Escorpión
El Hijo del Ahuizote, núm. 833, 11 de enero de 1903, p. 23, 26

Notas negras

Parece que la actual administración, que tanto teme el escándalo, tendrá que acabar en medio de un formidable escándalo causado por sus mismos miembros.

Ya es Reyes, que a fuerza de escándalo cavó su fosa política; ya Limantour que por ambicionar la presidencia, como Reyes, va a ser igualmente despedido del ministerio; ya son los gobernadores de los estados que sostenidos por Reyes o por Limantour, se lanzaron a hacer política siguiendo el ejemplo dado por sus profesores.

Blas Escontría, el reyista gobernador de San Luis Potosí, está procurando el mayor de los escándalos.

Le aconsejó Bernardo Reyes que pusiera en la cárcel a los bravos patriotas José Millán y Rafael B. Vélez, director e impresor respectivamente de El

Demófilo, y allí los tiene desde el 30 de julio del año pasado.

La conducta del conservador Escontría en el asunto de El Demófilo, no puede ser más reprochable. Los buenos liberales Millán y Vélez van a cumplir seis meses de prisión y nada se ha adelantado en su asunto.

Lo que acontece en San Luis Potosí no tiene nombre. En vano se declamará que en nuestra patria hay justicia. Mientras haya gobernadores como Escontría ni habrá justicia ni se respetará el ciudadano.

Por falta de espacio, no ponemos al público al corriente de lo que sucede en San Luis a los periodistas presos, pero nos proponemos hacerlo en próximos números1 para hacer patente el escándalo que con su política liberticida, está causando el clerical Escontría.

Los falsos liberales que garrapatean la hoja La Nación, ponen en la cuarta plana de ese papel una especie de programa liberal, tomado en parte, del que hizo circular el Club liberal "Ponciano Arriaga," de San Luis Potosí, cuando fungió de centro director de la Confederación de clubes liberales en la república.2

Asientan los liberales (?) que redactan La Nación "que la independencia nacional exige para su conservación, como bases fundamentales, la observancia de la Constitución de 1857 y de las Leyes de Reforma; que la actual jurisprudencia sobre delitos de Imprenta es atentatoria a la

Constitución y a la Libertad; que la inviolabilidad de la vida humana, muy principalmente en asuntos políticos, es la base única sobre la cual pueden descansar en nuestra patria el orden y la Paz; que constituye un verdadero ataque al sistema federativo y a la Soberanía de los estados, la formación de nuevos territorios; que el pensamiento del Partido Liberal, su amor a las instituciones y su fe en el porvenir de la patria, rechazan la política de conciliación", etc., etc., etc.

Lo anterior, en un periódico como El Hijo del Ahuizote, no tendría nada de extraño, porque nosotros efectivamente luchamos por la integridad de las instituciones holladas por la dictadura; pero un periódico reyista como La Nación que no titubea en llamar "inmensa" a la obra del general Díaz; que no siente rubor al declarar que sólo bajo el amparo (sic) del general Díaz el pueblo puede organizarse para ser digno de la libertad que con inaudito desplante afirma que el mismo general Díaz sintetiza las aspiraciones, las glorias, los entusiasmos y los ideales de toda una época, en suma, en un periódico que enaltece la labor nada liberal del general Díaz, nos choca ver estampados principios que sólo los liberales tenemos el derecho de invocar.

La administración pública de Veracruz; se ha manchado más aún. El pueblo veracruzano ha sufrido un nuevo ultraje.
La camarilla dehesista, capitaneada por el ex-poeta Díaz Mirón,3 se ha burlado a su sabor de ese pueblo digno de mejor suerte.
Los liberales veracruzanos hicieron conocer su candidatura para el ayuntamiento de 1903, y eso bastó para que la intriga oficial hiciera sentir su influencia sobre el paciente pueblo, imponiéndole una dictadura absolutamente impopular y odiosa.

Exceptuando al señor profesor Esteban Morales,4 que es persona querida y respetada del pueblo, los demás individuos impuestos por la corrompida camarilla que adula a Dehesa, son de esos a quienes nada importan las necesidades públicas y cuyo principal anhelo, cuyo único afán, consiste en granjearse de cualquier modo la protección de los poderosos.

Este nuevo golpe asestado a la democracia, hará comprender al pueblo que en nuestra patria no habrá libertades, ni derechos, ni justicia mientras pese sobre nosotros esa alianza funesta del sable y de la sotana, que amenaza llevarnos al caos, si antes no se remedia nuestro modo de ser político.

Día a día, momento a momento, se hace burla de las garantías individuales. ¿No es vergonzoso todo eso? ¿Cómo habrá de prestigiarse una nación donde la ley es objeto de burla y de escándalo?

Los que nos preocupábamos por el prestigio de la patria, no podemos menos que protestar enérgicamente contra lo que ocurre en Veracruz.

Deben tener en cuenta los poderosos, que el pueblo es dócil y es bueno, pero no hay que abusar de su bondad.

¿Qué quiere el reyismo? ¿Por qué después de la derrota no ha procurado esconder su miseria? ¿Qué es lo que ha pensado hacer ese desventurado partido? ¿La revolución?

La torpe renuncia que hizo Bernardo Reyes de la banda de general de división, nos hace cavilar.

Él, tan afecto a la ostentación de los galones; él, que se desvivía por hacer del ejército una institución aparatosa y deslumbrante; él, que se encantaba con el híbrido lujo de los uniformes, y que no podía dormir tranquilo si no había tenido al frente media docena de botones de cobre, después de haber pasado revista a los deslucidos uniformes de los militares; él, cuyo mal educado oído encontraba filigranas en el salvaje estruendo de los parches y consideraba almibaradas armonías el bronco ruido de los trompetazos de los reclutas; él, que consideraba suspiros el piafar de los caballos, nubes de incienso el polvo de las carreteras y rumor de alas el chasquido de las "guarniciones" de la tropa; él, no podía desechar tan fácilmente la banda que acariciaba su cintura.

Era, pues, preciso, que algo mil veces más fuerte que su pasión por los soldados lo empujase a desceñirse una banda y deshilvanarse unos galones que eran toda su ilusión. Ese algo era su sed de mando.

Vio que la presidencia se le escapaba y quiso aferrarse al gobierno de Nuevo León. Pero la legislatura de Nuevo León decretó que los militares en servicio activo no podían ser gobernadores. Entonces fue cuando subordinó su pasión por los arabescos militares a la sed de mando que le aqueja y renunció a las insignias que sólo debe a la magnanimidad del presidente Díaz.5

Empero, su estratagema no le surtió el deseado efecto. Siguió con su inmerecido grado en la milicia y dejará de ser gobernador de Nuevo León tan pronto como termine su periodo.

– – – – – NOTAS – – – – –

1 Véase El Hombre Gris, [Santiago de la Hoz] "A los presos de San Luis. Señores José Millán, Rafael B. Vélez y Dionisio L. Hernández", en EHA, no. 838, p. 101.

2 "Manifiesto a la Nación" fechado el 4 de noviembre de 1901, en la ciudad de San Luis Potosí, firmado por Camilo Arriaga y José Ma. Facha, publicado en El Porvenir y Renacimiento.

3 Salvador Díaz Mirón (1853-1928) poeta y político veracruzano. Partidario del gobernador Teodoro Dehesa. Diputado federal en varias ocasiones a partir de 1884 y secretario del Ayuntamiento de Veracruz en 1888. Se hizo popular por sus duelos de honor. Encabezó la persecución contra el guerrillero Santana Rodríguez Palafox en 1910. Dirigió El Imparcial durante el régimen de Victoriano Huerta; a la caída de éste se exiló en España. Regresó al país en 1919. Autor de Las cosas sin alma (1888) y Lascas (1901).

4 Esteban Morales (¿ -1908). Pedagogo y liberal español. Secretario de Benito Juárez. Primer director del Instituto Veracruzano. Regidor de Instrucción Pública en el puerto; promotor y presidente del primer Congreso Pedagógico (1872). Rector del Instituto Veracruzano hasta su muerte.

5 Véase supra, n. 88