Anakreón
El Colmillo Público, núm. 58, 16 de octubre de 1904, pág. 658-659

La emigración de mexicanos

Sucede que cuando un individuo ha roto con toda consideración social, ese individuo se expresa y obra antisocialmente de un modo tan natural como el hombre honrado cumple con su deber. La costumbre de obrar mal hace que el malhechor considere legítimo todo lo que él hace. El hombre avezado al crimen considera pueril, necia, extravagante la alarma que con sus acciones o con sus palabras provoca a la sociedad.

Del mismo modo, las sociedades que por circunstancias especiales de educación, de medio, de clima, de raza, de herencia, se han formado un concepto erróneo de sus obligaciones y sus deberes, no pueden comprender que el individuo tenga otros derechos que los que tradicionalmente se consideran como los únicos que deben ser ejercitados.

Esto lo estamos palpando actualmente con motivo de la alarmante emigración de trabajadores mexicanos al extranjero.

Muchos periódicos han puesto el grito en el cielo y han hablado con justicia sobre que México se está despoblando rápidamente. De hace algunos años a esta parte, se calcula en treinta mil el número de mexicanos que van al extranjero cada año en busca de trabajo, y esos treinta mil trabajadores que anualmente salen del país, la mayor parte, si no es que todos, se radican definitivamente en el extranjero al abrigo de un jornal decente y de una justicia más humana.

Este año la emigración de trabajadores mexicanos ha sido incomparablemente mayor, debido a que en el Sur de los Estados Unidos, que es a donde va mayor número de mexicanos, ha escaseado el trabajo de los negros que, en busca de mejor trato, a su vez han emigrado hacia el Norte.

Al mismo tiempo, con motivo de las obras del canal de Panamá, el gobierno de los Estados Unidos a enviado a México comisionados que contraten trabajadores para dichas obras.

Es indudable, pues que este año, no emigren treinta mil mexicanos, sino muy cerca del doble o tal vez más, si se tiene en cuenta que en la s Antillas y en la América Central hay gran demanda de brazos, prefiriéndose entre los trabajadores a los mexicanos, por ser los más resistentes, los más minuciosos y los más inteligentes.

Entre tanto, México se queda sin trabajadores. Las haciendas, las fábricas, los talleres, las obras públicas necesitan urgentemente brazos a riesgo de que sobrevengan males infinitos.

Si el número de trabajadores que emigran aumenta de año en año como acabamos de ver, es fácil prever que dentro de poco tiempo se verá privado el país de sus mejores fuerzas.

Ahora bien, los periódicos que de este asunto han hablado se conforman con lanzar quejas femeniles, cuando no señalan remedios más o menos risibles o más o menos nefandos.

Con excepción de El Occidente1 de Mazatlán y El Paso del Norte de El Paso, Texas2, que han visto con sensatez el asunto y han indicado los medios apropiados para remediar el mal, los demás periódicos se han puesto a gemir, como acabamos de decir, o a aconsejar al Gobierno medidas que llevadas a la práctica hablarían muy mal de la civilización que, se dice, hemos alcanzado.

No falta quien hablando con entera formalidad, diga que los dueños de industrias se van a reunir pedir al Gobierno que prohiba la emigración de los trabajadores mexicanos. El Reproductor3 de Orizaba ha dicho tal cosa, reveladora de un alarmante raquitismo moral, que no es exclusivo de El Reproductor, sino de una buena parte de la sociedad que, acostumbrada tradicionalmente a no conceder derechos a los trabajadores, considera muy natural el hecho de impedirles la emigración.

Por su parte el Ministro de gobernación, don Ramón Corral, ha dado en el asunto que venimos tratando una buena prueba de su carencia de aptitudes como estadista. Don Ramón no estudia ni ahonda las cuestiones y las trata con una superficialidad que no pone muy en alto su talento.
Para impedir la emigración de los trabajadores mexicanos, don Ramón expidió una circular por la que excita a las autoridades a engañar a los obreros, diciéndoles que en el extranjero se exponen al maltrato y a la miseria.

Cualquiera persona que haya tenido oportunidad de ver a los trabajadores mexicanos en los Estados del Sur de la Unión Americana, abra podido comprobar que la situación del mexicano en esta región extranjera es incomparable mejor que la que en México guardan los trabajadores. El jornal más ínfimo es de un peso oro y el poder de adquisición del peso americano en el mercado de la nación vecina es tres veces mayor, cuando no cuatro, que el que tiene nuestro peso en nuestro mercado. El jornalero mexicano en los Estados Unidos con un peso diario tiene habitación higiénica e independiente, ropa de buena calidad para él y su familia, alimentación abundante y sana, menor número de horas de trabajo que en México. Se educa cívicamente porque presencia las luchas de los partidos. Algunas veces se lincha al mexicano y se le maltrata, pero en general vive bien.

Por lo expuesto se verá que la circular de don Ramón Corral no contenía la verdad. Tan no la contenía, que a pesar de ella la emigración continúa con mayor intensidad puesto que los mismos mexicanos que ya están en los Estados Unidos, llaman a sus parientes y a sus amigos a quienes les manifiestan las buenas condiciones económicas en que se encuentran.

La despoblación de México no se impedirá con circulares desprovistas de verdad ni con medidas atentatorias contra la libertad individual, como parece que quieren los dueños de industrias. Elévense los jornales y redúzcanse las horas de trabajo y el mexicano no abandonará la Patria.

Pero no basta eso solo. Es preciso que el Gobierno entienda, que la leva, que la falta de justicia, los abusos de los caciques y de las autoridades de las poblaciones hacen huir al mexicano al extranjero.

Los dueños de industrias, los hacendados etcétera pueden poner remedio a la emigración y la impedirán si cesan de explotar miserablemente al trabajador. Ciérrense las tiendas de raya, disminúyanse las horas de labor, páguense jornales decentes, déjese de apalear a los sirvientes, respétese a las mujeres de éstos, invítese a las autoridades a que sean humanas con el pueblo, que terminen las rondas, que se dé fin a los trabajos forzados. En suma, que se obre más de acuerdo con la civilización y el mexicano preferirá trabajar en su país.

– – – – NOTAS – – – –

1 El Occidente (1904-1909?). Mazatlán, Sin. Dir. José G. Ortiz. Eds. Francisco Valdez, Andrés Avendaño. 

2 El Paso del Norte (1904-1918?). El Paso, Tex. Semanario y diario. Dir. F. Gamochipi. Admon.: T. S. Serrano.

3 El Reproductor (1878-1911) Orizaba, Ver. Bisemanal a partir de 1893. Circulación irregular.