Regeneración, N° 52. 31 agosto 1901

EL GRAL. BERNARDO REYES CONSIDERADO COMO MILITAR.

En nuestro número anterior1 hemos visto que el Gral. Bernardo Reyes  no reúne las circunstancias que debe reunir un ciudadano para ser elevado a la Presidencia de la República. Como recordarán nuestros lectores en el artículo anterior hemos discutido las aptitudes del Gral. Reyes  considerándolo como empleado de la actual administración, que sabemos que es lo mismo que considerarlo como funcionario público, en virtud de ser éstos empleados o servidores de la voluntad del Presidente. Ahora vamos a considerarlo como militar.

No hacemos mención de los merecimientos, que por militar pudiese tener el Gral. Reyes para ser Presidente de la República, porque en realidad no los tiene. Su carrera militar no ha sido formada en los campos de batalla, luchando con un enemigo extranjero y exponiendo su vida por la independencia nacional. Si ha luchado en defensa de la Patria, ha sido en muy corta temporada; y si para ascender al alto rango de Presidente de la República, es uno de los factores para esta ascensión la defensa de la nacionalidad, hay millares de militares que han jugado la vida por hacerse libres en más de cien combates contra formidables fuerzas extranjeras, como no lo ha hecho el Gral. Bernardo Reyes.

En efecto, hay una infinidad de venerables veteranos que por la Patria han expuesto su vida y comprometido su hacienda, que tienen más méritos que el General Reyes para ocupar altos puestos, y que sin embargo, arrastran muchos de estos patriotas una vida penosa y obscura, olvidados ingratamente en esta época de complicaciones políticas.

El Gral. Reyes ha sido policía más que militar. No hablemos con pasión. Su carrera ha sido hecha persiguiendo bandidos. De modo que puede ser considerado perfectamente como un buen Jefe de Rurales, más que como Jefe de Ejército.

No exageramos ni habla la pasión; desafiamos alguien para que nos diga, que no es cierto que la vida militar del Gral. Reyes ha sido la de nuestros modestos rurales.

Mas como no es nuestra intención perder lastimosamente el tiempo en apreciaciones  que no traen ventaja alguna a nuestras ideas vamos a considerar al Gral. Reyes sencillamente como militar, sin entrar a investigar si merece ser General [nosotros creemos que no]  y si su carrera ha sido gloriosa o no ha sido tal.

Nuestro criterio ampliamente liberal, no puede aceptar que los militares sean Jefes de Estado. Desde luego,  nosotros no aceptamos la milicia permanente, la que se recluta por paga. Somos partidarios de la Guardia Nacional, la que hace que todos los ciudadanos sean soldados a la vez que ciudadanos, no como los soldados que ya tenemos, que son máquinas.

No podemos aceptar que los militares sean Jefes de Estado, porque el militar se encumbra, acostumbrado como está a tiranizar a sus subordinados, quiere tratar como a reclutas a los ciudadanos y tiraniza por los mismo al pueblo.

El afán de todos los militares a quienes ha sonreído la fortuna nunca ha sido la de educar al pueblo para hacerlo digno; su  anhelo ha sido esclavizarlo y declararse dictadores ya francamente, ya de un modo hipócrita o embozado.

Hay que tener presente que el militar se engríe con la fuerza que le dan las armas y donde quiera que el militar se encumbra, tiraniza al pueblo.

Pero como si no bastara la idea de que la milicia es la fuerza bruta y que por experiencia sabemos que la fuerza bruta se opone a la razón, porque la fuerza armada es la violencia y ésta es irracional; como si no bastara la dolorosa experiencia de que siempre hemos sido tiranizados por los soldados de fortuna, que no han considerado como fuerza la del Derecho, porque éste es inmaterial y ellos poseen la fuerza militar; como si no bastaran las anteriores reflexiones para comprender que no nos convienen los militares para la Presidencia de la República, vamos a abordar otra consideración, que por sí sola, como por cada una de las anteriores, basta para desechar la idea de elevar al General Reyes a la primera Magistratura del país.

El Militar es un enemigo inconsciente [consciente a la vez] de la democracia. El militarismo no permite que haya otro poder que el suyo. Su poder, por lo mismo es rival del poder del pueblo: la democracia. El militarismo, pues, en su orgullo, crea una clase, la militar, fortifica esa clase con otras clases que también odian al pueblo; la aristocracia y la clerocracia. Unidos estos tres elementos, explotan a su sabor al pobre pueblo, que en vano quiere hacer valer sus derechos, porque éstos son rechazados por las culatas de los fusiles; en vano quiere sus libertades, porque se le arrebatan con risibles pretextos de orden y de disciplina, como si la libertad fuese la indisciplina y el derecho el desorden.

El militarismo en el poder impone el régimen militar que es el régimen de las tiranías. Y nosotros ya no queremos tiranías, ya no queremos militarismo, porque a la vez es el aliado forzoso de la aristocracia y del clero, como que su aspiración suprema es la de la odiosa creación de las clases con todos sus funestos fueros, que convierten en parias a los hombres libres.

Queremos igualdad ante la ley. Los privilegios son cosa rancia que ha costado ríos de sangre a la Nación. Queremos ciudadanos y no soldados, porque el ciudadano no apela a más fuerza que la del derecho, y el militar se impone por la fuerza bruta, por medio de la violencia.

Es imposible que haya ciudadanos ahí donde todo se subordina a la violencia, y nosotros queremos que en nuestra Patria haya ciudadanos… El militarismo nos ha costado caro y duras opresiones hemos soportado de él.

Por lo anterior, no conviene a la Nación que ningún militar ocupe la Presidencia  de la República, y por lo mismo, no debemos postular a D. Bernardo Reyes para que desempeñe la Primera Magistratura del País, pues nos veríamos obligados  a soportar a otra Dictadura militar tanto o más, mucho más funesta, que la que actualmente soportamos.

1  Véase supra,art. núm. 696.