cuentas y hacerlas públicas, ya que pública fue la colecta. Obrando así, hubiera confundido a sus detractores. No obrando así, la opinión pública no verá en el procedimiento contra los redactores de La Nación Española, sino la opresión oficial admirablemente simbolizada por el Juez Pérez de León.

Por último, los Sres. Redactores de La Nación Española, con motivo de los serios perjuicios que han sufrido en sus intereses y de las dificultades para publicar su diario, lo han suspendido en espera de que se le haga justicia.

Sentimos cordialmente las dificultades porque atraviesan estos caballeros. Tienen esperanza de que se les haga justicia, aquí en donde es necesario grabar en la fachada del Palacio respectivo: " NO HAY QUE TENER FE EN LA JUSTICIA."

1  La Nación Española, México, D.F. (1900-190?). Dir. Telésforo Gómez Sampedro.