Anakreón
El Colmillo Público, núm. 59, 23 de octubre de 1904, pág. 674

La tutoría yankee

El viaje de don Ramón Corral a los Estados Unidos es motivo de numerosos comentarios.

Nadie cree que don Ramón haya ido únicamente para corresponder a la invitación que al general Díaz se le hizo para que visitara la Exposición de Saint Louis Missouri, invitación hecha por mera cortesía y por lo tanto sin envolver una obligación formal tanto de una como de otra parte.

Pero con asombro general se vio que el vicepresidente marchó y de ahí que nacieran los rumores, que atenacearan las dudas y que vinieran a la memoria hechos que como mexicanos hemos lamentado siempre.

Esos hechos consisten en que nuestros asuntos interiores, si no todos, la mayor parte se resuelven de acuerdo con los Estados Unidos del Norte.
Los asuntos de mayor importancia política, nadie los conoce en México hasta que la prensa de los Estados Unidos habla de ellos con una seguridad que acredita la connivencia de nuestro Gobierno con el de aquella Nación.

Las remociones de gobernadores, de secretarios de Estado, de senadores, de magistrados, nadie las conoce en México hasta que la prensa de la República vecina habla de ellas.

Las reformas a nuestras leyes, las innovaciones, etcétera, las conocen en Estados Unidos antes que nosotros.

¿No significa todo esto la connivencia que hay en ambos gobiernos?

Si buscamos los motivos que hubo para que don Ramón Corral fuese designado para la Vicepresidencia, encontraremos también esa connivencia.
En efecto. El Gobierno de los Estados Unidos necesita la existencia en México de un Gabinete de hierro, que si bien no sirve para hacer progresar al país como se ve, si sirve para hacer prosperar a los individuos de la Nación vecina. El ciudadano de los Estados Unidos tiene en nuestro país toda clase de derechos, toda suerte de privilegios. El norteamericano que llega a México obtiene más consideraciones que en los Estados Unidos, más respeto que el que tiene en su país. He aquí por qué el Gobierno de la República vecina necesita la existencia en México de un Gobierno de Hierro que sea capaz de someter a los mexicanos y de favorecer a los norteamericanos.

Pero el Gobierno de los Estados Unidos pensó que el general Díaz ya bastante anciano, tiene que rendir muy pronto su tributo a la Naturaleza y que era preciso que la acción de hierro no tuviera solución de continuidad.

Buscó entre los hombres que figuran en la actual administración, un continuador de la política antidemocrática, que tuviese a la vez que gloriosos antecedentes un poder incontrastable.

Buscó en vano. Limantour no tiene gloriosos antecedentes y su voluntad es blanda como miga de pan. González Cosío1 está con un pié en el sepulcro y no tiene glorias en su abono. Mena no brilla por su talento. Bernardo Reyes está en lo más profundo del desprestigio político. Naranjo, Garza Ayala y Treviño han demostrado su blandura bajo el yugo de Bernardo Reyes.

No encontraba un sucesor del general Díaz, hasta que unos norteamericanos le hablaron de cierto personaje protector de los hijos de los Estados Unidos. Este personaje no tiene historia, pero era relativamente joven (cerca de los sesenta años), y tan enérgico, que había mandado a Yucatán, en calidad de soldados, a dos jóvenes oradores que dijeron en un teatro unos sanos discursos.

No titubeó el gobierno americano y don Ramón Corral resultó electo (¿?) Vicepresidente.

Ahora bien; ¿a qué fue don Ramón Corral a los Estados Unidos?

Sería pueril imaginar que sólo por atender a una invitación sin importancia habría marchado el Vicepresidente.

Lo probable es que haya ido a arreglar asuntos de gravedad, que no sabremos hasta que de ellos hablen los periódicos norteamericanos.

En política interior, todo lo ignoramos los mexicanos, y vivimos tranquilos sin considerar que nada hay que revista mayor gravedad para los destinos de los pueblos, que su ignorancia en los asuntos interiores, y que nada ofrece mayores peligros como la injerencia de los extranjeros en las cuestiones políticas, por amistosa y de buena fe que sea esa injerencia.

¿Cuál será el porvenir de la Patria?

– – – – NOTAS – – – –

1 Francisco González Cosío (1841-1911) Ingeniero y político queretano, amigo personal de Porfirio Díaz. Llegó a la gubernatura de su estado natal en 1880, tras unas elecciones dudosas. Volvió a ser gobernador de 1887 a 1911.