Regeneración, N° 44. 30 junio 1901

AL “DIARIO OFICIAL”

La sociedad está hondamente impresionada con una noticia.

Anda de boca en boca el rumor de que han sido fusiladas en el Estado de Guerrero veintisiete personas sin formación de causa. Entre las personas muertas de tan atroz modo, se dice que se encontraban el Dr. Eusebio S. Almonte y el Lic. Génaro Ramírez.

Según sabemos, los motivos que se tuvieron para la ejecución fue una orden dada por el Ministro de la Guerra para que se fusilase a cuanta persona se creyera comprometida con los revolucionarios surianos.

Queremos saber, y la sociedad toda también quiere saberlo:

1º. Si es cierta la noticia del fusilamiento de veintisiete personas de Guerrero.

2º. Si también es cierto que se las fusiló sin formación de causa.

3º. Si igualmente es cierto que se las fusiló por orden de la Secretaría de Guerra.

La República esta interesada en este asunto, porque los ciudadanos desean saber si están suprimidas las garantías individuales.

Por otra parte, está prohibida la pena de muerte para los delitos políticos.

La justicia reclama que se haga la luz en este sangriento asunto. Si las vidas de estas veintisiete personas fueron arrancadas con las siniestras formalidades que marca la ley, menos mal que fue así; pero si fueron abatidas estas existencias sólo por satisfacer alguna venganza o por virtud de crueles represalias, no tenemos sino frases de amargo reproche para fustigar esas ejecuciones.

Por el decoro del Gobierno, por el sagrado honor de la Patria, debe abrirse una averiguación para saber si ha habido en Guerrero ejecuciones efectuadas conforme a derecho o se han llevado a efecto en contra de los surianos furiosas venganzas y sangrientas hecatombes.

El buen nombre de la Patria está interesado en la averiguación y nosotros con la energía de que somos capaces exigimos que se mande practicar, pues que si en la República no ha sido nada la anterior noticia porque atacados de cobardía como están los ciudadanos, habían callado ante tanto horror, nosotros que no abrigamos más que un temor, el que podamos mentir algún día y el que acobardados y débiles callemos, levantamos nuestra voz, sin importarnos que llegue como caricia o hiera como un azote, siempre que una voz se alce para exigir un derecho o para reclamar una reparación.

El Diario Oficial tiene la obligación de satisfacer la ansiedad pública. En el extranjero no se habla de otra cosa que de los asesinatos de Guerrero, como dicen los periódicos del otro lado del Bravo.