Anakreón
El Colmillo Público, núm. 53, 11 de septiembre de 1904, p. 254, 255

El libelo de Bulnes

Es acción cobarde, es felonía supina ultrajar al indefenso. El libro que Francisco Bulnes acaba de publicar con el nombre de El verdadero Juárez1, esentífico" ha lanzado a la faz de la nación, en los momentos en que el pueblo tiene sobre sus espaldas el látigo del capataz y cuando sufre la tiranía del cacique, cuando es barrido por la mirada oblicua del polizonte y advierte la vecindad de las bayonetas.

El libro de Francisco Bulnes es un reto cínico, cobarde, brutal. Ese libro ha sido lanzado en los momentos en que no se puede exhibir, no se puede examinar la intención perversa que brota del fondo de la obra y la tendencia malsana de Bulnes que salta de página en página como un sapo en las piedras de una charca.

Bulnes, en su libro, injuria a Juárez y ultraja a la patria. Para llegar a esos fines, Bulnes se vacía la sangre mexicana que lleva en las venas y se satura de veneno, se atiborra de lodo y como un cerdo embriagado, pasa el hocico sobre lo que brilla, sobre lo que es cumbre, sobre lo que es gloria: sobre la memoria venerada de Benito Juárez. El libro de Bulnes no es la manifestación sincera de un convencido. Es baladro con que el perro sarnoso quiere ahuyentar a la luna en las noches plácidas. Es la coz con que castiga el mulo al tronco donde está atado. Es la vociferación que el pulque pone en la boca del borracho contra la decencia y la virtud. Es la mirada del libertino que devora las carnes de la doncella a través de los vestidos.

Bulnes mejor que un iconoclasta es un histrión, un desteñido payaso de feria que queda satisfecho cuando al agitar sus arambeles logra arrancar un aplauso al clericalismo imbécil.

Bulnes pretende hacer la historia de Juárez y para ello mutila documentos, inventa hechos, hacina hipótesis estúpidas, tergiversa verdades, aglomera números sacados de su cerebro enfermo y enseguida, con la desfachatez del lépero que descarga el vientre en medio de la multitud asqueada, sale a la vía pública agitando su libelo que es recibido con aplauso en las sacristías, aceptado con fruición por los traidores, aclamado hasta el delirio por esa camarilla tenebrosa que se da a sí misma el desprestigiado título de "Partido Científico", y frailes, traidores y "científicos" en su embriaguez de bestias, llaman valor civil a la temeraria desfachatez de Bulnes.

Juárez, indio insigne; Juárez, el único que en México ha sido, como lo fue Jorge Washington en los Estados Unidos del Norte, el primero en la guerra, el primero en la paz, y, sobre todos los hombres, el primero en el corazón de sus conciudadanos; Juárez, el liberal más grande, el estadista notable, con que se honra la patria; Juárez, el magnánimo que no necesitó del terror para sostenerse en el poder, porque era inmenso; Juárez que tenía la conciencia de su popularidad y por esa circunstancia no amordazaba a la prensa, no dejaba en libertad a sus ministros para no estorbar sus iniciativas y obedecía como demócrata los mandatos del Congreso al que no imponía el silencio; Juárez, el austero ciudadano que no tomaba en alquiler los cerebros de los intelectuales; Juárez, el gobernante paternal ante cuya firmeza se estrellaron las acciones de los revolucionarios, porque su fuerza residía en su popularidad y no en las bayonetas y en los calabozos; Juárez, el autor de la Reforma; Juárez el sostén de la bandera republicana cuando los "científicos" de la época de la Intervención arqueaban el espinazo ante el pirata Maximiliano de Habsburgo; Juárez, el justiciero que en las Campanas hizo que los bandidos Maximiliano, Miramón y Mejía pagaran el crimen de lesa patria; Juárez el virtuoso que no se hizo millonario con el dinero del pueblo y que murió pobre como todo hombre honrado; Juárez que no comprometió el porvenir de la patria con empréstitos ruinosos, que no reconoció la inicua deuda inglesa, que supo preferir al mexicano y no al extranjero, que respetó y observó fielmente las instituciones democráticas; Juárez, símbolo de la honradez pública, símbolo de la libertad, no ha podido ser manchado por la aclamada calumnia de Francisco Bulnes.

La historia no se escribe por salario ni se extrae de su barranca a un payaso vulgar para que entre bufonadas y contorsiones de histérico haga la biografía de los grandes hombres.

El llamado partido "científico" se ha exhibido. Ese partido de aves de rapiña ha lanzado un reto formal a la nación, creyéndola muerta. La nación no está muerta; está maniatada ¡pero las ligaduras no son eternas!

El llamado partido científico ha querido pulsar al pueblo y con terror ha visto que no ha muerto el pueblo, que alienta y que ante la osadía de Bulnes ha lanzado un rugido de león enjaulado. ¿Qué busca Bulnes? Dinero.

¿Qué busca el partido "científico"? Dinero.

El clero está rico y se han echado en brazos del clero.

Pero a pesar de la calumnia, Juárez seguirá ocupando el corazón de los mexicanos. En medio de sus desgracias actuales, el pueblo seguirá soñando con un gobierno puro como el de Juárez.

– – – – NOTAS – – – –

1 Francisco Bulnes, El verdadero Juárez y la verdad sobre la Intervención y el Imperio, México, Librería de la viuda de C. Bouret, 1904