Anakreón
El Colmillo Público,núm. 123, 14 de enero de 1906, p. 18

¡Pobres indios!

Por regla general la víctima ha despertado un sentimiento de piedad aún en los más empedernidos corazones, pero hay conciencias encallecidas, rebeldes a ese sentimiento que debía distinguir al hombre de las bestias.

En toda la república y a pesar del prejuicio que hay contra la raza indígena a la que gratuitamente se considera inferior a la mestiza y a la blanca, comienza a brotar un espíritu de justicia en favor de la raza que supieron hacer gloriosa Netzahualcóyotl y Cuauhtémoc, Altamirano y Juárez.
Para los espíritus superiores que han sabido salir ilesos de la corrupción del medio, como el plumaje aquel que adornaba al ex-poeta Díaz Mirón, no es el indio un degenerado rebelde de la luz, sino el representante de una raza a la que han vuelto taciturna la injusticia de los blancos y las doctrinas de los frailes.

En la montaña, en el llano, donde quiera que el indio levanta un jacal y extiende su mirada melancólica, sabe que nada es suyo, cuando ayer todo fue de él. Y con la conciencia de su abandono y de su miseria, ha de sentir arder bajo su pecho de bronce el rescoldo de aquel espíritu altivo que inmortalizó los nombres de Cacama1 y Cuitláhuac.2 ¡Oh; no dejemos que se extinga ese rescoldo! ¡No dejemos que caiga en profundo sueño esa energía que dormita!

Pero no todos pensamos del mismo modo. Mientras nosotros pedimos apoyo para los indios, el gobierno los diezma; mientras los que vemos en esa raza estoica la salvación de la patria cuando hayamos alimentado su espíritu y la hayamos puesto en condiciones de alimentar su cuerpo, el gobierno la envilece en los cuarteles o la confina a la ergástula de los esclavistas de Yucatán. Es que el gobierno sabe como nosotros, que en cada raza hay energías que sólo esperan un rayo de luz para manifestarse soberanas y las energías espantan a nuestros opresores, y por eso se destruye una raza que podía salvar con su savia heroica a las enclenques generaciones que hoy agonizan bendiciendo al César.

Y hay espíritus mezquinos que se inclinan sonrientes ante el marrazo tinto en sangre india; hay espíritus afeminados que sonríen al despotismo mientras los hombres de bronce lanzan su postrer adiós a la injusticia desde las horcas de Sonora. Ante el exterminio de una raza hay mil fauces enlodadas que machacan hosannas a la fuerza vencedora.

Un periódico de Sonora, El Imparcial3 copia sin comentarios, y haciéndola suya, la desventurada frase con que un yankee, corresponsal del periódico The Citizen4 de Arizona, termina una correspondencia en que se lee lo siguiente:

El yaqui es individuo útil y fuerte trabajador pero es indio y como tal, está en razón directa con la índole de nuestro apache. Buenos (los indios) cuando están muertos.

Es indispensable que un extranjero ignorante exprese de ese modo sus opiniones. La imbecilidad todavía no está clasificada entre los delitos; pero es reprochable que un mexicano, como suponemos debe serlo el director del papasal referido, acoja las estupideces de los extranjeros, sin más fin que añadir su aplauso al de los sumisos que no se avergüenzan de que la barbarie asome la cabeza monstruosa en nuestra patria. No hace muchos días, el 3 de este mes, fueron embarcados en Veracruz con destino a la esclavitud en Yucatán, trescientos indios yaquis. La partida era mayor, pero más de cuarenta habían muerto al pretender huir…

Así se está diezmando la raza que, melancólicamente, ve arremolinarse en torno suyo la barbarie de los civilizados. Botín de conquista; esclavo irredento; cebo de ambiciones fenicias; carne de cañón, todo eso es el indio. Por eso, taciturno lo vemos entonar esos aires tristísimos en los que parece que llora el alma dolorida de la raza. Por eso en los valles y en las montañas lo vemos llevar la cabeza eternamente baja como abrumada por la injusticia y preocupada por confusos pensamientos libertarios. Y cuando con el fusil al hombro; lejos de su familia y del terruño ávido de su sudor, marcha al campo de los parches bélicos a matar tal vez, a sus hermanos, quizá a su padre, debe pensar profundamente en la barbarie de la civilización.

¡Pobres indios! ¡Tenemos la misma sangre y qué distantes estamos de ellos los que nos llamamos de razón! ¡Triste provenir el de una raza cuando ella misma forma el abismo que le ha de dividir tal vez para siempre!

No permitamos que en ese abismo se profundice más. Es tiempo todavía de darnos las manos. Llevemos a los indios a la escuela, pero antes hagámosles justicia dándoles lo que les pertenecía. Antes de la era negra que se inició con el triunfo del pretorianismo en Tecoac5, eran menos infortunados los indios. Grandes comunidades de indios tenían terrenos que cultivar y vivían una vida enteramente feliz. Pero llegó la hora de los grandes negocios "científicos." A los estadistas sucedieron los comerciantes en los puestos públicos, y se decretó el exterminio de los indios. Los hombres libres se volvieron esclavos; los que prefirieron la muerte gloriosa a la esclavitud abyecta, como los yaquis de Sonora y los mayas de Yucatán, tomaron el camino de los bosques, desde donde caen en son de represalia sobre los llanos donde antes multiplicaban, con su esfuerzo, los elementos que hacían lugares de felicidad y de vida los que hoy son teatro de miseria y de muerte.

Que cese el exterminio y veremos surgir de las multitudes grises que hoy se amontonan en los jacales, a nuevos Juárez que vigoricen nuestra sociedad decrépita. ¡Ah! pero eso es lo que teme el César; que los indios rompan las cadenas que nos hacen tan desgraciados.

– – – – NOTAS – – – –

1 Cacama. Señor de Texcoco designado por Nezahualpilli en 1516, sin el consentimiento de sus consejeros. Su hermano Ixtlixóchitl se rebeló contra él, pretendiendo establecer un señorío. Fue hecho prisionero al lado de Moctezuma II y asesinado, al parecer por orden de su antiguo protector, Hernán Cortés. Cultivó la poesía; se conservan algunas de sus obras.

2 Cuitláhuac. Penúltimo señor de Tenochtitlan. Hijo de Axayácatl y hermano de Moctezuma II. Reinó durante ochenta días en 1520. Intentó expulsar a los conquistadores, cosa que no logró entre otras causas por su enfermedad, al parecer la viruela, a causa de la cual murió.

3 Probable referencia a El Imparcial de Guaymas, Son.

4 Arizona Citizen (1870-  ) Tucson,  Ariz. Posteriormente Tucson Daily Citizen y Tucson Citizen. 

5 Triunfo del pretorianismo en Tecoac. Se refiere a la batalla librada en esa población de Puebla, el 16 de noviembre de 1876. En ella, Porfirio Díaz venció al general lerdista Ignacio Alatorre. Esta batalla marcó la caída del gobierno lerdista y el inicio de la administración de Díaz.