Anakreón
El Colmillo Público, núm. 52, 4 de septiembre de 1904, p. 540 .

Reyistas y científicos

Cuando el doctor Mendizábal comunicó en el seno la llamada Convención Nacional1 que el candidato oficial para la Vicepresidencia de la república era don Ramón Corral, los expectantes de las galerías de la Cámara de diputados sufrieron una desagradable sensación y el doctor Mendizábal tuvo que abandonar la tribuna en medio de una silba espantosa y ruidosa.

Fue que el obscuro nombre de Ramón Corral no provocó un solo entusiasmo, no levantó un solo aplauso, ni tuvo el poder de arrancarle a garganta alguna la aclamación con que el entusiasmo acaricia a los hombres que viven en el corazón de sus conciudadanos.

Fue también que el pueblo, que es vidente y cuyo buen sentido es innegable, vio esbozarse detrás del maravilloso encumbramiento de don Ramón Corral un porvenir cargado de amenazas.

Recién llegado a las esferas de la alta política, sin un pasado glorioso, sin haber agigantado su nombre en las pugnas cívicas ni ostentar en las sienes los laureles que la victoria concede al púgil, don Ramón Corral nunca podrá tener prestigio suficiente que le dé poder y que le otorgue autoridad entre los millones de mexicanos que pueblan la república, dignos muchos de ellos de los más altos puestos.

He ahí por qué la oscura personalidad de don Ramón, al saberse su encumbramiento, produjo en las galerías de la Cámara de diputados una sensación desagradable y en la república el presentimiento de un porvenir pavoroso.

Hay más. Para nadie es un misterio que el personal político de la administración actual está compuesto de dos elementos que constituyen otras tantas camarillas que, aunque fingen adhesión al jefe del Ejecutivo, intrigan cada una por su lado para apropiarse el poder cuando el general Díaz desaparezca del escenario político. Esas dos camarillas e denominan públicamente "científicos" y "reyistas".

"Científicos" y "reyistas" fingen, como se ha dicho, adhesión al jefe del Ejecutivo, como éste buscan y obtienen apoyo del clero, pues sabido es que el clero es incondicional aliado de los gobiernos militares, pero ambas camarillas se han jurado una guerra a muerte y sólo la ausencia de valor político ha impedido que llegaran a las vías de hecho.

Ambas camarillas se disputan la vicepresidencia de la república, como el puesto más aprobado para ejercer, llegado el caso el dominio de la nación, sueño dorado de esas dos banderas reconocidas públicamente como incapaces de asumir una actitud resuelta, pero no por eso menos peligrosas por la labor de intriga y de sombra que con actividad practican para hacerse dueñas del poder.

Recayó la designación, que no la elección, en don Ramón Corral, el golpe asestado a las dos camarillas fue rudo. Poco o nada escrupulosos los "científicos" abandonaron a su Jefe (Limantour) y hoy imploran la protección de don Ramón Corral.

Quedan por lo tanto los "científicos" en la posición que deseaban, adhiriéndose al vicepresidente después de dar la espalda a su antiguo Jefe. Pero desde luego cabe preguntar: ¿el General Reyes permanecerá inactivo ante el triunfo de los que le disputan el mando?

Evidentemente, Bernardo Reyes ha acariciado bastante tiempo la idea de ser presidente de la república para que se le pudiera considerar conforme con el nombramiento de don Ramón Corral. La aparatosa caída del ex-ministro de la Guerra no debe haber pasado sin dejar huella de hiel en el corazón del que por unos instantes se soñó el más grande de los mexicanos para despertar atado a la modesta silla de Nuevo León.

Y así ha sido en efecto. Además, Bernardo Reyes está demasiado viejo; su ambición política no decae; por el contrario, cada vez se manifiesta más vehemente como que ve horrorizado, que el tiempo avanza, que sus canas aumentan, que sus músculos se debilitan y que quizá no está lejano el día en que lo abandone la vida y que con ella se desmoronen las ambiciones no satisfechas.

Bernardo Reyes es impopular, pero trata ahora de recomendarse, ya que no por buenas obras, al menos protegiendo periódicos tan faltos de honorabilidad como los periódicos "científicos".

El gobernador de Nuevo León trabaja sin descanso. Cada arruga nueva que sorprende en su rostro, cada nueva cana que aparece en su cabeza son aguijones que le torturan y le recuerdan que debe estar en el poder antes que don Ramón Corral a riesgo de llevarse a la tumba sus deseos jamás cumplidos.

Esa pasión de mando de que adolece el general Reyes y que lo ha conducido a desaciertos mil que lo han hundido en el desprestigio, indudablemente que no quedará ociosa.

¿Qué hará don Ramón Corral ante la ambición de don Bernardo Reyes?

Don Ramón Corral sin prestigio, sin simpatías, rodeado del grupo "científico" que repugna a las personas serias, sin apoyo en el pueblo, sin merecimientos que den autoridad a su voz, será impotente para contrarrestar la vigorosa labor de su senil adversario.

Afortunadamente el Partido Liberal Puro, hoy alejado del poder, no pierde de vista las maquinaciones de los "científicos" y de los "reyistas" y en caso de que estas dos funestas camarillas traten de encender la discordia, se hará respetar.

– – – – NOTAS – – – –

1 Refiérese a la Convención del Partido Nacionalista efectuada los días 6 y 7 de junio de 1904, presidida por Antonio Tovar y Gregorio Mendizábal. Éste, por orden de Porfirio Díaz, pronunció un discurso lanzando la candidatura oficial. Ramón Corral salió electo con 119 votos, seguido de Ignacio Mariscal con 72, Limantour con 6 y Bernardo Reyes con 1.