Anakreón
El Colmillo Público,núm. 128, 18 de febrero de 1906, p. 100

La guerra del Yaqui

Otra vez nos ha llamado la atención el papasal sonorense, El Imparcial. Ahora dizque por boca de un corresponsal, habla de la Guerra del Yaqui, y después de una larga tirada de bravuconadas de ebrio que quiere hacerse pasar como veraz y honrado, termina por no decir la verdad. El artículo escrito indudablemente por el pobre Aurelio Pérez1, trae estos llamativos artículos: "El asunto del yaqui. —El miedo a la verdad", por los que cualquiera se supondría que iba a tropezar con verdades como montañas. Nada de eso; Aurelio Pérez sigue siendo el lacayo pagado para no decir la verdad.

Conocida de todos los mexicanos es la historia de la Guerra del Yaqui. Todos sabemos que la ambición de unos cuantos individuos de influencia y de poder originó esa guerra injusta del fuerte —el gobierno— contra el débil —los indios yaquis;— pero a Aurelio Pérez no le conviene decir que sus amos originaron la guerra y echa toda la culpa a los indios. Le choca a Pérez que los indios reclamen sus derechos. ¡No todos son tan resignados como Pérez!

La Guerra del Yaqui es una guerra injusta que desprestigia al país y que no tiene otra solución que devolver a los indios los terrenos que les arrebataron los que pagan a Aurelio Pérez para que escriba mamarrachos. Si Pérez fuera honrado, rechazaría con indignación el dinero que recibe, manchando con el asesinato y el despojo.

Habla Aurelio Pérez:

"En el asunto yaqui, pasa algo extraño, indudablemente. Parece que se siente no miedo, terror, por mostrar a la nación, al mundo entero la verdad."

Dice esto el infeliz histrión porque otro periódico pagado como el suyo, aseguró que ya no había indios rebeldes, cuando en realidad los hay y seguirá habiéndolos en Sonora, mientras no se haga justicia devolviéndoles las propiedades que se les arrebataron.

Aurelio Pérez la echa de veraz porque afirma que hay indios rebeldes; pero no se atreve a decir el pobre lacayo que sus amos son los que han provocado esa rebeldía tomando lo que no era suyo, no se atreve a decir que los yaquis han sido infamemente diezmados, —aún los pacíficos que trabajan en las haciendas y en las minas— y que han tenido que tomar las armas para no perecer impunemente. Tal vez Aurelio Pérez será tan… resignado que si a él se le hubiese arrebatado tierra y hogar y se le hubiese amenazado con la muerte habría puesto dócilmente el cuello para que se le ahorcara; pero los yaquis no son… Pérez, son hombres que tienen dignidad y vergüenza, y disputan a la fuerza ebria de soberbia, el derecho que tienen a ser respetados en sus vidas e intereses.

La rebeldía de los yaquis provoca trastornos naturalmente. ¿Pero quién tiene la culpa de esa rebeldía? Responda el eunuco sonorense si es que ama la verdad y es hombre honrado.

Todos los mexicanos lamentamos los asesinatos que perpetran los yaquis. ¿Pero cometían los indios esos delitos antes de que los amos de Aurelio Pérez les robasen sus terrenos? Responda el eunuco.

Los yaquis eran indios laboriosos y patriotas. Durante la Intervención Francesa dieron gustosos su contingente de sangre en defensa de la patria, como no lo hubiera hecho Aurelio Pérez que, como ahora, se habría puesto del lado del fuerte, esto es, del invasor. Vivían tranquilamente como ciudadanos, dedicados al trabajo; pero a los amos del mercenario Pérez se les ocurrió atropellarlos y los indios se rebelaron. ¡No todos son Pérez para soportar yugos! ¡No todos nacieron para ser lacayos!

Ya que Pérez no tiene valor para denunciar a sus amos, denuncia a los indios, y en lugar de clamar porque se haga justicia a la raza mártir que lucha en Sonora, aconseja que se la extermine según se desprende del parrafejo que en seguida verán nuestros lectores:
Se hará necesario, no muy tarde, que una fuerza federal ocupe Sahuaripa y que se establezcan líneas telefónicas, a lo menos militares, MIENTRAS SE DA CAZA A LA TRIBU REBELDE.

Da vergüenza que las letras de molde se empleen para glorificar la barbarie, porque, ¿qué otra cosa sino barbarie, es esa de dar CAZA A LA TRIBU REBELDE?

No podía esperarse mucha dignidad en cierta prensa después de treinta años de tiranía, en que ha sido lícito a los eunucos poner sus nombres al frente de papeles impresos que han asegurado su existencia vendiendo elogios a los opresores. En todo ese tiempo de sombras, las larvas que habrían perecido bajo un sol de libertad y de justicia, han podido crecer en soberbia y en estupidez y distraer con sus gestos de simios beodos, a gobernantes ignaros que no saben distinguir entre el graznido y el canto, y se consideran grandes cuando los gorilas de la prensa alquilada les queman estiércol en lugar de incienso.

No podía esperarse que a la sombra de la opresión porfirista creciera otra cosa que hongos insolentes, glorificadores de todo lo que ha producido la decadencia del espíritu nacional en los años de esclavitud en que ha vivido el pueblo.

Los resultados de la tiranía son la abyección y la desvergüenza de los papeles mercenarios, capaces de ruborizar a un troglodita. Aurelio Pérez es un producto del medio infecto creado por el despotismo, y su papasal El Imparcial, tiene que arrastrarse. ¿De qué vivirían ciertas gentes si no tuvieran flexible el espinazo? ¿Qué harían los eunucos si no hubiera serrallos de guardar?

– – – – NOTAS – – – –

1 Aurelio Pérez. Periodista oriundo de Guaymas, Son. En 1894-1895, dirigió de El Imparcial (Hermosillo, Son.), editado en el taller tipográfico de Belisario Valencia.