Escorpión

El Hijo del Ahuizote, núm. 834, 18 de enero de 1903, p. 35

¿Qué intenta el reyismo?

Los últimos acontecimientos políticos han puesto en conmoción al país. La caída de un tirano no puede pasar inadvertida, y por eso es por lo que todas las conciencias se estremecieron al saber que Bernardo Reyes había caído.

Los hombres sensatos no podían presenciar con calma las proporciones colosales que iba adquiriendo la ambición política de un hombre cuya trágica historia administrativa auguraba la miseria y el horror de un pavoroso porvenir político…..

¿Qué hubiera sido de nuestra patria si Bernardo Reyes logra realizar sus ambiciones? ¿A qué caos nos habría conducido el delirio marcial de ese soldado? ¿Se habría avenido el derecho a la exigencia del machete? ¿Habría soportado el pueblo la insolencia de la tiranía?

No: el pueblo se levantaría en armas para borrar la afrenta y ahogaría en torrentes de sangre el orgullo de sus mandones…

La revolución hubiera sido la resultante del encumbramiento político de Bernardo reyes.

El público recibió con agrado la caída de ese militar, porque con ella se desvanecía el temor de que estallara en el futuro una formidable revolución.

Pero ahora ese mismo público que ayer batió palmas por el derrumbamiento del tirano probable, comienza a interrogarse intranquilo sobre la suerte que está reservada a nuestra patria….

Y eso se debe a que la noticia que circuló como rumor de que el general Reyes pretende entronizarse, casi se está confirmando.

En efecto. ¿Qué significa el hecho de renunciar el grado militar con que Díaz favoreció al ex ministro de la guerra? ¿Por qué cuando no se veía libre del estupor que le produjo la destitución, se apresuró a tomar el ferrocarril que debía conducirlo a Monterrey? ¿Por qué tan pronto como llegó a

Monterrey, sin darse un momento de reposo, tomó posesión del gobierno de Nuevo León? ¿Por qué citó con una festinación que alarma, a todos los alcaldes primeros de las municipalidades del Estado? ¿Por qué citó del mismo modo a los politicastros del estado de Coahuila? ¿Por qué toma tanto empeño en hacer correr la absurda versión de que hoy, más que nunca, goza de toda la confianza del general Díaz? ¿Por qué acabado de llegar a
Monterrey, ordenó que el cabo de Rurales de Colombia, N. L., un tal José Ma. Herrera1, substituyese a Crescencio López, Alcalde 1º de Lampazos? ¿Por qué ordenó que su instrumento ciego José Ma. Correa2 funja de comandante de policía en Lampazos? ¿Por qué a dejado de jefe de rurales en
Lampazos al igualmente célebre Pedro Hernández? ¿A qué conduce la versión que neciamente propalan sus paniaguados de que el general Francisco Naranjo104 procura derribarlo del gobierno?…

Todo esto significa que Bernardo Reyes desea la presidencia de la república; pero es bueno que sepa de una vez, que el pueblo no le permitirá encumbrarse; que nosotros, como parte de ese pueblo, no se lo permitiremos.

Reyes al renunciar a su grado militar, por cuyo acto merece un proceso, tuvo en cuenta que su carácter de soldado en servicio activo le cerraba la entrada al gobierno de Nuevo León en una próxima reelección. Por eso renunció al grado militar. Y lo que la necedad atribuyó a patriotismo, a altruismo, no fue otra cosa que el resultado de un cálculo egoísta. La constitución de Nuevo León, reformada por orden de ese soldado, prescribe que los soldados en servicio activo no pueden ser gobernadores. Eso lo ordenó cuando en su fiebre de mando se soñó presidente de la república y para impedir que los generales Treviño3, Naranjo4 y Garza Ayala5 pudieran ser gobernadores del estado.

En su inmensa megalomanía, jamás consideró el ex ministro que las armas que forjaba para debilitar a sus enemigos, tendrían que volverse en contra suya. Como decíamos en nuestro número anterior6, para ciertos espíritus la altura es la ruina; la mayor de las locuras era poner zancos al enano, porque ese enano se crecerá, se hinchará. …

Eso sucedió a Bernardo Reyes … Se soñó grande, inmenso … Los zancos trastornaron su cerebro, se enloqueció y él mismo se dio muerte. Él ordenó a la legislatura de Nuevo León que decretase que los militares en servicio activo no pueden ser gobernadores del estado, y él quien envalentonado por el éxito prescribió el retiro forzoso en la milicia….

Fue que se soñó presidente…

La presencia de Reyes en Monterrey es bastante peligrosa. Ese funcionario ha ordenado a los alcaldes de las municipalidades que lo designen para gobernador del estado en la próxima lucha electoral, y se dice que está influyendo para que la legislatura derogue el decreto sobre la incapacidad de los militares en servicio activo para ocupar el puesto de gobernador.

No puede caber duda alguna acerca de las ambiciones políticas de Bernardo Reyes. La afluencia de politicastros de Coahuila en Monterrey da en que pensar, porque ¿qué explicación podrá darse a la presencia de esos individuos en la capital de Nuevo León?

Por todos estos datos, el pueblo de la república se muestra inquieto, y si cuando salió Reyes de la capital tuvo por acompañante la ironía de todo un pueblo, ahora, gracias a las intrigas del reyismo, esa ironía se está convirtiendo en espanto y ese espanto amenaza tornarse en pánico.

Nosotros damos la voz de alarma para que el pueblo sepa, llegado el caso, sofocar ambiciones políticas que ocasionarán la ruina de la patria, si no se muestra pujante y grandiosa la voluntad nacional.

– – – – – NOTAS – – – – –

1 José María Herrera. Alcalde de Lampazos, N. L.. Participó en la persecución del bandolero Juan Rodríguez (a) El Coyote.

2 José Ma. Correa. Policía de Lampazos, N. L.. Ejecutor de las represiones ordenadas por Bernardo Reyes contra los liberales de la localidad

3 Francisco Naranjo. (1839-1908). Militar liberal lampacense. Participó en la guerra de Tres Años. Combatió la intervención francesa y al imperio bajo las órdenes de Mariano Escobedo. Secundó los planes de La Noria y Tuxtepec. Fue ministro de guerra (1882-1884), durante la presidencia de Manuel González. A su retiro del ministerio, mantuvo relaciones tensas con el régimen de Bernardo Reyes. En 1888, fue director del Ferrocarril Nacional Mexicano.

4 Gerónimo Treviño. (1836-1914). Militar y político liberal neoleonés. Tomó parte en múltiples acciones militares en las guerras de Reforma e Intervención; en ésta, comandó la Legión del Norte. Al triunfo de la República gobernó Nuevo León, de 1867 a 1871. Partidario de los planes de La Noria y Tuxtepec. Ocupó el Ministerio de Guerra (1881-1883). Durante la presidencia de Mnauel González obtuvo la concesión del ferrocarril de Monterrey al Golfo. Se retiró del ejército en 1884, por presiones de Porfirio Díaz. Al triunfo del maderismo fue jefe de la 3ª zona militar en Monterrey. Gobernó el Estado en 1913, época en la que Venustiano Carranza le ofeció el liderazgo de la revolución constitucionalista, responsabilidad que rechazó. Murió en el exilio.

5 Lázaro Garza Ayala (1830-1913). Abogado y militar liberal regiomontano. Participó en las guerras de Reforma e Intervención; en ésta, fungió como lugarteninete de Jesús González Ortega. Al restaurarse la República, presidió el Tribunal Superior de Justicia de Nuevo León. Gobernador interino en 1869-1870, 1872 y constitucional, de 1887 a 1889. Porfirio Díaz se valió de su enfrentamiento con los cacicazgos loclaes, para debilitar la influencia de Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo, e imponer a Bernardo Reyes.

6 Véase supra, Art. 20, «Dos ambiciones».