Anakreón
El Colmillo Público, núm. 55, 25 de septiembre de 1904, p. 287

El lobo con piel de oveja

Es tarea ingrata aprovecharse del desvarío de un demente para hacer política. Las buenas causas no necesitan pretextos para prestigiarse, sus manifestaciones son oportunas en cualquier tiempo porque son manifestaciones de la verdad, y el pueblo mexicano tiene sed de verdad desde que la mentira ha imperado en los actos políticos del país.

No sucede lo mismo con las malas causas. Éstas están en continuo acecho de oportunidades en que sin hacer sacrificio alguno, puedan ostentarse oropeladas para no causar repugnancia.

El reyismo es una mala causa, y por ende, profundamente antipática y perfectamente impopular. Caída en desprestigio, arrinconada en Nuevo León en cuyo gobierno está su jefe, acechaba una oportunidad para presentarse en público, no como reyismo, sino como liberalismo, o lo que es lo mismo, no acechaba la oportunidad de presentarse como la camarilla siniestra que con sus escándalos gubernamentales ha conmovido pavorosamente a la nación, sino como la representación del espíritu liberal de los mexicanos.

Aparece el libro de Bulnes lanzando lodo a la frente del Benemérito Benito Juárez y haciendo mofa de la labor democrática del grande hombre, y el reyismo encuentra la oportunidad de conquistar una miserable gloriola.

Esto es lo irritante. Si alguien no tiene derecho para protestar contra el libro de Bulnes, ese es el reyismo.

El reyismo es una bandería sin principios que tiene hambre de gobernar, mejor dicho, de tiranizar. El reyismo se ha distinguido en el país por su autoritarismo, por su intransigencia a que se le discuta, por sus impulsivismos generadores de torrentes de lágrimas, por su carencia de respeto a la ley. El reyismo no tiene ningún derecho para asumir la representación del Partido Liberal y preferible sería que continuara devorando su despecho en silencio, a que aprovechando la ocasión que el imprudente grupo "científico" ha presentado por medio de Bulnes, trate de mistificar al pueblo con protestas sugeridas por la envidia y no por la veneración a Juárez.

Los liberales hemos visto con profundo desagrado la mistificación, el embaucamiento que fragua el reyismo para hacerse pasar por liberal, cosa que consigue entre ciertas personas superficiales, pero los que recordamos los desaciertos de esa espeluznante camarilla, no podemos menos que sentir indignación hacia el lobo disfrazado de carnero.

No pueden ser sinceras las protestas del reyismo contra el libro de Bulnes, por la sencilla razón de que el general Reyes, jefe del reyismo, no se distingue por su liberalismo.

Para abrigar cariño por Juárez, se necesita ser liberal, esto es sentir amor por el pueblo, no atropellarlo cuando manifieste públicamente sus ideas, permanecer en el gobierno contra la voluntad de los ciudadanos, no amordazar a la Prensa.

¿Puede abrigar cariño por Juárez un gobernante como Bernardo Reyes? La contestación negativa se impone.

Entonces ¿por qué protestan los reyistas Heriberto Barrón, Hilarión Frías y Soto, Emeterio de la Garza, Rodolfo Reyes (hijo de Bernardo Reyes), Juan Dublán y un tal Mateos Cejudo?

¿Bernardo Reyes, como gobernador de Nuevo León sigue el camino de amor al pueblo que trazó el gran Juárez?

Sarcasmo injurioso sería la contestación afirmativa a la última pregunta.

El reyismo no protesta contra el ultraje inferido por Bulnes a la memoria del Benemérito de América. El atrabiliario reyismo toma como pretexto el libro del "científico" sólo para atacar al grupo rival suyo como ya otras veces lo hemos afirmado.

Ruines rencillas, mezquinos intereses personalistas son los que provocan esas protestas hipócritas, que sirven a la vez para desprestigiar al traidor grupo "científico", para dar al reyismo cierto prestigio liberal que no ha logrado adquirir en el gobierno por sus extravagancias y por sus desmanes.

Es preciso que los verdaderos liberales no se dejen engañar por el falso liberalismo de los reyistas.