Escorpión

El Hijo del Ahuizote, núm. 824, 17 de agosto de 1902, p. 1453

La 2ª Reserva1

Es ridículo lo que pasa entre nosotros. En nuestro país se confirma la siguiente verdad; los pueblos sometidos a un régimen militar retrogradan en lugar de avanzar, y se afeminan perdiendo sus viriles energías.

Hace más de veinticinco años que el pueblo sufre la injuria del acicate. En todo ese tiempo no ha podido dar muestras de su poder, porque apenas intenta ejercitar un derecho, reclamar alguna reparación o alzar la voz para protestar contra el atropello y el abuso, se le reduce a culatazos, se le confina en hediondas mazmorras o se le diezma a disparos de fusil como si fuera un crimen el ejercicio de un derecho, un crimen la exigencia de una reparación y el más espantoso de los delitos la viril protesta contra el atropello y el abuso.

El régimen militar envilece; es el régimen de la obediencia pasiva, sin criterio, sin discernimiento. El jefe ordena y el inferior ejecuta sin titubeos, sin reticencias.

Ese régimen mata toda energía, todo impulso, toda voluntad engendra el servilismo y la noción de patria se pierde, se borra para tener presente tan sólo los despóticos preceptos de la Ordenanza y la rigidez de una disciplina enervante.

Por estas consideraciones, si no somos partidarios del militarismo, menos podemos serlo de la necia institución llamada 2ª Reserva.

Esta institución, creada para alcanzar fines personalistas, no puede ser simpática. Su autor, el ministro Reyes, que según su digno órgano El Popular2 será el sustituto del general Díaz en la presidencia de la república, cosa que no permitirá el Partido Liberal, no creó la 2ª Reserva para la defensa de la patria y de las instituciones, sino con el objeto de tener partidarios sumisos, incondicionales, susceptibles de dar su voto, de vender su conciencia en los comicios a cambio de un despacho de subteniente, de sargento o de cabo, o por satisfacer la vanidad pueril de calarse el antipático uniforme de los reservistas.

Y se hace todo eso, precisamente cuando la república necesita ciudadanos; se hace eso ahora, cuando el servilismo y la indiferencia han echado profundas raíces que debilitan los cimientos del edificio social.

En lugar de educar al pueblo en las prácticas democráticas, se le embrutece con la doctrina de los soldados y el servilismo de los cuarteles. Esto es, se prohibe que el ciudadano sea apto para la lucha política convirtiéndolo en instrumento, en cosa fácilmente manejable sobre la que se impondrá por más tiempo la voluntad soberana de los dictadores.

Da dolor contemplar a millares y millares de hombres marchando en desordenado tropel rumbo a los campos de instrucción. En sus rostros no se observa la marca del entusiasmo sano, del hermoso entusiasmo que causa el cumplimiento del deber, no. En esos rostros curtidos por todas las miserias, ajados por todos los vicios, sólo se traducen torpes y bestiales anhelos, locos impulsos de pasiones insanas que empujan a esa gente a instruirse en el odioso «arte» de la matanza…..

Y se saturan de ese «arte». Las evoluciones militares son aprendidas con asombrosa facilidad, con desesperante facilidad por esos hombres que en vez de ciudadanos quieren ser soldados, por esos hombres inconscientes de sus derechos.

¿Qué resultará de todo eso? Fácil es augurarlo. Esos hombres que sin instrucción cívica aprenden a manejar el fusil, son un peligro para el imperio de la Justicia. Ellos, sin criterio, sin energía y sin la voluntad que dejaron abandonada en el campo de instrucción al dejar de ser hombres convirtiéndose en soldados, serán el mejor apoyo en que se consoliden las futuras tiranías.

¡Pobre patria, no era bastante que tus hijos no fuesen ciudadanos, era preciso para el logro de ambiciones personales, convertirlos en instrumentos, en máquina, en soldados!

La instrucción de la 2ª Reserva es una mancha más para la actual administración pública.

– – – – NOTAS – – – –

1 Véase supra n. 3.

2 El Popular (1897-1904, 1906-1908), México, D. F. «Diario político poco-serio, independiente y de caricaturas» Dir. Francisco Montes de Oca.