Regeneración, N° 57. 7 octubre 1901

MÁS SOBRE NUESTRA CAFRERÍA

Con sobrada indignación nos hemos informado de un escandaloso suceso que viene a comprobar nuestras afirmaciones de que necesitamos a gran prisa uniformar la opinión para que a su tiempo nos preparemos a elegir mandatarios netamente populares, porque no es posible soportar más la autocracia ensoberbecida que nos tiene encadenados.

El Sr. Lic. Juan N. Luna  vecino de la cuidad de Mapimí, tuvo el suficiente valor de denunciar en una hoja suelta las infracciones cometidas a la ley por los caciques de aquel Partido que conducían por la fuerza al pueblo a la fundación de la compañía de Peñoles para que trabajase a pesar del ambiente envenenado de que se respira en esa fundición.

Desde que se publico la hoja, Diciembre del año pasado, el Sr. Lic. Luna ha sido objeto de brutales atentados y ha vivido encarcelado casi todo este tiempo.

No conformes los caciques de Mapimí con las vejaciones de que ha sido objeto el Sr. Lic. Luna procuran por cuanto medio reprobado encuentran, abusar de la autoridad de que estaban investidos para deshonra de la Nación, en contra de su víctima.

Un bandido llamado Abundio Moreno, con la cobardía de los felones atacó al Sr. Luna por la espalda hundiéndole cinco veces un puñal. El agredido al caer agonizante  disparó un balazo que atravesó el vientre del asesino, quien a su vez cayó.

La inquina de los caciques se ha hecho notable en este asunto. Al agresor, lo condujeron a un magnífico alojamiento facilitado por la compañía de Peñoles, mientras que el agredido, el Sr. Luna con lujo de crueldad fue llevado a la cárcel sin consideración a la gravedad de sus heridas, y el médico de la cárcel, un monstruo de encallecido corazón y de sentimientos tan infames como los de los Moreno, que así se llaman los déspotas de Mapimí, se negó a detener la hemorragia que hacía desfallecer al desventurado Sr. Luna. En ese estado pasó la noche del agredido, sin auxilios de ninguna clase, mientras el agresor, el bandido Moreno era atendido por un enjambre de médicos costeados por la Compañía.

No obstante los cuidados de que fue objeto el bandido Moreno, hermano de los caciques, murió librando a la sociedad honrada de su criminal existencia. Los hermanos del bandido, los monstruosos caciques de Mapimí, han jurado vengar la muerte de su criminal hermano. Se esperan pues nuevos atropellos y nuevos vejámenes y las autoridades superiores de Durango permanecen impasibles ante tanto horror.

Con toda nuestra energía llamamos la atención al Gobierno de Durango sobre lo que acontece en Mapimí. La complacencia de los gobernantes para sus esbirros, no debe llevarse hasta el extremo de consentir crímenes que llenan de indignación a la sociedad. Hace varios meses, como motivo de la hoja suelta publicada por el Sr. Lic. Luna  denunciando los crímenes de los hermanos Moreno, de Mapimí, indicamos al gobernador de Durango la conveniencia de desterrar de aquella población a estos monstruos que no han hecho más que explotar al pueblo y matarlo, asesinarlo con las emanaciones ponzoñosas de la fundación de Peñoles, y hasta hoy el gobernador no ha puesto el remedio.

El Gobernador, si se siente débil ante la maldad de sus subordinados, debe renunciar, para que alguna otra persona, más apta que él para reprimir los crímenes, ocupe su puesto.

La maldad de los caciques de Mapimí es ya insoportable, y no son esos funcionarios, como los Moreno, los que dan lustre a una administración, por el contrario, sólo sirven para deshonrarla.

Los puestos públicos no deben ser ocupados por panteras desalmadas; pero no sabemos porque desgraciada circunstancia parece que las autoridades superiores han vaciado los presidios para poner a los criminales en muchos puestos públicos.

Es espantosamente horrible lo que acontece en la República. La vida de los ciudadanos está a merced de los caciques y ante tanta sangre, ante tan espeluznante cuadro de muerte, no sabemos porque hay aun individuos que llevan su bajeza al extremo de aplaudir una administración pública cuyos desaciertos escandalizan a los que nos preocupamos por la salud de la Patria.

En la República la denuncia de un crimen conduce a la cárcel al denunciante, y por este motivo los ciudadanos prefieren callar antes que comprometer su tranquilidad en manos de jueces venales y arbitrarios, pero nosotros no callamos, así pudieran acumulársenos procesos sobre proceso, porque no somos cobardes ni tememos la venalidad de los jueces sin honor. Sobre el atropello, sobre el abuso, está nuestra dignidad de hombres, por eso atacamos desde las más altas personalidades políticas hasta el más humilde de los mandatarios que conculcan nuestros derechos. Por eso atacamos al Gral. Díaz, porque no le tememos, escudados como estamos por nuestro derecho y alentados por nuestro amor a la Patria, mil veces más grande que todo el encono que contra nosotros pudiera desplegar la funesta Dictadura de Porfirio Díaz.