Anakreón
El Colmillo Público, núm. 54, 18 de septiembre de 1904, p. 270, 271

¡El valor civil ha muerto!

Los verdaderos liberales, los que no somos "científicos", reyistas ni porfiristas; los independientes en fin, que amamos a Juárez porque amamos la obra de ese grande hombre y que somos independientes y vivimos alejados del poder por la razón que si fuésemos "científicos" seríamos traidores, si fuésemos reyistas seríamos partidarios de la ley fuga y si fuéremos porfiristas seríamos partidarios de la demolición de la obra de Juárez; nosotros los liberales puros que expresamos el verdadero modo de sentir del pueblo, hemos presenciado con dolor, con profunda tristeza cómo el espíritu público ha sido torcido y cómo la virilidad ha levantado el vuelo avergonzada de que la república carezca de hombres de energía y de carácter.

El sucio libro que con el título El Verdadero Juárez escribió Francisco Bulnes, constituye un ultraje a Juárez, un ultraje a la labor del estadista insigne y una burla sangrienta, apasionada, loca, frenética, vehemente, como sugerida por la febricitante imaginación de un tuberculoso.
Una avalancha contra el libelo de Bulnes se ha desatado en estos días, formada de protestas más o menos ardorosas, más o menos elocuentes ¡ay! pero cuán pocas dictadas por la sinceridad y la buena fe.

Hilarión Frías y Soto1, Emeterio de la Garza (jr.),2 Juan Dublán,3 Rodolfo Reyes [hijo de Bernardo Reyes], Heriberto Barrón, Ireneo Paz4 y otras personas bastante conocidas por su modo de obrar político en completo desacuerdo con el ejemplo que el Gran Juárez dio, han protestado de palabra y por escrito contra las injurias que Bulnes lanza a la memoria del Benemérito y contra la burla que el propio libelista hace de la obra del grande hombre.

Las protestas formuladas por las anteriores personas, han llamado poderosamente la atención pública, porque los hombres honrados no se explican cómo estos señores que se dicen liberales, que claman contra Bulnes por las injurias asalariadas que escupió sobre Juárez, comen el pan que les obsequia un gobierno que no es liberal y viven tranquilos en un medio político que es el reverso del medio democrático que formó el Benemérito.

Para que las protestas de esos señores fueran sinceras, preciso sería que hubieran demostrado con anterioridad su amor a la memoria del Benemérito por medio de actos políticos significativos, esto es, que los que entre ellos son diputados hubieran comenzado por no aceptar una credencial que no era el producto del sufragio popular, sino del favor del general Díaz.

Frías y Soto, Garza (jr.), Dublán, Reyes (hijo de Bernardo Reyes), Barrón, Paz, y otros liberales circunstancistas han permanecido impasibles ante la demolición lenta, pero segura y firme, de las instituciones republicanas que nos legó Juárez; no han despegado los labios ante los atentados cometidos contra la libertad de pensar que tanto respetó Juárez; han permanecido sordos a los clamores por falta de justicia que se levantan de todos los ámbitos del país, justicia que tanto se afanó Juárez en cimentar; inmutables como las pirámides han presenciado la invasión de los Poderes Federales por cuya independencia luchó Juárez.

¿Por qué protestan, pues, esos señores?

Que los liberales independientes protestemos contra el libro de Bulnes es muy justo y es nuestro deber. Protestamos porque concluida la demolición de la sagrada obra de Juárez, vemos levantarse sobre los escombros de las instituciones libérrimas ese libro infame, como una sanción a la destrucción de la gran obra del patricio. Protestamos, porque ese libro encierra la intención perversa de justificar los actos antidemocráticos de la actual administración. Protestamos porque no sólo la memoria sino la obra de Juárez han sido objeto de una burla, que el libro de Bulnes sólo ha venido a subrayar con contorsiones y gracejadas de payaso.

En el lamentable asunto del libro de Bulnes, hemos sufrido los verdaderos liberales, los que no transigimos, decepciones amarguísimas.

Los estudiantes, la juventud florida que en todo el mundo constituye las fundadas esperanzas de los pueblos, y que entre nosotros debería representar la redención futura de nuestra madre patria, esa hermosa juventud se ha echado por caminos torcidos, de los que, si logra salir será con las alas rotas y el pensamiento cubierto de barro.

Entre la juventud hay inteligencias preclaras que podrían hacerse oír en son de protesta contra el libro de Francisco Bulnes, pero sucede lo que con franqueza acerba afirmó el poeta:

¿Ves esa juventud? Aún de la vida

Se encuentra en el umbral, y sin embargo,

Ya no tiene vigor, ya está perdida…

¡Infortunada patria la nuestra en que la juventud no tiene fuerza para hacerse oír y tiene que pedir auxilio a Salvador Díaz Mirón y a Jesús Urueta… !5

Salvador Díaz Mirón, un tránsfuga del liberalismo independiente.

Jesús Urueta, un clerical que divinizó en una ceremonia en honor de Juárez al Papa León XIII.6

Por fortuna, no todos los estudiantes estuvieron conformes con que sus oradores fuesen Díaz Mirón y Urueta.

De todo ese turbio negocio, han surgido incidentes que serían chuscos si no denunciasen con claridad diurna la existencia de esa úlcera dolorosa que se ha prendido a los espíritus y que se llama cobardía política.

Los verdaderos liberales hemos denunciado la intención perversa del libro de Bulnes que trata de deprimir a Juárez para que, como una consecuencia natural aparezca notablemente agigantada la figura del actual presidente, y hemos protestado contra el libro que ultrajó a Juárez y su grandiosa obra, cuando de esa obra no ha quedado más que el recuerdo que guardamos en el corazón los que anhelamos reconstruirla.

Los liberales de ocasión y de palabra nada más, como Frías y Soto, como Barrón, como Dublán, como Paz, como Garza (jr.), etcétera, se han limitado a hacer aspavientos exagerados que denuncian que su liberalismo es fingido y que hay detrás de esos aspavientos y de esos escrúpulos incomprensibles, no la sinceridad sino el influjo del reyismo histérico que busca una oportunidad para presentarse como liberal, sin recordar el 2 de Abril de 19037, ni los procesos militares contra los periodistas independientes ni el fracasado reyismo armado que se llamó 2ª Reserva.

Esos reyistas se presentan atacando a Bulnes, fingiendo liberalismo, pero en realidad atacan el histrionesco "Partido científico" de que están envidiosos los reyistas, porque los científicos ganan millones de pesos.

Para el reyismo y para los "científicos" el amor a la patria no existe; para ellos lo único que existe es un amor desmedido de riquezas y de comodidades.

El reyismo atacó a Bulnes para herir al corrompido científico. ¿Por qué no ataca directamente a los "científicos" como lo hacemos los verdaderos liberales?

¡Por cobardía política!

Por cobardía política también el reyismo no llega al fondo de la obra de Bulnes ni exhibe esa perversa intención que nosotros hacemos notar.
Hay algo más que mueve a compasión hacia el reyismo.

Garza (jr.) no quiere ser compañero de Bulnes en la Unión Liberal. No le molestó a Garza (jr.) que la Unión Liberal, creada para adular al general Díaz, sea una sociedad donde se practica el servilismo, y aún estaba ufano de pertenecer a ella. Lo que molesta a Garza (jr.) es que Bulnes pertenezca a esa corporación.

Dublán, que es diputado, pide la expulsión de Bulnes de la Cámara de diputados. No le molesta a Dublán que Bulnes, como él, no sea representante del pueblo porque éste no los ha elegido. Esa es una inconsecuencia. Dublán debería pedir, y eso sería aplaudido por toda la nación, que no se reconociera la credencial de ningún diputado, la suya inclusive, por no haber obtenido el sufragio del pueblo.

– – – – NOTAS – – – –

1. Hilarión Frías y Soto. (1831-1905). Médico y periodista queretano liberal. Participó en la Guerra de Reforma y combatió la Intervención Francesa. A la caída del Imperio fue redactor y colaborador de El Siglo XIX y El Monitor Republicano. Sus fervientes defensas al liberalismo provocaron múltiples controversias.

2 Emeterio de la Garza h. (1873-1948). Abogado coahuilense. Diputado al Congreso de la Unión de 1898 a 1910. En 1902 fungió como secretario de la delegación mexicana en el Segundo Congreso Panamericano. Abogado consultor de la Secretaría de Fomento en 1911 y de la Secretaría de Instrucción Pública en 1912. Ocupó los consulados de México en Nueva York y Chicago. Autor de La reelección. 1900 a 1904 (1900). Sentencia… en el asunto de Tlahualilo, 1911; España-Inglaterra-Portugal. Los estados  latinos de América y los Estados Unidos de América.

3 Juan Dublán Se adhirió al zapatismo en 1913.

4. Ireneo Paz (1836-1924). Abogado, escritor, periodista y político liberal jalisciense. Combatió la Intervención francesa. Al triunfo del Plan de Tuxtepec fue secretario de gobierno de Sinaloa, Jalisco y Colima. Fundador de El Padre Cobos y La Patria (1877-1911). Entre sus trabajos literarios destacan: La bolsa o la vida (drama, 1863), Los héroes del día siguiente (comedia, 1871), Doña Marina (novela histórica, 1883), Datos biográficos del general de división Porfirio Díaz, con acopio de documentos (1884) y Porfirio Díaz (t.I, 1911).

5. Jesús Urueta (1867-1920). Abogado, orador y periodista chihuahuense. Colaboró en El Siglo Diez y Nueve y La Revista Moderna. Diputado reyista. Secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Venustiano Carranza (1914-1915). Escribió: Fresca (1903), Alma poesía (1904), Pasquinadas y Desenfados políticos y Discursos literarios (1919).

6. León XIII (1810-1903). Joaquín Vicente Pecio, sucesor de Pío IX. Durante su pontificado se publicó la encíclica Rerum Novarum. Abrió los archivos del Vaticano. Fue sucedido por Pío X.

7. Véase supra, n. 164.