Anakreón

El Colmillo Público,núm. 66, diciembre 11, 1904, p. 786

Muerte de un hombre digno

Hay hombres predestinados a hacer sentir su personalidad, y en virtud de esa predestinación, cuando ellos no encaminan sus esfuerzos a robustecer su relieve, parece que la Naturaleza se pone a su servicio para elevarlos, para sostenerlos por encima de todos, aunque clamen los dolores, aunque proteste el Derecho, aunque se indigne la Justicia.

El general Díaz es uno de esos predestinados. Todos sus esfuerzos han tendido a elevarle, a ponerle en las cimas. Todo eso lo ha logrado lesionando derechos, atropellando principios. La mordaza, el calabozo y el gendarme, han desempeñado importantísimo papel en esa obra de encumbramiento.

La Naturaleza también ha estado al servicio del general Díaz. Murieron hombres ilustres como Juárez y como Lerdo. Murieron ciudadanos distinguidos como Iglesias1 y como Escobedo2. En Villa de García, N. L. Se llora la muerte del último hombre que quedaba en Nuevo León, el licenciado Genaro Garza García3, que nunca aceptó servir al Gobierno del general Díaz.

El general Díaz por medio de su instrumento Bernardo Reyes, logró someter a los generales Garza Ayala, Treviño y Naranjo; pero ni los esfuerzos brutales de Reyes ni las insinuaciones del general Díaz, pudieron someter al señor licenciado Genaro Garza García.

Por su carácter independiente, honrado y enérgico, era querido por el pueblo el recto ciudadano señor Garza García.

Decepcionado el pueblo por la sumisión de los generales fronterizos, que tan fácilmente fueron vencidos por la enfermiza energía del gobernador de Nuevo León, todas las esperanzas de los nuevoleoneses estaban cifradas en la irreductible, en la indomable actitud de don Genaro Garza García que jamás se humilló, que jamás imploró en las antesalas de la Presidencia protección de ninguna clase, y que, altivo y viril, devolvía cerradas las cartas que de vez en cuando le enviaba el general Díaz de quien no quería ni oír el nombre.

Este honorable ciudadano falleció a mediados del pasado noviembre, acompañado del justo dolor de los que supieron apreciar sus virtudes cívicas.

He aquí cómo la Naturaleza parece haberse asociado al general Díaz para encumbrarlo.

Muerto el enérgico ciudadano ¿qué contrapeso puede tener en la frontera del Norte la política opresora del Presidente? ¿Podrá esperarse que los ex-púgiles Treviño, Garza Ayala y Naranjo rediman al pueblo cuando han dejado marchitar sus laureles por un hombre que, como Bernardo Reyes, sólo cuenta en su historia hazañas policiacas sin redundancia, sin trascendencia, sin gloria?

Sería preciso para contrarrestar la opresión del Centro y la megalomanía de Bernardo Reyes que las glorias conquistadas en Santa Gertrudis y en Santa Isabel dejaran de ser opacadas por la cenicienta gloriola del funcionario tapatío.

Y eso parece imposible. Los que ofrecieron sus pechos generosos a las balas intervencionistas, no interpondrán su influencia, no harán valer sus nombres para que cese la desventura del pueblo, y seguirán impasibles en su dorada insignificancia acumulando Billetes de Banco, mientras el pueblo gime, como vieron impasibles la hecatombe del 2 de Abril de 1903 4, como soportaron impasibles que el general Díaz los postergara.

La muerte del señor Genaro Garza García constituye una pérdida inmensa. ¿Cómo se librará el pueblo nuevoleonés de la tiranía reyista si el único hombre que había sabido permanecer altivo ante esa tiranía, ha muerto?

La Naturaleza ha venido una vez más en auxilio del general Díaz. Había reducido a la impotencia a los Generales fronterizos; pero quedaba un hombre enérgico, quedaba un carácter irreductible, quedaba el señor licenciado Genaro Garza García.

Sinceramente lamentamos tan grande pérdida.

– – – – NOTAS – – – –

1 José María Iglesias (1823-1891). Jurista y político liberal. Al triunfo del Plan de Ayutla fue ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública. Durante la Intervención francesa acompañó a Juárez en su periplo. Ministro de Hacienda al triunfo de la república. Diputado al Congreso, magistrado de la Suprema Corte y ministro de Gobernación entre 1867 y 1871. Fue presidente de la Suprema Corte en el gobierno de Lerdo. Se opuso a la reelección de éste en 1876 y se exilió en Estados Unidos. Durante su estancia en Nueva York publicó La cuestión presidencial en 1876. Regresó a México, donde murió alejado de la política. Autor de Apuntes para la historia de la guerra entre México y Estados Unidos (1848).

1 Mariano Escobedo (1826-1902). Militar liberal neoleonés. Combatió la invasión norteamericana. Durante la revolución de Ayutla y en la guerra de Tres Años destacó en múltiples batallas; tomó parte en la batalla del 5 de mayo en Puebla. Durante la intervención francesa reorganizó el ejército de Oriente junto con Porfirio Díaz. Su mayor gloria militar fue el sitio de Querétaro, tras el que se obtuvo la captura de Maximiliano. Restaurada la república fue gobernador de San Luis en dos ocasiones. Sirvió a los gobiernos de Juárez y de Lerdo. Ministro de guerra en 1876, combatió la rebelión porfirista y al gobierno emanado de la misma, por lo que fue hecho prisionero. Posteriormente fue diputado al Congreso general.

3 Genaro Garza García (1837-1904). Abogado neoleonés. Partidario del Plan de Tuxtepec, ocupó  la gubernatura de su estado natal en: 1877-1879, 1881-1883 y 1885-1887. Su último período no lo concluyó debido a las confrontaciones electorales con la oposición encabezada por Lázaro Garza Ayala. Renunció el mismo año de la elección.

4 Véase supra, Art. 34. “La hecatombe de Monterrey”