Escorpión
El Hijo del Ahuizote, núm. 832, 4 de enero de 1903, p. 7, 10

Notas negras

La Charca se ha removido. Cayó Reyes y sus partidarios han comenzado a ensuciar con su propia inmundicia.

Era forzoso. Ellos, los manchados por la infidencia política; ellos, los alquilados de todos los ambiciosos, no podían permanecer serenos ante la derrota de su jefe y comienzan a sudar odio y fango.

Un papel, La Nación,1 nos ataca insidiosamente llamándonos "científicos" sólo porque hicimos caer a Bernardo Reyes.

El público sabe perfectamente que El Hijo del Ahuizote no es "científico". Pero si porque nosotros hicimos caer a Reyes, los partidarios del infortunado aspirante a presidente nos quieren atribuir ligas con el ministro Limantour, no lograrán engañar al pueblo. Nosotros, al atacar a Reyes hasta vencerlo, no tuvimos otra mira que la felicidad de nuestra patria. Reyes, para nosotros, es una amenaza para la tranquilidad del país. Sus obras como hombre público, hacen presumir que Reyes en la presidencia sería un tirano insoportable, y ya no queremos más tiranos.

El Hijo del Ahuizote no ha hecho antesalas en los ministerios esperando subvenciones. ¿Podrá envanecerse La Nación de haber obrado como nosotros?

¿No recuerda La Nación que el ministro Limantour se negó a subvencionarla, cuando fue esa hoja en demanda de unos cuantos dineros en pago de incondicionales elogios? ¿Podrá decir otro tanto de El Hijo del Ahuizote?

Pero era forzoso. Ellos, los manchados por la infidencia política; ellos, los alquilados de todos los ambiciosos, no podían permanecer serenos ante la derrota de su jefe y comienzan a sudar odio y fango.

La sociedad reclama un acto de justicia.

A la vindicta pública no le basta la destitución de Bernardo Reyes. Quiere más.

Quiere el proceso de ese militar.

¿Puede quedar impune el hecho de renunciar un grado militar? ¿Quedará sujeta al buen o mal humor del soldado la renuncia de su empleo en la milicia?

Bernardo Reyes fue un individuo que se distinguió por su rigorismo, casi napoleónico (sin llegar, por supuesto, al genio de Napoleón) en eso de gobernar soldados, y sin embargo, da el espectáculo de desechar los favores que ha recibido de su superior Díaz, renunciando los grados, que gracias a la magnanimidad de su jefe logró alcanzar.

A nosotros se nos ha procesado, dizque porque faltamos a la disciplina militar cuando pusimos en caricatura la pobreza de la 2ª Reserva2 y hay que tener en cuenta que no somos militares, ni apetecemos serlo. Sabemos trabajar.

Bernardo Reyes sí es militar, y, según entendemos, no es bueno que los soldados tiren los galones en un momento de mal humor.
Urge, pues, que se procese a Reyes, aunque tengamos el disgusto de tenerlo de vecino en la Prisión Militar de Tlatelolco.3

Varios jóvenes ansiosos de figurar sin peligro en la política del país, vendieron sus plumas al infortunado Bernardo Reyes, para atacar á su enemigo político, Limantour. No se sabe qué ofrecimientos se les harían á esos noveles escritores. El resultado fue que lucharon y por qué causa ¡por la de Reyes!

Ruda fue su labor, bramaron con energía ¡como que nada tenían que temer, pues Reyes, su futuro presidente, los apoyaría!

Y sucedió que Reyes, desconociendo los principios de solidaridad indispensables para que haya cohesión en los partidos políticos, los abandonó cuando se vio caído.

Esos jóvenes son los redactores de la hoja La Protesta.

Nosotros, enemigos de todo ataque a las garantías individuales; enemigos de todo acto de tiranía contra la libertad del pensamiento, protestamos contra la prisión de esos jóvenes a quienes la ambición personal de Reyes empujó a lanzar a la publicidad la hoja La Protesta.

– – – – NOTAS – – – –

1La Nación (México, D.F.; 1902), periódico redactado por Diódoro Batalla, Luis del Toro, Francisco Martínez Calleja y José G. Ortiz.

2 Véase la caricatura titulada "La huída a Egipto", publicada en EHA, no. 831, 28 de diciembre de 1902, pp. 1562-1563.

3 RFM, EFM, Federico Pérez Fernández y Evaristo Guillén permanecieron en la prisión de Santiago Tlatelolco hasta el 23 de enero de 1903.