Anakreón
El Colmillo Público, núm. 57, 9 de octubre de 1904, pág. 655

La gangrena reyista

Si calláramos en estos momentos en que la aparición del libelo de Bulnes1 ha agitado poderosamente al Partido Liberal, cometeríamos, como liberales que somos, un crimen que las generaciones futuras no maldecirían lo bastante: cometeríamos un delito de lesa Patria, que ni con la horca pagaríamos, y toda la infamia con que la gente honrada señalase justamente nuestras frentes protervas sería insuficiente para castigar nuestra cobardía.

Ya hemos explicado que la intención de Bulnes al escribir el libelo contra el Benemérito, no fue otra que la de deprimir la memoria del Grande Hombre para que forzosamente, fatalmente, ineludiblemente resaltara como única figura grande de la Historia Patria la personalidad del General Díaz.

Así lo han sentido todos los liberales honrados, los que no comen del presupuesto, los que viven alejados del Gobierno por ser éste clerical, los independientes en fin.

Contra las injurias que Bulnes lanza contra el Patricio, hemos protestado todos los liberales honrados; pero nuestras protestas sinceras no han estado solas, a ellas han unido las fingidas protestas del reyismo, las declaraciones histrionescas de esa hampa que tiene su Corte de los Milagros en Monterrey.

El llamado "partido científico" tiene dos enemigos naturales, a saber: el verdadero Partido Liberal formado por los elementos independientes y sanos de la Nación, esto es, por los ciudadanos que no han contribuido a poner el pueblo en el estado de abyección en que se encuentra, sino que por lo contrario, hace veintisiete años que luchan por la reconquista de los derechos, y el partido reyista que nació al siguiente día de haber dejado su jefe el sombrero jarano de guarda rural para asumir el mando del Gobierno de Nuevo León.

El Partido Liberal es enemigo del "partido científico," porque este partido, el "cientifico," es aliado del clero y es una agrupación de personas desprovistas de ideales sanos. Los "científicos" fueron los enemigos de Hidalgo, de Morelos, de Guerrero, de Juárez y de Lerdo de Tejada. Los "científicos" fueron quienes formaron el risible Gabinete Ministerial del pirata Maximiliano de Habsburgo. Los "científicos medran en todos los gobiernos; son los acomodaticios; los que están pendientes del "sol que nace;" los que aconsejan a los gobiernos oprimir en nombre de "la ciencia," esto es, que se ponga al pueblo "en buenas condiciones de abyección," como deplora Bulnes en su libelo que no hubiera hecho Juárez con el pueblo por que el pueblo abyecto se deja oprimir, el pueblo abyecto se deja, engañar, el pueblo, abyecto se deja rapiñar, maltratar, vejar, violar, matar sin que proteste, sin que se indigne, sin que se encolerice.

Por todo eso es enemigo el Partido Liberal del partido "científico."

El partido reyista es enemigo del partido "científico," no por lo que de opresor y de inmoral tiene el "cientificismo." El reyisimo no se escandaliza de las tiranías, por que es un partido que ha ejercido y ejerce aún la tiranía. El reyismo practica la tiranía en todas sus formas. En este sentido no puede haber sorpresas para él, ni disgusto. El partido reyista es enemigo del partido "científico," por que los miembros de este partido están riquísimos, hacen negocios espléndidos realizando ganancias fabulosas como judíos inteligentes y faltos de escrúpulos y no convidan al reyismo que famélico y ávido como un náufrago, se muerde los codos de despecho y desesperación.

He aquí explicamos en pocas líneas, los motivos que ha habido para que los liberales sinceros protestemos contra el libelo de Bulnes; motivos sanos, motivos honrados manifestados con virilidad por nuestros correligionarios. También quedan explicados los motivos turbios, los motivos fangosos, que han tenido los reyistas para protestar, fingiendo liberalismo, contra el propio libelo.

Ahora bien; como ya hemos explicado en anteriores números, el reyismo, en su agonía, considerando el desprestigio inmenso en que había caído; sintiendo sobre su culpable cuerpo la mirada airada de la Nación que se estremeció indignada al descubrir el pasado de lágrimas de Nuevo León y al presenciar la organización armada del reyismo que se llamó 2ª Reserva, los procesos militares contra los periodistas independientes a quienes se les hacia caminar en cuerpo de patrulla por el fango de las calles como si se hubiera desleído previamente el alma del reyismo y al ver por último los atentados al pueblo neoleonés el 2 de Abril del año pasado, sintiendo el reyismo sobre su culpable cuerpo la mirada airada de la Nación, quiere ahora cubrirse con el manto del liberalismo, él el reyismo que tanto persiguió a los clubs liberales; el reyismo que encarcelo a los miembros del Club de Lampazos; el reyismo que persiguió a los miembros del Club Liberal de San Nicolás Tolentino; el reyismo que por medio de sus esbirros persiguió a los clubs de Cuicatlán, de Valles, de Pichucalco y de cien lugares más; el reyismo que con Heriberto Barrón a la cabeza cayó sobre el Club Liberal "Ponciano Arriaga" de San Luis Potosi el 24 de Enero de 1902; el reyismo que persiguió a los viriles periódicos Regeneración, El Hijo del Ahuizote, ¡Excelsior! y Vesper, ese reyismo autor de mil atentados contra la libertad del pensamiento, contra la libertad de reunión, se finge hoy liberal y demócrata para no causar náuseas porque es revulsorio, porque hiede.

Los liberales honrados nos sentimos ofendidos al ver como la prensa semioficial y la clerical nos confunden maliciosamente con el reyismo, y para deslindar los campos es bueno, es noble, es honrado hablar alto y claro.

No somos reyistas; si lo fuésemos seguiríamos la torpe y necia táctica de los heraldos del reyismo en esta capital: Los sucesos2 y Tilín-Tilín3.
Esos dos papeles sienten vergüenza de declarar que son reyistas; pero trabajan a favor de Bernardo Reyes de un modo vergonzante y cobarde, aunque se resisten a confesarlo, porque de hacerlo, caería sobre ellos el desdén público.

Hechas estas importantes aclaraciones, indispensables para que el Partido Liberal no se deje sorprender por el reyismo disfrazado hoy de liberalismo, diremos que, los órganos reyistas como Los Sucesos, Tilín-Tilín y otros no menos sucios, pretenden asumir la representación del Partido Liberal.
Así se desprende de un manifiesto que, Firmado por "Varios Liberales" y con él título: "Al Gran Partido Liberal de la República.-El Libro de Francisco Bulnes," expidió el periódico reyista Tilín-Tilín como alcance a su número 9.

La mistificación no puede ser ni más grosera, ni más burda, grosera y burda como todas las hazañas del reyismo.

El manifiesto a que nos contraemos es una muestra acabada de la cobardía política que caracteriza el reyismo. Habla del libelo de Bulnes y del libro de Duclós Salinas: México Pacíficado.- Los hombres que lo gobiernan.- Porfirio Díaz.- Bernardo Reyes4. A Bulnes le reprochan los reyistas que manche la memoria del Benemérito, como si Bernardo Reyes no manchara la obra del Patricio. A Duclós Salinas le reprochan que ataque al general Díaz y no tiene ni el valor de defender a Bernardo Reyes que, en la obra de Duclós Salinas, aparece delineado sombría, fatídica, tétrica, siniestramente.

No defienden a Reyes los reyistas, por cobardía política. No son capaces de asumir una actitud entera, una actitud de luchadores nobles. Por manchado que esté Bernardo Reyes, deberían los Reyistas salir en su defensa; pero no lo hacen porque comprenden que Reyes lleva el desprestigio impreso, embebido mejor dicho en su personalidad política, y los luchadores mediocres tienen los hombros demasiado flacos para soportar las responsabilidades.

El Partido Liberal no debe dejarse sorprender de los reyistas. El Partido Liberal no adula al general Díaz y el reyismo sí lo adula.
En el mismo manifiesto a que nos referimos, dicen los reyistas:

Sometemos a la consideración del Gran Partido Liberal las siguientes proposiciones:

2ª El Gran Partido Liberal declara su adhesión al Sr. general Díaz quien, como Presidente Constitucional de la República debe contar y cuenta con el decidido apoyo de este partido.

En la conciencia de cada liberal honrado brilla resplandeciente la persuación de que el Sr. Díaz no es liberal, y, por lo mismo, el Gran Partido Liberal no declara su adhesión al actual Presidente. Esto lo decimos franca y virilmente los liberales honrados.

Pero el reyismo, que no es liberal, adula, se encorva, lame los pies del Presidente para que éste retire su protección a los "científicos" y de las de a los adeptos de Bernardo Reyes en forma de negocios lucrativos, de tierras fértiles, de ríos de plata y de montañas de oro. ¡El oro, el oro, el oro, tras del cual alarga el reyismo sus manos entecas sufriendo el suplicio de Tántalo!

El reyismo es histrionesco, es vulgar, es bufo. Ambiciona las más altas cumbres; pero los tordos no suben al Popocatépetl.

El reyismo es cobarde en política, por que niega a su jefe, Bernardo Reyes , y adula al General Díaz.

Que hable Heriberto Barrón, que hable Rodolfo Reyes (hijo de Bernardo Reyes), que hable Hilario Frias y Soto, que hable Irineo Paz, que hable Diódoro Batalla, que hablen Los Sucesos, que hable Tilín-Tilín, que hablen en suma todos los reyistas. Que manifiesten si se puede ser liberal y adular al mismo tiempo al actual Gobierno antiliberal.

¡Correligionarios! no os dejéis sorprender del reyismo. El reyismo no puede ser liberal. El reyismo está tan manchado como el cientificismo.

El reyismo ha dicho desde Los Sucesos que él triunfará y que a la hora del triunfo empleará la guillotina y la ley fuga. Antes de triunfar ha empleado eso y de ahí proviene parte de su colosal desprestigio.

El reyismo, por lo tanto es una amenaza. No hay que entregarse a él.

Dejad que el reyismo se convulsione, escupa bravatas y se revuelque colérico; pero estemos listos para aplastarlo cuando suban a su cerebro los humos de esa megalomanía que ha dejado tantas tristezas en los hogares de Nuevo León, tantos resentimientos en el espíritu liberal del pueblo.

Hemos hablado con verdad para prevenir contra un mal público, Toca al pueblo calificar nuestra actitud.

El reyismo es una amenaza y es preciso estar prevenidos. Hasta aquí ha fracasado por su falta de inteligencia. No hay que dejarlo que se levante.

– – – – NOTAS – – – –

1 Véase, supra, n. 175.

2. Los sucesos (1904-1905, 1914-1915). México, D. F. Diario independiente. Ed.: Pedro Hagelstein.

3 Tilín-Tilín ‘Semanario humorístico ilustrado de política, teatros y literatura’ (1904-1918). México, D. F. Dir: Álvaro Pruneda; Red.: Antonio M. Altamirano; Rafael Aguilar, gerente. 

4 Adolfo Duclós Salinas. Méjico Pacíficado. El progreso de Méjico y los hombres que lo gobiernan.- Porfirio Díaz.- Bernardo Reyes. St. Louis, Mo. Imprenta de Hughes y Cía., 1904.