Anakreón
El Colmillo Público,núm. 64, 27 de noviembre de 1904, pág. 754, 755

Las fiestas presidenciales

Era natural que ocurriera lo que actualmente ocurre en virtud de los preparativos que el servilismo hace para festejar al general Díaz el primero del entrante diciembre.

Cuando se ha enfriado el cariño del pueblo por sus gobernantes; cuando la admiración y el entusiasmo han desaparecido del pueblo, dejando en su lugar el frío de la decepción, en vano se recurrirá al gastado expediente de pretender dar visos de popularidad a las fiestas con que el servilismo halaga la vanidad de los poderosos.

Desde que la prensa pagada por el Gobierno comenzó a hablar de las fiestas en honor del general Díaz, pudimos comprobar lo que dejamos dicho. En ningún rostro asomó el entusiasmo; ningún corazón palpitó con más violencia; nadie dio muestra de sentir esa alegría sana que se experimenta a la noticia de un suceso conmovedor.

Es que el pueblo mexicano está enfermo de tristeza desde que comprendió su infortunio, y en lugar de sentir gozo por la entrada del nuevo periodo presidencial, siente pena porque eso indica que ya no por cuatro, sino por seis año más, llevará sobre sus hombros el pesado fardo de un gobierno que, en veintisiete años de dominio, ha labrado la ruina de la Nación.

Esto explica claramente este retraimiento del pueblo respecto de las fiestas que se preparan para el primero de Diciembre.

Pero si el pueblo se rehusa a dar brillo a esas fiestas, el elemento servil, por el contrario, está dando muestras de una actividad digna de mejor causa.

Las comisiones nombradas por el servil "Círculo de Amigos del Presidente1" recorren la ciudad en todas direcciones, sin darse un momento de descanso, sin respirar siquiera, presas del malsano entusiasmo que en los hombres sin ideales produce la persecución de un bienestar mediocre, alcanzado a costa de encorvamientos dorsales y de sonrisas odiosas.

Innumerables son ya las molestias que a los particulares han inferido esas comisiones, pues a las personas que no necesitan adular para vivir, les es penoso verse comprometidos a tomar parte en una fiesta por la que sienten disgusto.

Hasta los extranjeros, que por razón de la decidida protección que para ellos tiene el general Díaz, debieran ser los más entusiastas festejadores, se han mostrado hoy fríos, displicentes y poco animados a demostrar una adhesión que tal vez les disgusta.

El pensador más superficial encontrará en el fondo de todos estos detalles una verdad inflexible: el incremento que toma la impopularidad del general Díaz.

En efecto; la impopularidad del general Díaz aumenta de día en día, entre los mexicanos, porque estamos convencidos de que el general Díaz acabará por hundir a la Nación contratando nuevos empréstitos, para poder sostener su gobierno atrayéndose el mercenario sostén de los que medran a su sombra: porque estamos convencidos de que la libertad estará alejada de nosotros, mientras el general Díaz ocupe la Presidencia. Entre los extranjeros la impopularidad ha aumentado desde que han comprendidos que la falta de partidos políticos organizados compromete el porvenir de la Nación, y por consecuencia, el de todos los intereses que hay en el país. A los extranjeros no se les escapa que a la muerte del general Díaz, la ausencia de partidos organizados procurada por el Presidente acarreará graves consecuencias a la República.

¿Podrán sentir entusiasmo los extranjeros al comprender que la falta de partidos políticos organizados es una amenaza sobre sus intereses?

Pero el servilismo no se detiene ante estas reflexiones. El servilismo va a su turbio negocio con los oídos sordos para no oír las imprecaciones; con los ojos cerrados para no ver los gestos de desagrado; atento a su propósito de adquirir un bienestar mezquino a fuerza de torturarse las espaldas continuamente encorvadas.

Una de las colonias extranjeras residentes en la capital, se ha rehusado a exhibir un carro alegórico el primero de diciembre. Otras colonias, han desairado igualmente a las comisiones de aduladores, y otras han aceptado, por mero compromiso, figurar en el número de los que en dicho día probarán que los gobernantes antiliberales sólo pueden escuchar en su obsequio los himnos pedestres de los que tienen por aspiración única poder ostentar debajo del chaleco un estómago de Heliogábalo 2.

Podrán los periódicos asalariados hablar hasta aturdir de la pretendida popularidad del general Díaz. Los hechos demuestran que no existe tal popularidad, y que el regocijo público sólo se ha manifestado entre los hombres que quieren conservar los inmerecidos puestos, y entre los que están a caza de un favor, de una dádiva o de una limosna.

El pueblo que nada pide, que vive de su trabajo y no del ejercicio del servilismo, espera el primero de diciembre como el comienzo de una etapa de amarguras y de opresión.

– – – – NOTAS – – – –

1 Círculo de Amigos de Porfirio Díaz. Agrupación política fundada en 1890. Se encargaba de organizar festejos y conmemoraciones con motivos cívicos, así como de promover las campañas reeleccionistas y actos de adhesión al presidente. Sus miembros se reclutaban entre los integrantes de las oligarquías regionales. Alfredo Chavero fungió como presidente, Sebastián Camacho como vicepresidente y Apolinar Castillo, tesorero y primer secretario. 

2 Heliogábalo. (205-222). Emperador romano sucesor de Macrino, afamado por su glotonería. Fue asesinado por la guardia pretoriana y su cadáver fue arrojado al Tíber. Le sucedió en el trono Alejandro Severo.