Regeneración, N° 56. 30 septiembre 1901

ALGO SOBRE LA ESCUELA PREPARATORIA

Creíamos que con la separación del funesto Castañeda y Nájera de la Dirección de la Escuela Preparatoria, concluiría la insolente, torpe e injusta actitud de los Prefectos de esa Escuela, educados en el ejemplo de la cuartelaria y ruda tiranía de aquel Director; pero nos ha decepcionado la nota que tenemos a la vista.

El Sr. Lic. Domingo Baz, Profesor de Literatura, encomendó a varios alumnos que presentaran composiciones literarias con el objeto de educar la originalidad y la inventiva en las producciones de sus discípulos.

Dos de éstos fueron aplaudidos por sus compañeros, lo que irritó a un jovencito Julián Sierra, protegido de Castañeda y Nájera, que funge, sin tener para ello carácter, ni personalidad, ni criterio, de Prefecto Superior, y ordenó el castigo de todos los alumnos, quienes permanecieron encerrados en la clase hasta las ocho de la noche.

Más aún, ese Prefecto pretendió que uno de los alumnos cuidara a los demás y denunciase a los que cometieran faltas, cargo que declinó el alumno designado, lo que llenó de mayor indignación a Sierra, quien dijo que era obligatorio delatar al que cometiera una falta, añadiendo que el no hacerlo era propio de una cuadrilla de bandoleros.

Aparte de la falta de criterio de ese Prefecto y de su pretensión de exigir a un alumno un servicio personal sin el consentimiento de éste, nos parece altamente desmoralizadora la conducta de Sierra. No debe tratarse a los alumnos con la insolencia de capataz y menos aún hostilizarlos con castigos a que no dan lugar. Si Castañeda y Nájera consentía esos actos nocivos, era porque ese ex Director merecía más dirigir un Cuartel que una Escuela, para lo que se requieren aptitudes y tacto que es imposible tengan las inteligencias mediocres y nebulosas.

Esperamos que el Dr. Flores no seguirá el camino trazado por su antecesor y que corregirá la virulencia de sus empleados, destituyéndolos, como destituirse a todo lo nocivo.