Anakreón
El Colmillo Público,núm. 62, 13 de noviembre de 1904, pág. 730

Reyes debe retirarse

Las personas enfermas son peligrosas como gobernantes, porque es difícil que logren sobreponerse a sus males y que lleguen a obrar con la lucidez de espíritu que requieren los asuntos públicos.

Sabido es que Reyes está enfermo. Sus nervios irritables están en continua tensión. Su organismo es a menudo sacudido por excitaciones nerviosas que conturban su espíritu y lo hacen obrar impulsivamente.

Todos sus desaciertos políticos han sido el producto de esa irritabilidad nerviosa que lo domina, que lo sacude, que lo molesta y lo lastima.

Todos sus actos llevan el sello de esa irritabilidad. Es impetuoso con frenesí. No puede permanecer inmóvil medio minuto.

Esa irritabilidad le ha proporcionado disgustos, caídas lastimosas y su desprestigio político.

La pasión que siente por la Presidencia de la República, es producto igualmente de su naturaleza profundamente irritable. Quiere mandar, quiere ejercer opresión, quiere dominar, quiere sobreponerse, quiere volar…..

Su irritabilidad lo conduce a veces a cometer actos realmente inofensivos, pero impropios para un Gobernador.

El Diario del Hogar1 publicó una correspondencia de Monterrey en que se daba cuenta del paso de don Ramón Corral por aquella ciudad, en su viaje a la Exposición de Saint Louis.

Nada de particular ofrecía esa correspondencia; pero los irritables nervios de Reyes se excitaron, y El Espectador2, periódico que se distingue por su adulación al autor de la fallecida 2ª Reserva, publicó el siguiente párrafo.

"Como viéramos en la Estación respectiva (de Monterrey) la noche citada a dos licenciados pertenecientes a cierto cuerpo, siendo por más señas estos licenciados, de los que han sido vistos con más benignidad por parte del gobierno, a ellos atribuimos la citada correspondencia, y estaremos pendientes de las siguientes producciones para…"

Este párrafo revelador tal vez de persecuciones, pone de manifiesto la verdad que asentamos al principio de este artículo, sobre que las personas enfermas son peligrosas como gobernantes.

¿Por qué atribuir a dos licenciados una correspondencia banal?

¿Por qué deducir de la benevolencia con que se dice han sido tratados los licenciados por parte de Reyes, la malquerencia contra éste?

Cuando una persona común y corriente se ve maltratada por un enemigo anónimo, esa persona jamás llega a suponer que sólo algún individuo a quien haya tratado con benignidad puede ser el autor del maltrato.

Sin embargo, por el sentido del párrafo insertado se ve que Reyes opina de un modo que no es el común y lógico.

La irritabilidad de carácter pierde a Reyes. No reflexiona y se deja arrebatar por sus impulsos.

De desear es que tan peligroso personaje deje lo más pronto posible el Gobierno del infortunado Estado de Nuevo León.

Que abandone toda idea de mando; que se retire a la vida privada y hará dos cosas buenas de una vez: volver su libertad a Nuevo León y dejar de ser una amenaza para el porvenir de la Patria.

Si tal hace, oirá en torno suyo, si no aplausos porque su acción pública ha sido funesta, sí sinceros suspiros de satisfacción de parte del pueblo, que se sentirá libre del peso del militar tapatío.

– – – – NOTAS – – – –

1 El Diario del Hogar (1881-1912). México, D. F. Dir.: Filomeno Mata. Dir. Filomeno Mata. Cols.: Joaquín Trejo, Ángel Pola, Matilde P. Montoya, Luz Murguía, Paulino Martínez, Rosa Palacios, Inocencio Arreola, José Primitivo Rivera, Manuel de la Fuente, Armando Morales Puente, Miguel Rodríguez Gabutti, Agustín Páez y Víctor W. Becerril. Opositor al régimen porfirista desde 1887. En sus talleres se imprimió Regeneración en 1900.

2 El Espectador (1892-1909). Monterrey, N. L. Fund.: Ramón Díaz. Dir.: Ramón Treviño. Cols: Carlos Pereyra, Manuel José Othón, Celedonio Junco, Rafael Garza Cantú, Ricardo Arenales.