Anakreón
El Colmillo Público,núm. 129, 25 de febrero de 1906, p. 120

¡Alerta proletarios! Un brindis del dictador.

Las arrogantes palabras vertidas por Porfirio Díaz en Yucatán1 al hablar de la condición de los trabajadores yucatecos, deben servir para que los proletarios comprendan que el gobierno actual está decidido a sostener hasta el fin su programa de opresión.

Porfirio Díaz aseguró que no hay esclavitud en Yucatán, que los peones son felices y consideran como padres a los negreros que los explotan y los maltratan. Dijo más el presidente: que la prueba de que no había esclavitud estaba en que no se registraban huelgas en la península.

Esas palabras revelarían ignorancia, si otro que no fuera Díaz las hubiera vertido. Pero en boca de nuestro dictador resultan maliciosas porque nadie mejor que él está al corriente de la vida de esclavos que soportan los trabajadores yucatecos.

Y no simplemente se concretó a negar, sino que saliéndose de los límites de la serenidad, aprovechó el brindis para lanzar destemplados desahogos contra todos los que salimos a la defensa de la humanidad lesionada en las fincas yucatecas. Nuestros gritos de protesta contra la esclavitud, fueron tachados de calumnias.

El dictador recibió muchos aplausos, porque habló entre los esclavistas, entre los dueños de las haciendas donde sufren los trabajadores.

El hecho de que no se registren huelgas en Yucatán, es la prueba más abrumadora de que sobre el pueblo peninsular pesa una tiranía sin límites, como es una prueba de que sobre toda la república pesa el sable de la dictadura, el hecho de que los ciudadanos no ejerciten el civismo.

Los obreros yucatecos no se declaran en huelga, no porque sus condiciones de vida sean buenas, sino porque saben que contra sus derechos están las bayonetas gubernamentales; los ciudadanos de la república no ejercitan sus derechos porque el atropello, el calabozo y la Ley Fuga se oponen a las actividades ciudadanas.

Hay más; ¿cómo se declararán en huelga los esclavos yucatecos, si no han podido organizarse, si viven en la ignorancia y están desunidos y débiles? La tiranía exagerada, la ignorancia y la desunión son los motivos por los cuales los hombres son débiles y fácil pasto de los aventureros y los audaces.

El proletario mexicano debe perder toda esperanza de redención mientras Porfirio Díaz continúe al frente de los destinos nacionales. Como la tiranía no tiene otro fin que el provecho exclusivo de los que la ejercen, naturalmente tiene que favorecer al reducido número de los que están interesados en que subsista, saliendo perjudicada la inmensa mayoría de la población de la cual sacan toda suerte de ventajas y sobre la cual pesan todas las cargas.

Los trabajadores, por lo mismo, deben pensar en el modo de conquistar la felicidad. El gobierno nada hará por ellos, porque de la ignorancia y de la desunión saca la fuerza que necesita para sostenerse.

Hay muchas sociedades de obreros ¿pero qué bien general han producido? No negamos que tengan su utilidad, pero hay que convencerse de que se necesita algo más que protección mutua de los asociados. La protección mutua de los asociados no significa defensa contra abusos del capital, porque éste se ve libre de toda obligación para con los obreros cuando éstos se enferman o se inutilizan. Hay que conquistar el derecho a mejores jornales, a menos horas de trabajo, a indemnizaciones cuando provienen accidentes por causa de trabajo. etc., etc., y esas conquistas no las pueden hacer las sociedades mutualistas, sobre todo ahora que muchas de ellas se ven arrastradas a adular a los tiranos, por individuos como Fusco,2 como Heriberto Barrón, como José María Gutiérrez F.3, que busca en los obreros un apoyo para alcanzar empleos y plazas de diputados.

Los obreros deben ser absolutamente independientes del gobierno porfirista que es su peor enemigo, y choca, duele que muchos obreros se arrastren a los pies de los gobernantes que están de parte del capital ensoberbecido y cruel, como ha podido comprobarse por el brindis de Díaz pronunció en Yucatán y que ha motivado este artículo. No hay que ser complaciente con la dictadura. Sus periódicos, El Imparcial a la cabeza, se ocupan en denigrar al obrero llamándole vicioso, inútil, holgazán, etc., con el deliberado propósito de justificar la injusticia. ¡Perezosos los hombres que trabajan de diez a quince y dieciséis horas diarias! ¡Inútiles los hombres cuyos brazos fabrican la riqueza de los explotadores!

Hay obreros viciosos, ¿pero quién es el culpable del vicio? Hay obreros que beben alcohol, beben por desesperación, por decepción, por la cólera que en ellos provoca la injusticia. Son ellos, los obreros, los que trabajan, los que sudan, los que producen la riqueza, y son ellos, los obreros, los que nada disfrutan de lo que producen, los despreciados por todos los zánganos que viven y engordan a su costa. Los obreros trabajan para que los señores coman bien, beban mejor, vistan trajes elegantes y derrochen el dinero en joyas, en sedas, en carruajes, en palacios, en festines, mientras los pobres se desesperan en su miseria y en su abandono, sin escuchar una palabra de aliento ni recibir un átomo de justicia. En tales condiciones, ante la miseria que sufría el hogar por más que se trabaje, ante el desprecio y maltrato de que es víctima el obrero, ante el espectáculo ultrajante del lujo que gastan los pulpos que nada producen, hay obreros que piden al alcohol lo que el gobierno y los ricos le niegan: la felicidad.

Pero los obreros deben despertar. No hay que pedir al alcohol la felicidad que solamente se obtiene por la solidaridad. Unidos, fuertes, solidarios, podrán exigir del capital lo que les niega. Hay que pensar que al rico y a la tiranía les conviene que se embriaguen los trabajadores, porque el alcohol produce degeneraciones y hace que las ideas redentoras mueran en los cerebros de los proletarios.

¡Proletarios: alerta! No esperéis que la dictadura os tienda la mano. Mientras la ignorancia y la desunión estén entre vosotros, la dictadura será fuerte; mientras viváis en la miseria, no podréis ser felices ni podrá ser grande la patria.

– – – – NOTAS – – – –

1 En respuesta al brindis del Sr. Joaquín Peón, Porfirio Díaz, señaló “…que … comprendía que no faltaran calumniadores para los dueños de las fincas, en quienes ha visto la preocupación plausible por el bienestar de los trabajadores, que en nada representan ser esclavos; las que yo he oído de ellos, son voces de ciudadanos que gozan de libertad , y que tienen para sus amos sentimientos de cariñoso afecto, de verdadero amor. … Siguió diciendo el Sr. Presidente, que no debía haber tales sufrimientos en los hombres de trabajo, porque si los hubiera ya se habrían denunciado en huelgas ; y aquí, señores, no hay huelgas, hay trabajo fecundo y honrado…” (“Las fiestas presidenciales. Más detalles sobre la visita a Chunchukmil.”, El Imparcial, febrero 9, 1906.)

2 Federico M. Fusco (¿-1908). Periodista, orador y organizador obrero. Formó parte de la redacción del El Socialista, en 1874; colaboró también con El Obrero Internacional. Director de La Paz Pública (México, D.F., 1888-¿?). En El Partido Liberal publicó bajo el seudónimo de El Repórter.

3 José María Gutiérrez F. Organizador obrero. Dirigió La Evolución Social. “Defensor de los intereses del pueblo de la nación y órgano del Congreso Mutualista y Obrero de la República Mexicana.” (1904). México, D. F. En 1903, tras un concierto de la cantante Luisa Tetrazzini dedicado a los artesanos, pronunció un discurso de agradecimiento, a nombre de sociedades mutualistas.