Escorpión
El Hijo del Ahuizote, núm. 835, 25 de enero de 1903, p. 57

Notas negras

¿Para qué derramar más sangre? ¿No está aún suficientemente empapado el suelo nacional?

El señor Martín J. Stecker, director de El Trueno va a ser conducido de la cárcel de Linares a la de Montemorelos, N. L., ciudad que dista doce leguas de la primera.

El decoro de la nación exige garantías. Ya es tiempo de que cesen en el país los atropellos que le han dado triste fama en el extranjero. Es preciso que se sepa que en México se respeta al ciudadano, para que no se nos tache de cafres.

El general Díaz debe poner coto a los atentados que nos desprestigian. Sepa Díaz, que Bernardo Reyes telegrafió a un tal Joaquín Benítez, que se dice doctor y desempeña el cargo de alcalde 1º de Linares, para que este individuo formulase acusación contra el señor Stecker, a fin de que el periodista independiente no presentara al pueblo la candidatura del señor licenciado Francisco E. Reyes1,que es simpático a los hijos de Nuevo León.

Excitamos a la prensa toda a que exija del gobierno las garantías por cuya ausencia sufre mengua el prestigio de nuestra infortunada patria.

Por nuestra parte, exigimos que se nos garantice la vida de nuestro hermano en la prensa, señor Martín J. Stecker. Ya no queremos calabozos. Estamos hartos de víctimas.

Decididamente a Bernardo Reyes lo pierden sus insufribles impulsos.

Recordarán nuestros lectores que Reyes pretendió confundir al buen liberal general Manuel Sánchez Rivera, y al efecto ordenó que se le procesase por haber intervenido en el reto que hizo el patriota ciudadano licenciado Antonio Díaz Soto y Gama al ex-militar y actual policía Pedro González Gutiérrez, reto que rehuyó éste.

Reyes ordenó al general Joaquín Z. Kerlegan2 que declarase que él, Kerlegand, había prohibido militarmente al señor Sánchez Rivera que interviniera en el duelo a que el señor Soto y Gama retó a su injuriador González Gutiérrez, a lo que se negó el señor Kerlegand, porque comprendió que por encima de las intriguillas del impulsivo ex-ministro, debería estar su honor de militar y de caballero.

Reyes, aconsejado por el despecho, se puso entonces de acuerdo con su instrumentillo Blas Escontría y acordaron despachar a Kerlegand a Yucatán para que la fiebre amarilla o el paludismo se encargasen de vengar el desaire que el honor militar del jefe de la zona de San Luis Potosí corrió al infortunado aspirante a presidente pero fue entonces cuando la nación celebraba con una carcajada inmensa la caída del pícaro de la política mexicana. Y Kerlegand no fue confiado a Yucatán.

Sin embargo, Kerlegand debe desconfiar de Blas Escontría, Escontría es clerical y ya se sabe, para los clericales el fin justifica los medios.

Recuerde Kerlegand, que por Escontría perdió el ameritado general Julio M. Cervantes3la Jefatura de la zona militar de San Luis Potosí.

– – – – – NOTAS – – – – –

1
Francisco E. Reyes. Abogado y juez neoleonés. Protegido del exgobernador Lázaro Garza Ayala. Antiguo aliado de Bernardo Reyes fue postulado para gobernador de su estado natal por la Convención Electoral Nuevoleonesa, en oposición a Reyes (1903). Simpatizante del grupo científico.

2 Joaquín Zeferino Kerlegand. (1838-1908). Militar liberal tamaulipeco. Combatió la intervención francesa y el imperio en Puebla y Tamaulipas. Jefe de la prisión de Santiago Tlatelolco (1882) y jefe de armas de Yucatán (1886), Sinaloa (1887) y Campeche (1888), de donde fue gobernador hasta 1891. Gobernador interino de Tabasco (1891-1892) y comandante militar del mismo hasta 1903. Dirigió la Cárcel de Belén de 1904 a 1906.

3 Julio M. Cervantes. (1839-1909). Militar queretano. Combatió la Inetervención Francesa y el Imperio. Gobernador de Queretaro (1867-71). Combatió al general Trinidad García de la Cadena. Se opuso al Plan de la Noria. Diputado federal.