Escorpión
El Hijo del Ahuizote, núm. 849, 3 de mayo de 1903, 276-7

La situación de nuestros compañeros en Belem

Prometimos seguir hablando1 de las vejaciones de que son víctimas en la cárcel de Belem nuestros compañeros los señores Juan Sarabia, Ricardo y Enrique Flores Magón, Alfonso Cravioto y Santiago R. de la Vega.

Juan Oscuras, el hombre que disparó sobre la patria sirviendo a las órdenes del pirata Maximiliano ha continuado ejercitando una tiranía sin límites.
Arbitrariamente ha impedido que los defensores de nuestros compañeros hablen con ellos. Se le pregunta la causa de su determinación y contesta: "es orden superior," o bien "no tengo que dar explicaciones de mis actos," o "no me da la gana permitir la entrada", o con frases del estilo dichas en el tono agrio y gruñón de los sátrapas de presidio.

Como los defensores de nuestros compañeros son personas bien educadas, no pueden contestar en igual tono al cancerbero Oscuras y tienen que soportar la iracundia de este neroncillo asalariado.

El martes de la semana que hoy termina, ocurrieron a hablar con nuestro Director, nuestras correligionarias Sra. Juana B. Gutiérrez de Mendoza y Srita. Elisa Acuña y Rosete2,Directora y Redactora respectivamente de nuestro valeroso colega Vésper, y defensoras del señor Juan Sarabia. Un empleadillo, verdadero sultán de a quince pesos mensuales, ordenó por disposición del imperialista Juan Oscuras, que se humillara a las señoras, y al efecto Vicente Arriaga, encargado de registrar a las presas, y que goza de singulares preferencias por parte de Oscuras, registró a las escritoras sin miramiento a su sexo y sin respetar su carácter de defensoras. No satisfecho Oscuras con esa humillación, dispuso que las señoras permanecieran de pie por todo el resto de su visita, a pesar que había asientos en que descansar.

Estas disposiciones absurdas del sujeto que disparó sus armas sobre México, combatiendo contra la independencia de la patria al lado del usurpador Maximiliano, revelan la nada exquisita educación de Oscuras y la inquina que a nuestros compañeros tiene el bilioso cancerbero.

Oscuras ha puesto en tortura su escuálido cerebro en busca de nuevas torturas con que mortificar a nuestros compañeros y ha ordenado que los señores Juan Sarabia y Santiago R. de la Vega permanezcan en el sucio patio de la Prisión sufriendo los rigores del sol y de la lluvia…

Hay más; Oscuras, el imperialista que atentó contra la vida de la madre común, la Patria Mexicana, ha impedido la circulación de periódicos en el interior de la cárcel, contraviniendo órdenes terminantes de la Junta de Vigilancia de Cárceles que consienten la lectura de diarios y revistas. Pero Oscuras ningún aprecio hace a las juiciosas indicaciones de la Junta, jactándose, por el contrario, de no atenderlas y por esa circunstancia los patios manan fango; las galerías están invadidas por todo género de bichos asquerosos; a los presos se les dan como por misericordia fracciones de nauseabundos petates y en los mermados alimentos no es difícil encontrar sucias alimañas.

Todo esto merece detallarse para que el público sepa cómo gobierna la cárcel el ex coronel Oscuras, el hombre que trató de asesinar y arrebatar la honra de la Madre común, la Patria Mexicana.

En los próximos números ampliaremos nuestros informes.

Por ahora, volvemos a protestar contra los procedimientos del imperialista Juan Oscuras. Es una vergüenza para el país que ese cancerbero ultraje a la civilización en la capital de la República. Ese mal empleado debe ser destituido.

Es preciso que los cancerberos comprendan que no son verdugos y que las personas reducidas a prisión por cualquier delito o por cualquiera infame calumnia, o por la odiosidad que profesa la corrompida Administración del general Díaz a los hombres dignos, es preciso, repetimos, que los carceleros comprendan que los presos son hombres y no bestias feroces contra las que pueden ejercitarse violencias y vejaciones.

Urge, pues, la destitución de Oscuras.

– – – – NOTAS – – – –

1 Véase, supra., art. 36,  “Nuestros compañeros en Belem”.

2. Elisa Acuña y Rosete (ca. 1887-1946). Periodista liberal hidalguense. En 1901 participó en el Primer Congreso de Clubes Liberales. Colaboradora del periódico Vésper (México, D. F.). Militó en el Club Antirreeleccionista Redención;  fue redactora de su órgano informativo. Amabas redactaron el periódico Fiat Lux de tendencia socialista antes de su exilio en San Antonio, Tex. En 1908 volvió al país, editó Socialismo Mexicano y reanudó la publicación Fiat Lux. Apoyó la candidatura de Madero en 1911. A la muerte de éste, se opuso al huertismo. Colaboró con las fuerzas zapatistas como propagandista en Puebla, y más tarde fue enlace entre zapatistas y carrancistas. Permaneció fiel al Ejército Libertador del Sur hasta abril de 1919. Al término de la revolución ocupó cargos directivos en el Consejo Feminista Mexicano y en la Liga Panamericana de Mujeres.