Escorpión
El Hijo del Ahuizote, núm. 833, 11 de enero de 1903, p. 16

Dos ambiciones

Para ciertos espíritus la altura es la ruina. Poned zancos al enano y lo enloquecerá la altura.

Los espíritus superficiales, los espíritus débiles, viven felices su insignificante vida. Pero no los apartéis de su miedo trivial e inocente, que si hacéis tal, se alzarán, se hincharán de arrogancia al ver la felicidad con que han hecho invisible su indumentaria de grajos, disimulándola bajo el plumaje espléndido de los pavos reales.

Esto sucede en la política. En ella abundan los grajos disfrazados de pavos reales, muy especialmente en las autocracias.

En las autocracias el oropel reemplaza al mérito; el colorete es un adminículo indispensable para disimular ciertas deformidades.
Dos hombres vivían tranquilos su insignificante vida. Uno de ellos, soldado, pasaba su existencia recorriendo caminos, guarneciendo plazas, no ambicionando otra cosa que el descanso después de las fatigosas jornadas. Su vida regular y monótona de soldado en tiempo de paz no tenía accidentes ni contratiempos, construyendo el logro de un grado superior en la milicia el único ardiente anhelo que turbaba la calma de su existencia de cuartel. El otro, abogado y rico, distraía sus largos ocios en el bullicio de las populosas ciudades europeas. Su vida tranquila tampoco tenía accidentes, y la paz de su espíritu sólo era turbada por el silbato de la locomotora, cuando viajaba, o por la desabrida charla de la servidumbre de los hoteles.

Estos dos hombres son Bernardo Reyes y José Ives Limantour, cuyas ambiciones políticas han estimulado la curiosidad de todos los mexicanos.
Ninguno de los dos abrigaba esas ambiciones antes de ser extraído de su oscura e insignificante vida. Educados en un medio antidemocrático, no había para ellos horizontes políticos, ni luchas de partidos, ni actividad democrática en fin. Ellos, atacados de la misma enfermedad de la voluntad que desdichadamente aqueja a una inmensa mayoría de mexicanos, no se preocupaban ni poco ni mucho por los asuntos políticos del país, importándoles poca cosa la ruina de las instituciones republicanas, siempre que su vida mediocre y monótona se deslizara tranquila, sin accidentes, como conviene a los espíritus superficiales.

Pero el general Díaz tuvo en mala hora la idea de elevar a Bernardo Reyes y de colocar en el ministerio de hacienda a José Ives Limantour. Entonces esos dos hombres elevados de un modo tan brusco, comenzaron a sentir una inmensa sed de mando, una insoportable fiebre de grandeza y poderío.

Los dos llegaron a soñar lo imposible: la presidencia de la república.

Decimos lo imposible, porque el pueblo mexicano ha despertado ya y él impedirá que vuelva a entronizarse la ambición, porque sabe merced a una dura enseñanza de veinticinco años de autocracia, que sólo será feliz cuando ponga al frente de los destinos de la nación, a un hombre efectivamente patriota que represente la ley y acate la voluntad popular.

Los dos hombres se soñaron presidentes. Uno creó la 2ª Reserva y sostuvo hojas mercenarias como La Protesta, El Popular, La Patria1 y otras semejantes. Fundó clubs de reservistas, persiguió a la prensa liberal e independiente, disolvió clubs liberales. El otro buscó manos mercenarias que agitasen los incensarios El Mundo2 y El Imparcial, guardó en las arcas del erario millones que son un sarcasmo en presencia de la miseria pública. Y los dos se pusieron a soñar.

Hasta que un murmullo de general descontento los sacó de su arrobamiento, para ser despedido Reyes del ministerio de guerra, y recibir Limantour la orden de arreglar los asuntos de su cartera, porque también será despedido.

He aquí el fin político de dos hombres a quienes enloqueció la altura.
Como quiera que sea, la caída de Reyes y de Limantour será provechosa. Los dos son igualmente peligrosos.

Uno, el soldado, implantaría la ley marcial y los derechos todos estarían a merced de sus botas en sus accesos de mal humor. El otro aristócrata, sería el maniquí de una camarilla de intrigantes o "científicos" capaces de vender a la patria por un puñado de dineros.

Felicitamos al Partido Liberal por la caída de Bernardo Reyes y la trabajosa agonía política de José Ives Limantour. Son dos ambiciones funestas que se desploman para no volverse a levantar.

– – – – NOTAS – – – –

1 La Patria. "Diario político, científico, literario, comercial y de anuncios" (1877-1912). México, D. F. Dir. Ireneo Paz. 

2 El Mundo. "Edición diaria" (1896-1906). México D.F. Dir. Rafael Reyes Spíndola. Red. Carlos Díaz Dufoó.