Regeneración, N° 51. 23 agosto 1901

EL GRAL. BERNARDO REYES

SU CANDIDATURA

Como una consecuencia de la opresión que hace veinticinco años pesa sobre la República, el pueblo no se ha formado una opinión justa y exacta de los méritos o defectos de los hombres públicos.

En efecto, el Gral. Díaz, fiel a su deseo de hacerse autócrata, mató toda manifestación sincera que se hiciera por medio de la prensa. No podían convenir a sus designios monárquicos el libre examen de lo bueno o de lo malo que hubiese en su inepta administración.

Por  ese motivo persiguió a la prensa independiente y la persigue en la actualidad, porque aunque no lo hace directamente ni da su consentimiento expreso de que se encarcele a los periodistas, porque quiere aparecer como amante de la libertad, sus empleados ya sean Jueces, Jefes Políticos, Gobernadores, etc., etc., son los encargados de perseguir a los ciudadanos que han tenido el valor suficiente para declararse enemigos sinceros de la tiranía, como nosotros lo hemos declarado y seguimos declarándolo a pesar de todo.

La persecución a la prensa independiente ha dado el resultado apetecido por la Dictadura. Lo malo de la Administración que ha quedado oculto y sólo conocemos lo que aparentemente es bueno. Por esa razón no pocos creen que es buena la tiranía porque no se ha dejado hablar a la prensa independiente. Pero nosotros, que no tememos ni persecuciones, ni represalias, ni encarcelamiento, pues tocamos gustosos todas esas vejaciones en gracia de la verdad y en obsequio de nuestros ideales democráticos, vamos a hablar muy alto para que todo el mundo se entere de que debajo de los lujosos ropajes con que se atavía la Dictadura para parecerse a las democracias, hierve una legión de repugnantes gusanos que corroen las entrañas de nuestras postergadas instituciones.

Sentando, pues, el principio de que ignoramos los defectos de los hombres públicos, porque no se ha dejado hablar a la prensa independiente; se explica por qué algunos ciudadanos creen de buena fe que nuestro gobierno es paternal y que le debemos beneficios  en lugar de los tremendos males que viven ocultos y que minan a gran prisa el prestigio de la Nación.

Nuestro ilustrado, cuanto estimado colega El Dictamen Público, que se edita en el puerto de Veracruz, con toda la buena fe con que se distingue la prensa honrada, da el grito de alarma para que nos fijemos los mexicanos ene le porvenir político de nuestra querida Patria. Como lo hicimos notar nosotros cuando supimos que la enfermedad minaba la caduca naturaleza del Presidente Díaz, nuestro colega, hace ver la necesidad que tenemos  de fijarnos en un candidato para la Presidencia de la República.

Pero nuestro apreciable colega, como acontece a todos los ciudadanos que hemos tenido el infortunio de vivir en este último cuarto de siglo de brutal opresión, en que no se ha dejado hablar a la prensa independiente, anda descaminado respecto a la personalidad sobre la que, según él, hay mayores probabilidades de ser elegida por el pueblo para ocupar la Presidencia de la República, Gral. Bernardo Reyes.

Por efecto de la opresión, así debía ser; deberíamos conocer superficialmente las personalidades que de algún modo figuran o han figurado en la actual corrompida política.

Todos los ciudadanos, excepto los dignos fronterizos del Norte; teníamos formada una buena idea de la personalidad oficial del Gral. Reyes, en virtud de lo que hemos asentado hasta el fastidio, de no haberse permitido a la prensa independiente la moralizadora crítica de los actos buenos o malos de los funcionarios públicos. Pero nosotros prometemos, para cumplir nuestra misión de periodistas sinceros, despojar de sus oropeles a esas deslumbrantes personalidades, para que el pueblo vea que ha vivido engañado y que después de la lustrosa capa con que se nos han presentado por la prensa venal, encontramos el desconsolador egoísmo con que está amasado el barro de que están formados los actuales hombres públicos.

Del Gral. Reyes no conocemos sino exterioridades ampulosas, como funcionario público. Deberíamos saber lo que no es ampuloso, sino profundamente disolvente, pero él acalló a la prensa independiente, así es que no conocemos más que las plumas con que se disfrazó el grajo.

Como para discutir la personalidad pública del Gral. Reyes, es insuficiente un artículo, sucesivamente vamos a hacerlo en diferentes números,1 para de este modo dar a conocer a nuestros conciudadanos, el funcionario que se nos presenta como futuro candidato a la Presidencia de la República, y hacerles comprender el inmenso duelo que afligirá al país si para desgracia de la Patria llegase este personaje a ocupar la Primera Magistratura de la Nación.

Suplicamos a nuestro estimable colega El Dictamen Público, tenga la amabilidad de fijar su atención en los diferentes artículos que iremos publicando acerca del Gral. Bernardo Reyes.

Nos proponemos tocar los siguientes puntos, para desbaratar esa aureola de grandeza con que se ha querido rodear la personalidad pública del Ministro Reyes:

1º. El Gral. Reyes considerado como empleado de la actual administración pública.

2º. El Gral. Reyes considerado como militar.

3º. El Gral. Reyes considerado como hombre inepto, según propia confesión, para ocupar la Presidencia de la República.

5º el Gral. Reyes considerado como impulsivo.

Esto lo hacemos, no por un pretencioso espíritu de polémica, pues comprendemos que nuestras fuerzas son escasas para sostener una discusión con el inteligente colega a que nos referimos. Si luchamos, no es porque nos creamos superiores, sino porque creemos cumplir con nuestro deber. Nuestras armas, por lo demás, son magníficas porque están templadas en la verdad, lástima que nuestro brazo sea débil y torpe para manejarlas.

Sin embargo, haremos un poderoso esfuerzo para convencer a nuestros ciudadanos, que están equivocados cuando hacen la apología de un funcionario, como Bernardo Reyes, que no tiene más mérito que el de haber tiranizado a los infortunados Estados de Nuevo León, Coahuila, y Tamaulipas.

1 Véanse supra,arts. núms. 696, 705 y 735.