Anakreón
El Colmillo Público, núm. 60, 30 de octubre de 1904, pág. 690

Una reconciliación de política1

Hay en política detalles que parecen insignificantes pero que, estudiados debidamente, son de la mayor trascendencia.

Ya se ha dicho que don Ramón Corral no ofreció garantía ninguna de calma en el porvenir de la Nación, por ser insignificante como político, por carecer de un pasado glorioso, por no haberse distinguido en las luchas cívicas, por ser casi un anciano, por carecer de talento y tacto políticos y por no estar sostenido por el cariño de sus conciudadanos sino por la voluntad del general Díaz.

Don Ramón Corral comprende todo lo expuesto pero tiene sed de mando. El gobierno lo atrae, como la luz de una lámpara a las mariposas. Su pasión es el Poder. Gobernar, gobernar a todo trance, es su ansia insaciable. Don Ramón Corral es millonario y sabido es que, por egoísmo, los ricos no apetecen la política. Don Ramón hubiera seguido siendo un burgués apático, si en mala hora no tiene el Presidente la humorada de hacerlo gobernador de Sonora.

Tan pronto como un hombre débil para sofocar la sed de grandeza ante la conveniencia pública, se siente con autoridad, no se despoja ya de ella. Clamarán los pueblos, se apelará al patriotismo del gobernante, se harán ver al encumbrado los males que origina su obstinación en no dejar el alto puesto, y hasta sobrevendrán crisis terribles pero el hombre envanecido por la altura se aferrará al mando, con toda la fuerza que da la pasión en sus exaltaciones.

Como gobernador de Sonora supo apreciar toda la fuerza que da el Gobierno cuando se hace a un lado la ley. Allí comenzó a sentir los deseos de encumbrarse más.

Nada hizo en beneficio del pueblo, pero eso no es un obstáculo en nuestra Patria para encumbrarse más. Por lo contrario, mientras más mal se gobierna, como no hay el contrapeso de la ley, mas seguro está el gobernante.

Así fue como don Ramón Corral llegó hasta la Vicepresidencia.

Pero don Ramón no cuenta con el apoyo del pueblo y a falta de ese seguro sostén, comienza a entablar negociaciones con los que pesan sobre el pueblo.

Bernardo Reyes pesa sobre el pueblo y a la vez es enemigo político de don Ramón, y con Bernardo Reyes ha comenzado a entenderse el Vicepresidente.

Los que sueñan que Bernardo Reyes será despedido del gobierno de Nuevo León a fines del año actual, deben de salir de su sueño. Bernardo Reyes no saldrá, porque al vicepresidente le haría daño seguir enemistado con el funesto gobernador.

Don Ramón Corral ha comprendido que para la estabilidad de su gobierno, en caso de que llegue a la presidencia, necesita el apoyo de todos los que hoy pesan sobre el pueblo. Malquistarse con algún gobernador, sería debilitarse más.

Más entre Ramón Corral y Bernardo Reyes había un abismo. Los dos deliran por la presidencia; los dos están igualmente enamorados de la inmerecida altura; los dos trabajan con empeño para superarse en el mando, y, forzosamente, tenían que ser enemigos. Pero como pasó ya el tiempo de los combates singulares y de los excesos caballerescos, los dos rivales han convenido en compartir el amor de la presidencia.
Corral dio aviso de su intención al general Díaz y éste la aprobó en todas sus partes.

Faltaba una oportunidad para firmar las paces.

El viaje del vicepresidente a la Exposición Missouriana presentó la oportunidad.

El general Díaz envió a Bernardo Reyes el siguiente mensaje:

"El Sr. Corral a manifestado, que se sentiría muy feliz si pudiera estrecharle la mano al pasar por esa ciudad".

Reyes fue a la estación y hablo con Corral durante hora y media en el carro presidencial. El resultado de la entrevista fue la inteligencia de ambos personajes. ¡Reyes continuará oprimiendo a Nuevo León!

Corral, después de la reconciliación con su enemigo político, no tuvo fuerzas para descorazonar por si mismo a los candidatos que creían que el vicepresidente les quitaría a Reyes de encima, y se rehusó a recibirlos.

El pueblo de Nuevo León sabe pues que no puede esperar nada de Corral.

Bernardo Reyes continuará oprimiendo a ese estado digno de mejor suerte ¡Cúlpese de todo a los generales fronterizos que todo lo han querido obtener en las antesalas.

Si esos generales hubieran sido enérgicos, otra sería la suerte de Nuevo León.

– – – – NOTAS – – – –

1 A causa de este artículo, las autoridades reguiomontanas otrdenaron el decomiso de los ejemplares del número 60 de ECP, en poder del agente del periódico en la capital neoleonesa. Véase infra art. 56 “Los arrebatos del reyismo”.