Regeneración, N° 44. 30 junio 1901

La Muerte En La Frontera

La persecución política siempre ha sido motivo de amargas censuras por parte de los hombres sensatos. Los gobiernos despóticos, siempre se han distinguido por su manía de perseguir a los que considerando ultraje la imposición de una Dictadura militar en un pueblo, que debería ser libre, tienen el valor de llamar tirano al tirano y ladrón al ladrón.

            La persecución política, no es otra cosa que la rebeldía de los mandatarios, la insurrección de los servidores, que trastornando el orden administrativo se vuelven contra el soberano, contra el pueblo a quien han protestado felicidad y obediencia, como entre nosotros ha acontecido, que los servidores del pueblo, esto es, desde el Presidente hasta el último de los servidores públicos, se han levantado contra el pueblo, contra el mandante, imponiendo su voluntad sobre la voluntad de este último.

            Esta situación anárquica creada por la rebeldía de los mandantes, es la que da origen a las persecuciones políticas. El pueblo quiere ejercitar sus derechos, quiere hacer valer sus prerrogativas de soberano, pero ante la voluntad soberana del Pueblo se levanta la voluntad rebelde de los servidores, dando por resultado que la servidumbre armada con las investiduras conque el amo le hizo gracia, se imponga y triunfe sobre el amo con las mismas armas que éste dio para su defensa.

            La persecución política cuando se ejercita poniendo en práctica medios barnizados de legalidad, puede tener visos de razón con que deslumbrar a los idiotas, y hasta se llega a creer que la persecución es justa; pero cuando para ejercitar una venganza no se discuten los medios, entonces no hay uno solo que apruebe los atentados contra el individuo, y todos, aún los más celosos defensores de la tiranía sienten asco en presencia de las represalias injustas.

            Esto es lo que ha sucedido con el asunto de Lampazos. La calumnia fue la primera en entrar en juego en tan escandaloso negocio. La plebe de cuartel hizo su politiquilla turbia y necia, como que el rudo cerebro del recluta saturado con el humo de la marihuana y embrutecido con el servilismo de la disciplina, nunca podrá tener nobles ideales.

            Esa calumnia producida por la degeneración intelectual de los reclutas, fue prohijada por sucios papeles que hicieron causa común con los calumniadores y repletaron el albañal de sus columnas con la inmundicia de sus envenenadas imputaciones. Todo el odio que los papeles pagados por el Gobierno abrigan contra la libertad, borbotó en sus columnas y El Imparcial, El Popular y otros vergonzantes papeles pretendieron empañar con su baba las limpias labores de los patriotas lampacenses.

            La calumnia no podía sostenerse por sí sola. Se necesitaba probar la imputación. Y entonces se recurrió a la más grosera de las chicanas y se empleó el crimen de ejercer coacción sobre los testigos de cargo.

            Varios lustros hace que los fronterizos del Norte han visto pasear muy cerca el horror de la muerte. El luto ha entrado a muchos hogares y el estupor se ha apoderado de los ciudadanos.

            Según se nos informa, se ejerció coacción sobre uno de los testigos que declararon en contra de los liberales lampacenses. Se dice que el sargento Villaseñor declaró en un careo que se practicó entre él y el joven Ingeniero Francisco Naranjo hijo, que se le había amenazado de muerte si no declaraba en contra de los procesados.

            El hecho hace temblar; no de terror sino de indignación. Los espíritus fuertes no se espantan con la muerte, sino se indignan con la brutal amenaza.

            ¿Es cierto que se amenazó a Villaseñor? ¿quién hizo la amenaza? Estas dos preguntas deben ser objeto de una contestación categórica por parte de Villaseñor y el Juez instructor, Coronel Mena, debe hacer la luz en este asunto, siempre que, como se nos dice, sea cierta la manifestación del sargento.

            La ley castiga severamente a los criminales que por medio del terror pretenden que los testigos mientan. El Juez Mena debe inquirir quién o quiénes han sido los criminales que ejercieron coacción sobre Villaseñor para que se produjera con falsedad. Debe hacerlo en honor de la justicia.

            La justicia atraviesa por un periodo crítico. Se trafica con ella. Con ella se enriquecen muchos jueces sin pudor y de la ley se ha hecho una arma de dos filos con la que se hiere al inocente.

            Se necesita que haya justicia. Se necesita que la ley sea igual para todos, y por lo mismo, el Juez Mena debe hacerla triunfar sin consideración a que caigan bajo su acción las más encumbradas personalidades o los más humildes ciudadanos.

            Si la declaración de Villaseñor es exacta, esto es, si se ejerció coacción sobre él, el Juez Mena debe mostrarse inflexible para que si quiere hoy, después de muchos años de atropellos y de violaciones a la ley se haga justicia castigando a los calumniadores y haciendo sentir el rigor de la ley a los que se atreven a amenazar a los individuos para que se ultraje a la justicia.

            Es bueno que algún día se tome en serio la hueca frase del Presidente: “Hay que tener fe en la Justicia.”